abril 15, 2018

Las Chocolate Hills y el río Loboc. Ruta en moto por Bohol

Nos subimos en la moto bastante temprano. Teníamos un largo camino que recorrer hasta las Colinas de Chocolate de Bohol y queríamos estar lo más solos posible. No había demasiado tráfico en la carretera, así que atravesamos Panglao y más tarde recorrimos la costa sur de Bohol bastante tranquilos, disfrutando del trayecto, del sol que pegaba de cara y del frescor de la mañana.

Alquiler de moto (1 día): 350 PHP 6,6 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Tras el cruce que nos conducía hacia el interior de la isla, ascendimos por una carretera sinuosa y preciosa hasta detenernos por primera vez. Estábamos en el Man-made Forest, un precioso bosque de árboles arqueados que cubrían toda la carretera y daban aspecto de túnel a este tramo. Sólo algunos rayos de sol se colaban entre las frondosas copas y espesaban el aire iluminando las partículas y la humedad que flotaban en él.


Atravesado este bosque, alcanzamos una planicie verde y despejada a través de la cual la carretera discurría casi recta. A los lados se extendían campos de cultivo, islas de cocoteros y más allá suaves colinas que indicaban que nos estábamos acercando al principal objetivo del día. Me pareció un paisaje bello y espectacular.


Visita a las Chocolate Hills
Al cabo de un rato llegamos al desvío que nos llevaría, carretera arriba, hasta el mirador más conocido de las Chocolate Hills. Por supuesto hay otros lugares desde los que observar este curioso paisaje geológico, pero no teníamos tiempo de explorar demasiado, así que nos conformamos con pagar el acceso a éste.

Acceso a "Chocolate Hills Complex": 50 PHP 0,94 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Al parecer lo habíamos conseguido, éramos los primeros. Tras aparcar la moto seguimos ascendiendo, esta vez a pie, el largo y algo extenuante trecho de escaleras que conducen a la cima. Yo le había dicho a Neda que evitaría mirar el paisaje hasta que estuviéramos arriba, e incluso a los mandos de la moto mientras subíamos hasta el parking me había limitado a mirar a la carretera. Fue una tentación difícil de resistir pero también una gran idea. El impacto visual que me supuso contemplar por primera vez las Chocolate Hills en aquel mirador fue indescriptible.


Era como tener en la palma de mi mano un paisaje surrealista, pero a la vez perderlo en el horizonte sin poder ver dónde acababa. Increíble.


Dependiendo de la época del año estas redondeadas colinas cambian de color, y pasan de un verde intenso a un marrón cuando el clima es más seco. Debido a ese marrón fueron bautizadas como Colinas de Chocolate. La verdad es que dan ganas de comérselas. Durante nuestra visita la mayoría estaban verdes, pero podíamos distinguir alguna con su característico tono marrón.


Alargamos nuestra estancia allí hasta que el mirador comenzó a abarrotarse. Entonces decidimos que habíamos tenido suficiente. Pero éste era uno de esos paisajes que uno podría estar admirando durante horas, uno de esos ante los que es difícil girarse y no mirar atrás.


Para regresar fue Neda quien condujo la moto y yo pude deleitarme con el impresionante y exótico paisaje que habíamos atravesado antes. Poco después llegamos a nuestra siguiente parada, que como os comenté aquí fue una gran equivocación. Tras esta metedura de pata, descendimos unos cuantos kilómetros más hasta llegar a la rivera del río Loboc y el lugar en el que comeríamos.

Comer en el crucero del Loboc River
Almorzar en el Loboc River Cruise: 450 PHP 8,5 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Este pequeño "crucero" recorre el río Loboc mientras se disfruta de un buffet libre a bordo y se hacen algunas paradas para contemplar demostraciones de bailes y música populares. En el muelle, tras realizar el pago, te dan un número y esperas a que te adjudiquen un barco y una mesa. Sinceramente, era un plan que yo tenía bastantes ganas de hacer porque, por lo que había visto en Internet, el Loboc era un río precioso y ésta una curiosa manera de recorrerlo.


