diciembre 15, 2018

En busca de un pueblo escondido llamado Batad


Cómo ir de Sagada a Banaue y Batad

Abandonábamos Sagada pero no las montañas, de hecho íbamos a iniciar un viaje que nos introduciría mucho más en ellas. Para llegar a nuestro destino tendríamos que atravesarlas a bordo de varios tipos de transportes. Saber cuál de los jeepneys que esperaban en el centro de Sagada nos llevaría hasta Bontoc fue tan fácil como preguntar al aire. Al contrario de lo que nos indicaba la "experiencia jeepney", el viaje fue sorprendentemente cómodo.

Jeepney de Sagada a Bontoc: 40 PHP 0,75 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

El bus hacia Banaue que debíamos tomar en Bontoc esperaba, literalmente, a cinco metros de donde nos dejó el jeepney. No hubo que esperar demasiado para que partiera. Volvió a recorrer la carretera que habíamos transitado para llegar a Sagada, pero esta vez, quizás por nuestra predisposición (no llevábamos 12 horas en un autobús), disfrutamos mucho más de los arrozales que salpicaban de vez en cuando los márgenes de la carretera, o de los enormes barrancos que dejábamos atrás cuando el vehículo escalaba altas montañas.

Autobús de Bontoc a Banaue: 120 PHP 2,26 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Un aire frío entraba por las ventanas que, aún cerradas, no resultaban una barrera muy eficaz. La puerta frontal estuvo abierta la mayor parte del viaje, y cuando superábamos el puerto de montaña más elevado deseamos que el bus descendiera rápido a laderas de temperaturas más agradables.


Nos dimos cuenta de que nos aproximábamos a Banaue cuando divisamos las terrazas de arroz a las que habíamos echado un vistazo hace tres días. Bajamos a la altura de la oficina de turismo que, en una posición elevada sobre la localidad, está prácticamente en la entrada al pueblo. Aquí me llevé un innecesario cabreo cuando entré a preguntar por formas para llegar hasta Batad. Aprovecharon para exigirnos el pago de la Environmental Fee de Banaue, impuesto totalmente lícito si vais a visitar Banaue. "No nos quedamos, vamos a Batad". "Sí pero también tenéis que pagarla". "¿Por qué?". "Porque hay que pagarla para entrar a Batad". LO DUDO MUCHO. El caso es que estuve a punto de descargar mi rabia con la amable chica que nos atendía, e incluso llegué a decirle "Sé que esto no depende de ti, así que lo siento, pero me estás mintiendo", pero odié verme como un turista que se enfada por unos cuantos pesos, y aunque no dejó de parecerme injusto, abonamos la cantidad y salimos de allí.

Environmental Fee de Bananue: 50 PHP 0,94 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Como confirmamos después, este impuesto NO incluye Batad, por lo que si estáis de paso por Banaue como nosotros no tenéis por qué pagarla.

Aproximación a Batad en triciclo

La manera de llegar hasta Batad por nuestra cuenta (si no queríamos esperar a los jeepneys que suben regularmente) era pagar por un triciclo. No nos costó encontrar uno en la plaza del municipio, y comenzamos el ascenso a este destino oculto entre las montañas. La carretera subía estrepitosamente hasta un puerto de montaña en el que había una pequeña casa. Nuestro triciclo, al que ya le había costado horrores llegar hasta ese punto, veía imposible superar a su regreso la empinada cuesta que se abría entre nosotros y Batad. Lo siguiente tendríamos que hacerlo a pie (vaya, información nueva). Aprovechamos para descansar en esta casita familiar que hacía las veces de avituallamiento y nos invitaron a un balcón trasero desde el que contemplamos una vista espectacular de la cordillera. Allí abajo, en algún lugar, se encontraba Batad.

Triciclo al puerto de montaña de Batad: 150 PHP 2,83 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Mochilas a la espalda, comenzamos un descenso que sabíamos que sería largo, pero teníamos muchas ganas de ver lo que nos esperaba. El asfalto continuaba montaña abajo durante un kilómetro y medio y después acababa en seco. Aquí comenzaba el sendero que muy pronto, a golpe de dinamita, se convertirá también en carretera. Un kilómetro más por este encantador caminito de montaña fue la última prueba a superar antes de alcanzar la arista en la que se asientan muchas de las nuevas edificaciones del pueblo.


Al llegar a ellas nuestros ojos se deleitaron con una de las estampas más espectaculares de nuestras vidas: las terrazas de Batad. Un anfiteatro gigantesco de color verde y cientos de escalones que se esparcían por la pared de la montaña, llegando a dominar pendientes que, al menos desde nuestra perspectiva, parecían verticales. Impresionante. Estaríamos allí tiempo suficiente para disfrutarlo, pero yo supe instantáneamente que no me bastaría.


Dónde dormir en Batad: alojamiento barato

Sin poder dejar de girar la cabeza hacia la izquierda, hacia las terrazas, alcanzamos nuestro alojamiento: Rita's Mount View. Si el paisaje que se extendía a nuestros pies ya me dejó alucinado, la localización de esta guesthouse no me la podía creer. Y cuando vi las vistas desde nuestra habitación, que parecía flotar sobre el épico paisaje, casi lloro de emoción.

Habitación doble en Rita's Mount View: 500 PHP 9,4 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Baño compartido.
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Preparaos, porque el siguiente artículo va a ser espectacular.

Diario anterior: Un amanecer sobre las montañas de Ifugao en Sagada
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diciembre 12, 2018

Exploramos el espectacular desierto de Wadi Rum por libre


Me desperté con la manta por la frente, acurrucado bajo ella, tentado por la comodidad a seguir durmiendo pero deseando salir a descubrir el desierto jordano. Me destapé tímidamente la cara, sintiendo el frío seco del exterior, para echar un vistazo por la ventana. Parecía despejado pero el sol todavía no había salido, debíamos aprovechar aquella luz.

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Unai también se puso rápido en marcha y le animé a mirar el paisaje a través del cristal. "Mira dónde estamos". Paredes de roca vertical de cientos de metros de alto se erguían a ambos lados del pueblo. Eran de color rojizo y de formas redondeadas. Fue un impacto descubrir que habíamos llegado al pueblo y dormido entre ellas sin saber que estaban ahí.


Era fácil saber a dónde ir. Sólo tendríamos que seguir el canal que formaban estas murallas naturales. La población acababa en seco y enseguida comenzamos a caminar sobre la arena naranja de Wadi Rum. Venir aquí por nuestra cuenta nos iba a limitar mucho, y no teníamos tiempo para recorrer el desierto con propiedad, pero no nos imaginábamos que nada más levantarnos de la cama ya íbamos a poder disfrutar de estos paisajes.


Desde el inicio se nos unió este perro de pelo dorado al que llamé instintivamente Dingo. Dingo era temeroso de los humanos, pero con un par de gestos suaves nos ganamos su confianza y nos acompañó durante casi toda la travesía.


Cuando las montañas dieron paso a la gigantesca platea de arena, nos dimos cuenta de que no sabíamos qué dirección tomar. Teníamos un precario mapa de Internet con localizaciones célebres, pero la mayoría de ellas sólo estaban al alcance de un coche. Decidimos fijar nuestro objetivo en la "duna roja", a unos tres kilómetros hacia el sur.




La magnitud de este lugar era sobrecogedora, a destacar el poderoso significado que tenía para un cinéfilo como yo. Recorría uno de los escenarios más emblemáticos de "Lawrence de Arabia" o, sin ir más lejos, la reciente "The Martian". Mientras fantaseaba con escenas de cine, la mole de Khazali se hacía cada vez más grande y el frío de la mañana se disipaba.


Llegamos entonces a los pies de la "duna roja", que se posaba sobre un pedestal de roca que tenía pinta de buen mirador. El calor pegó por primera vez con fuerza cuando comenzamos a subir esta ladera de arena rojiza, mientras nuestros pies se hundían en ella y a veces nos hacían retroceder.


Pero las vistas desde arriba no nos defraudaron.



Tras descender la duna a paso veloz (mientras otros viajeros que subían nos miraban con envidia), juraría que había más arena en mis playeras que en el desierto. Nos acercamos entonces a esa gran abertura que partía la montaña en dos, era el Cañón de Khaz'ali, un espectacular barranco altísimo y angosto por el que se puede transitar sin problemas. En algunas de estas paredes se encuentran jeroglíficos y dibujos de poblaciones antiquísimas que, por desgracia, no supimos localizar.