Por desgracia, el plan no era tan idílico ni tan tranquilo como yo había imaginado. El viaje duró menos de lo esperado, y entre la espera para coger la comida, las fotos, los bailes... tuve que terminarme el plato a todo correr. La barcaza apenas recorre tres kilómetros (aunque consultando el mapa, tampoco podría más, ya que se da de bruces contra un salto de agua), y por ello me resultó, la verdad, bastante apresurado.


Que no falte decir que el río y sus orillas repletas de palmeras son, como las fotos prometían, muy bonitas.


Los bailes interpretados por los niños y la música en directo me recordaron que estábamos al borde del Océano Pacífico, y es que estoy seguro de que cuentan con influencias de las poblaciones oceánicas (o viceversa). Neda se animó a bailar con ellos e intentó testarudamente que yo me uniera también... sin éxito :P



Tras esta agradable turistada, pusimos rumbo hacia Panglao parando por el camino en algún que otro rincón vistoso, como la Iglesia Santa Monica de Alburquerque que, quizás por los daños sufridos durante un terremoto en 2013, nos recibía rodeada de andamios.


En Panglao nos esperaba un agradable y fortuito encuentro con Iñigo, dueño de Pata Negra Divers y administrador del grupo Mochileros en Filipinas. Iñigo, además, nos regalaría una bonita experiencia que os contaré en el próximo diario.

Diario anterior: Los tarseros de Bohol, o cómo cometí un enorme error
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abril 14, 2018

Primer vistazo a Singapur, la ciudad del futuro


Llegué a Singapur varias horas antes que Neda, a la que esperé en el aeropuerto. Su tío nos vendría a recoger para llevarnos hasta su piso en las afueras de la ciudad. Durante los días que quisiéramos ése sería también nuestro hogar. Precisamente por ser un invitado y tener el alojamiento gratis durante mi estancia yo jugaba con ventaja en Singapur, sin tener que hacer frente al importante coste del hotel u hostal.

Si queréis llegar al centro desde el Aeropuerto, podéis tomar el tren o un bus por 2 SGD

Singapur, comparado con sus vecinos del Sudeste, es un país muy caro, y aunque se pueden encontrar ofertas de alojamiento relativamente económicas, sigue requiriendo un presupuesto importante comparándolo con los países colindantes. Aproveché la ocasión y disfruté de la ciudad durante más de una semana.


Moverse por Singapur
Tras una noche de descanso en aquel coqueto piso, ubicado en un tranquilo barrio residencial de enormes bloques de viviendas, no quisimos seguir ignorando nuestra inquietud por recorrer esta célebre ciudad y tomamos el metro para acercarnos al centro. A mí me prestaron una tarjeta Ez-Link con algo de saldo los tíos de Neda, pero si os vais a mover mucho podéis haceros con el Tourist Pass que cubre todos los transportes públicos.

Tourist Pass de Singapur
Pase de 1 día: 10 SGD 6,25 €
Cambio: SGD 1,6 = 1 € (aprox.)

Pase de 2 días: 16 SGD 10 €
Cambio: SGD 1,6 = 1 € (aprox.)

Pase de 3 días: 20 SGD 12,5 €
Cambio: SGD 1,6 = 1 € (aprox.)


Al alquilar se deja un depósito de 10$ que será reintegrado si se devuelve la tarjeta antes de un período de 5 días. Tras la finalización de los días adquiridos, la Tourist Pass puede utilizarse como una tarjeta Ez-Link normal y ser recargada con saldo.

Se puede adquirir en el mismo aeropuerto.



Me flipaban estos extensos barrios de edificios cuadriculados cuya quietud sólo era quebrada por el paso del tren elevado. Estas vías suspendidas sobrevolaban también enormes parques y lagos que ya denotaban la sorprendente personalidad verde de esta ciudad-estado.

Un paseo por el centro y Marina Bay
Tras visitar Haji Lane, una de las calles más encantadoras de la ciudad, algo que os contaré en el próximo diario, nos desplazamos en metro hasta la estación Raffles Place y y emergimos rodeados de edificios de cristal altísimos. Yo ya estaba hipnotizado por la limpieza, el orden, la modernidad, el contraste... y ahora además sufriría tortícolis.