En el trayecto de regreso al pueblo, impresionados todavía por las escarpadas estructuras naturales que nos marcaban el camino, nos cruzamos con numerosos jeeps que iniciaban los tours del día. Nuestra experiencia en Wadi Rum, en cambio, ya entraba en su recta final. La visita a este desierto, aunque rápida, no podía habernos dejado más boquiabiertos.


La guinda a las buenas sensaciones la pondría la ducha en casa de Abu Ali. Además, él nos ayudaría a llegar hasta Petra.

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diciembre 09, 2018

Un amanecer sobre las montañas de Ifugao en Sagada


La segunda mañana en Sagada nos despertamos muy temprano, mucho antes, de hecho, de que se pudiera considerar "la mañana". Era noche cerrada y hacía bastante frío, pero debíamos iniciar nuestra excursión a esa hora para llegar a tiempo al amanecer. Nuestro destino era Kiltepan View, un mirador en lo alto de una montaña cercana. Utilizamos el recién adquirido mapa y un par de vistazos al Maps.me para guiarnos hacia las afueras del pueblo y seguir la carretera correcta. Pronto la temprana claridad del amanecer nos permitió guardar las linternas.


Amanecer en el mirador de Kiltepan

En Kiltepan ya había gente y grupos de comerciantes que preparaban sus pequeños puestos de comida. Neda y yo nos las arreglamos para encontrar un hueco en la empinada ladera desde el que presenciar la salida del sol. Cuando éste apareció en el horizonte, se hizo visible el mar de nubes que cubría los valles a nuestros pies.


La luz peinaba las crestas y espesaba el aire húmedo formando columnas horizontales de brillos y sombras. Allí al fondo, sinuosas terrazas de arroz de un color verde intenso eran poco a poco iluminadas por los rayos solares. La perspectiva nos influyó vértigo.



Volvimos al pueblo, esta vez viendo el paisaje que anteriormente habíamos atravesado en la oscuridad. Las casitas aparecían entre el escarpado terreno como setas de colores. Compartían las las colinas con impresionantes salientes de roca afilada, entre cuyos pilares alguien había encajado ataúdes incontables años atrás.


Dónde comer o cenar en Sagada

Nos gustó mucho Yoghurt House. Una coqueta casita de madera de dos pisos, con todo tipo de comida y una terraza estrecha en la parte superior donde tomar algo sobre la carretera. Aquí vinimos una tarde a tomar una cerveza con Pak, un buceador y guía español por aquel entonces asentado en Malapascua que buscaba a alguien en Sagada con quien charlar un rato. ¡Nosotros encantados!

Yoghurt House
Ubicación

También nos pasamos con Pak por el Sagada Brew, un acogedor café que nos llamó la atención por los pasteles y magdalenas de chocolate expuestos en su mostrador. Mmmm chocolate...

Sagada Brew
Ubicación

Pero sobre todo tenemos un especial recuerdo de Gaia Cafe, restaurante vegetariano y tienda de artesanías, prácticamente colgado sobre los arrozales del valle Ambasing, al sur del pueblo. Al parecer se hizo famoso entre los nacionales por aparecer en una película filipina, y viendo su poder escénico puedo entender por qué eligieron este lugar.

Gaia Cafe
Ubicación


Ver el cielo cambiar de color sobre los arrozales, rodeados por el silencio de la montaña, fue algo que nos cautivó. De no ser por el largo e inclinado camino de vuelta a casa, habríamos venido muchas veces más. Se hacía "tan cuesta arriba" que no nos venía mal parar para refrescarnos y recuperar fuerzas, por ejemplo, en el rústico Rust 'n Wood Cafe. Un banana shake en una gruesa jarra de cristal era la excusa perfecta.


Y aunque la serenidad de la noche en Ifugao también era atractiva, el frescor que traía consigo nos invitaba enseguida a buscar refugio entre las mantas de la cama. Aquella última noche dejamos las mochilas preparadas, todo listo para recibir el siguiente día con un nuevo viaje en autobús a través de las montañas.


diciembre 07, 2018

Vídeos del Paraíso: Varanasi, India

VARANASI 2018

Ojalá se pudiera expresar con imágenes y sonidos lo que se vive en Varanasi. La experiencia en esta ciudad va más allá de las palabras y los relatos. Hay que estar allí para entender lo que Benarés es de verdad. Yo he intentado acercarme a ello por medio de este vídeo, y espero que os transmita una mínima parte de lo que me transmitió a mí este lugar.


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