Sólo dejé de mirar para arriba cuando llegamos a la explanada de Marina Bay, porque mis ojos se centraron en nuevas maravillas arquitectónicas. Allí, al fondo, al otro lado de la bahía, estaba ese hotel tan carismático y tan viral en Internet, el Marina Bay Sands, con sus tres torres y su gigantesca plataforma "flotante".


Si todo hasta entonces parecía derivar precipitadamente hacia el futuro, esta zona nos sumergía de lleno en él.


Estoy un poco incómodo en este banco del futuro...

Sólo el elegante hotel The Fullerton Bay aportaba un leve toque clásico a la bahía, como pudimos ver perfectamente cuando entramos sin reparos en su deslumbrante hall. A pesar de la hegemonía estructural del Sands, es en éste en el que se alojan presidentes y monarcas en sus visitas a Singapur.


Un poco más allá se encuentra otro de los enclaves populares de la ciudad, y quizás el símbolo más representativo de la urbe: el Merlion. Este león con cuerpo de pez representa el pasado pesquero de la isla y el significado de su nombre, "Singapura" o "ciudad león". Nadie deja pasar la oportunidad de fotografiarse frente a esta enorme estatua que escupe un potente chorro de agua, y yo no podía ser menos...


El paseo estaba abarrotado de gente y ésa es otra de las cualidades que me enamoraron de Singapur. Que a pesar de parecer una ciudad "estirada" está, en realidad, llena de vida y cultura, sobre todo por la noche.


Un buen ejemplo de esto es el Esplanade Outdoor Theatre, que, dependiendo del día, ofrece conciertos totalmente gratuitos y al aire libre, con el skyline y el mar de Marina Bay como telón de fondo.


Fantástico sitio para cenar en Singapur
Justo aquí al lado, también en "La Explanada", se encuentra una amplia línea de puestos de variada, abundante y exquisita comida donde aprovechamos para cenar aquella noche.



Completamos esta circuito alrededor de la bahía, que tantas veces repetiría durante los siguientes días, atravesando el Helix Bridge, con unas fantásticas vistas del Museo de Arte y Ciencia y el centro de la ciudad e introduciéndonos en el espectacular centro comercial de Marina Bay, situado en la base del mítico hotel.



Dudo mucho que acabes comprando algo aquí, al menos si manejas un presupuesto parecido al mío, pero el propio edificio y su ¡cascada de remolino artificial! son excusa para una visita. Además, como casi todos los centros comerciales de Singapur, tiene acceso directo al metro. Por si no quieres entrar en contacto con la sofocante humedad del país...


Diario siguiente: PROXIMAMENTE

abril 10, 2018

El Templo de Luxor, el corazón de la antigua Tebas


A Egipto llegamos muy pendientes de la previsión meteorológica. Eso mismo, la previsión de lluvia en El Cairo, fue lo que nos llevó a adelantar el viaje a Luxor a la primera noche, y durante nuestra escala en Atenas nos vimos obligados a reservar los billetes de tren para dicho trayecto.

Consulta AQUÍ cómo reservar los billetes de tren en Egipto

Tras haber visitado brevemente el centro de El Cairo, llegamos a la Ramsis Railway Station de noche y bajo una fina lluvia. También había refrescado bastante, lo que nos enseñó que el invierno en Egipto se hace notar, al contrario de lo que insinúa la creencia popular, y calor, precisamente, apenas pasaríamos.

Viaje nocturno en tren de El Cairo a Luxor
Dimos un par de palos de ciego hasta encontrar el andén desde el que salía nuestro tren y después nos tocó el habitual retraso. La experiencia me recordaba a aquellas esperas en Tailandia, pero aquí nosotros éramos los únicos turistas y por lo tanto gran parte del centro de atención.

Tren nocturno de El Cairo a Luxor (1ª clase): 202 EGP 9,6 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

9pm - 6am

El viaje en primera clase fue... agradable. Cómodo. Pero los asientos eran, quizás, demasiado anchos y nos costó adoptar una buena postura para dormir. Pista: ¡Preferimos 2ª!


Con el amanecer pudimos contemplar por primera vez las verdes riveras del Nilo. Unas cuantas aldeas de barro, municipios de edificios apelotonados y montañas a lo lejos salpicaban el paisaje con color arena. Cuando el astro rey ya había perdido su tono anaranjado llegamos a Luxor.

La salida de la estación fue, como nos imaginábamos, una lucha por librarnos de taxistas, guías de tours y dueños de alojamientos. Aunque he decir que, quizás por nuestro semblante serio y decidido, se rindieron con nosotros antes de lo que esperaba. Tomamos un taxi para llegar al alojamiento que habíamos escogido varias horas antes a través de Booking.

Taxi de la estación de tren al hotel: 20 EGP 0,95 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Alojamiento económico en Luxor
Happy Land Hotel estaba relativamente cerca del río y relativamente cerca de una de las atracciones del lugar: el templo de Luxor. Ubicado en una tranquila calle que por las noches, como es costumbre en estos países árabes, se abarrotaba de vida y de gente.

Habitación doble en Happy Land Hotel: 190 EGP 9 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Al final resultaba tener tres camas.

Desayuno incluido (hay que avisar).
Reserva tu estancia en Happy Land Hotel pinchando aquí
Hostelworld.com
Reserva tu estancia en Happy Land Hotel pinchando aquí
O encuentra otro alojamiento en Luxor pinchando aquí
Booking.com

El hostal en sí mismo nos gustó mucho. Era barato, estaba limpio, el dueño era encantador, y contaba con una bonita terraza en su azotea en la que cenar, desayunar o relajarse. También alquilaban bicicletas, lo cual nos vino de perlas para movernos con rapidez por la ciudad y llegar, por ejemplo, hasta el algo más lejano templo de Karnak.

Alquiler de bicicleta (1 día): 50 EGP 2,4 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Visita al Templo de Luxor
Después de desayunar por las calles de la localidad, pedaleamos evitando el tráfico hacia la primera parada del día. Nos hallábamos en pleno centro de lo que un día fue la enorme Tebas, capital del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto. Al Templo de Luxor, dedicado al dios Amón, lo modificaron, dañaron y restauraron a lo largo de los siglos numerosos monarcas, pero sus dos principales propulsores fueron Amenhotep III y Ramsés II.

Entrada Templo de Luxor: 100 EGP 4,7 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

50 EGP con tarjeta de estudiante

A éste último, Ramsés II, le encantaba mandar construir estatuas con su figura, y varias de ellas se conservan aún guardando los muros de Luxor. Fue también Ramsés quien edificó los dos pilonos de la entrada sobre los que se apoyan sus seis estatuas (tres de las cuales decayeron y están siendo ahora sustituidas por representaciones).



Dos grandes obeliscos custodiaban también este acceso, de los cuales sólo uno queda en su lugar. El otro se lo llevaron los franceses en el siglo XIX y permanece a día de hoy en la Plaza de la Concordia de París. Se cuenta que Luis Felipe I, como agradecimiento, regaló a Egipto un reloj que se colocó en la mezquita de Muhammad Ali de El Cairo pero se estropeó durante el transporte y nunca llegó a funcionar.



Frente al templo se conserva una larga hilera de esfinges que, antaño, se extendía durante nada menos que cuatro kilómetros hasta el Templo de Karnak. ¡Imaginároslo! Todavía se mantienen en pie grandes tramos de esta avenida.


Karnak era, precisamente, nuestro siguiente destino. ¿Conseguiría superar lo visto hasta ahora? Oh, amigos...

Diario anterior: Khan El Khalili, un paseo por el centro de El Cairo
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abril 07, 2018

Los tarseros de Bohol, o cómo cometí un enorme error


Voy a quebrar por primera vez la dinámica cronológica del blog para hablar sobre una experiencia extraída del día que narraré completo en el próximo diario. Se trata de la visita a los tarseros, o tarsiers, los pequeños primates en peligro de extinción que sólo se pueden encontrar en determinadas partes de Indonesia... y en Bohol. Hay que tener extremo cuidado cuando incluimos animales en nuestro viaje, y precisamente para mencionar todos los detalles e implicaciones de este tema necesitaba un artículo entero.

Ya sabéis, si me habéis seguido desde hace tiempo, que yo estoy completamente comprometido con el turismo responsable y si tengo indicios de que alguna actividad turística no es sostenible para con animales, lugares o personas, simplemente ni me acerco. En cambio, con los tarseros, la información recopilada terminó desembocando en una inesperada confusión.

Dónde NO ver tarsiers en Bohol
Recuerdo volar desde Bangkok a Manila leyendo la revista proporcionada por la aerolínea y, entre diversos artículos sobre las maravillas de Filipinas, había uno que elogiaba los esfuerzos de Carlito Pizarras, un hombre que ha dedicado su vida a proteger a los tarseros de Bohol. La revista mencionaba el arduo trabajo de este señor por construir un santuario y aumentar la escasa población de tarseros remanente. Un santuario de verdad, sin cajas, sin barrotes, sin artificios, poniendo a los animales primero y a los visitantes después. "Genial" pensé, "me encantaría verlos así".


Carlito Pizarras. Foto de CNN.com

En Bohol, discutiendo con Neda el itinerario del día siguiente por la isla, vimos que la "Tarsier Conservation Area" nos pillaba de camino entre las Colinas de Chocolate y el río Loboc. "¡Perfecto! Matamos tres pájaros de un tiro". El problema es que a ninguno de los dos se nos pasó por la cabeza que en Bohol hubiese más de un centro de tarseros... Relacionar la "Tarsier Conservation Area" con el santuario creado por Carlito Pizarras fue nuestro gran error.

Paramos allí a la vuelta de las Chocolate Hills y entramos con confianza, ilusamente convencidos de que hacíamos algo bueno. Recorrimos el recinto, en el que se podían avistar tres o cuatro tarseros acurrucaditos bajo hojas, y aunque cada uno era custodiado por un guarda y estos exigían silencio, es verdad que lo sucio en estos lugares jamás está a la vista del turista. Mi continua curiosidad y mi siempre vivo escepticismo me llevaron a preguntar a varias de las guardas: "Hay una reserva mucho más grande a la que no se puede acceder, ¿verdad? ¿Cómo se les coloca allí? ¡¿Cómo se les encuentra y se les traslada si supuestamente son salvajes?!" Sus respuestas parecían coincidir con lo que yo recordaba haber leído en aquella revista. Pero cuando mencioné a Carlito Pizarras me extrañó su silencio y su gesto de indiferencia. ¿No deberían mostrar admiración por el hombre que creó aquello?


Salí de allí sin indicios de nada preocupante, pensando, ingenuo de mí, que había visitado el santuario de Carlito. La revelación llegó, tiempo después, por casualidad. Alguien comentaba que el verdadero Santuario de tarseros, el adherido a la Philippine Tarsier Foundation que lucha por salvar a la especie, se encontraba en Corella. La "Tarsier Conservation Area" no era, ni mucho menos, un área de conservación.

Mi desilusión aumentó al leer palabras del propio Pizarras en las que decía que en ese lugar los tarseros no son salvajes y los mantienen en cajas por la noche para ser colocados y exhibidos por el día. Horror. Un zoo. Un puñetero zoo. Qué terrible error.


Dónde ver tarsiers de manera responsable
Yo me equivoqué, no te equivoques tú también. Si quieres ver tarseros en Bohol de forma responsable visita el Philippine Tarsier Sanctuary de Corella. Tu dinero servirá para ayudar a esta magnífica especie a florecer de nuevo.

Tarseros en Bohol
Philippine Tarsier Sanctuary (Corella)
Ubicación
Algunos viajeros también han visto cosas extrañas en este lugar, así que por muy "oficial" que sea este santuario, por favor, lleva a cabo tu propia investigación antes de visitarlo.

No pretendo escurrir el bulto de mi propia responsabilidad. Esto ocurrió porque di las cosas por sentado y no me informé lo suficiente. Hoy en día la información es abundante y está a disposición de todos. Informémonos bien sobre los sitios que visitamos.