enero 11, 2019

Odisea hasta la impresionante cascada Tappiya de Batad


Nos levantábamos con una misión: encontrar la cascada de Batad. Habíamos despachado a guías locales por el camino asegurándoles que sabíamos cómo llegar hasta ella, pero la verdad es que no teníamos ni idea. Yo calculaba más o menos su ubicación, tras las crestas verdes del lado opuesto de las terrazas pero, como probaría la excursión de hoy, de poco me sirvió la intuición.


¡Ay! Qué placer daba salir de la cama y estirar los brazos frente a la ventana, observando esta maravilla de paisaje. Nos cargamos de fuerzas con el desayuno de Rita's Mount View e iniciamos la marcha. Hoy intentaríamos dosificar esfuerzos escogiendo una nueva ruta a través del anfiteatro.


En lugar de descender al pueblo para luego, probablemente, tener que volver a ascender, intentamos mantener la altitud. De esta forma recorrimos toda al circunferencia de la montaña, atravesando los niveles más verticales de las terrazas. A veces uno debía abstenerse de mirar abajo, porque el desnivel y el vacío que se abría a un pequeño paso de distancia impresionaba mucho, pero la travesía no sólo era espectacular sino que también se hacía divertida haciendo equilibrios en pequeños muretes, sorteando escaleras suspendidas en paredes de piedra...


Ya veíamos más cerca la arista que marcaba el final de los arrozales. Una vez allí, valoraríamos hacia dónde continuar.


En una estrecha punta de esta afilada cresta encontramos una caseta en la que un hombre vendía comestibles y bebidas. Le preguntamos por el camino hacia el salto de agua pero no parecía tenerlo muy claro. ¿Tan difícil era para alguien de allí indicarnos el camino a una cascada enorme? Después de hacerme el listo con los guías, impulsado por mi orgullo, apremié a Neda para que dejáramos al hombre y siguiéramos nuestro instinto. Error.

El sendero que elegimos, alejándonos del pueblo con rapidez y adentrándonos aún más en la cordillera, nos llevó a una serie de cañones donde yo empecé a dudar.
Desesperados, deduciendo que la cascada tenía que estar en algún punto del barranco que teníamos a nuestra derecha, seguimos el espectro de una precaria senda que bien podría haber sido hecha por cabras montesas (si es que las hubiera).
Tras el suplicio, nada. Un desfiladero, bonito eso sí, donde el río transcurría sin aparente señal de una cascada y sólo pude encontrar un curioso puente colgante. ¡Dónde demonios está!

El agua nos sirvió para refrescarnos antes de volver a escalar la pendiente y regresar a las terrazas. De vuelta en la cresta, la única opción era descenderla. Estas escaleras, tan verticales que un tropezón te mandaría hasta el fondo, nos condujeron hasta la base de los arrozales y allí, al fin, encontramos el auténtico camino a la cascada de Tappiya.


Cómo llegar a la cascada de Batad

Os dejo dentro de este botón el mapa del camino correcto a la cascada Tappiya.



Llegar hasta ella tampoco fue pan comido. Aún quedaba un potente desnivel asfaltado que salvar, y durante toda la bajada creo que Neda sólo pensó en la subida. El caso es que, tras este último tramo, la encontramos.


¿Dudabais de que probaríamos las frías aguas de este "charquito"? Qué bien le sintió este baño a la circulación de nuestras maltratadas extremidades.


La vuelta resultó tan fatigosa como habíamos imaginado. Aquí, en una de esas casetas que sirven como avituallamiento, vivía una familia al borde del abismo. Ver a este chiquitín desenvolverse junto al precipicio sobre el que colgaba la entrada de la casa me producía escalofríos.


Ahora sí cruzamos el centro de Batad sin dejar de maravillarnos por el color de su arroz, y después de comer acometimos la ascensión hacia nuestro hostal. La pobre Neda acabó con las piernas destrozadas, y yo sabía que en los siguientes días sufriría las consecuencias. Una cosa estaba clara, esa noche dormiríamos muy bien. Por cierto, mirad quién gobierna los cielos de Batad por las noches:


Diario anterior: Terrazas de arroz de Batad, maravilla de la humanidad
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enero 08, 2019

De Wadi Rum a Wadi Musa y alojamiento en Petra


Los bordes blancos de nuestras playeras eran ahora naranjas. La cantidad de arena que salió de nuestro calzado daba para construir un castillo. Y el calor durante los últimos kilómetros había sustituido al frescor de la mañana haciendo que acabáramos... hechos un asco. Además, no nos lavábamos desde El Cairo. Así que podéis imaginaros qué bien sentó la ducha en casa de Abu Ali.

Cómo ir de Wadi Rum a Wadi Musa, Petra

El bus público que a las 8:30 de la mañana parte de Wadi Rum con destino a Wadi Musa, la ciudad moderna desde la que se visita Petra, ya lo habíamos perdido, obviamente. Nos tocaba esperar al día siguiente o buscar una alternativa.

Bus público de Wadi Rum a Wadi Musa: 10 JD 11,36 €
Cambio: 0,88 JD = 1€ (aprox.)

Todas las mañanas a las 8:30 am desde el parking de Wadi Rum.

La alternativa nos la presentó Abu Ali: llamar a un chófer amigo suyo e ir en coche privado. Éramos reticentes a este tipo de transporte, básicamente por el enorme coste que suponía, pero nuestro tiempo en Oriente Medio corría vertiginoso y no teníamos otra opción. Además, después de conocer a Abu Ali, sabíamos que él nos conseguiría un precio justo.

Coche privado de Wadi Rum a Wadi Musa: 30 JD 34,1 €
Cambio: 0,88 JD = 1€ (aprox.)

Preparadas las mochilas, y limpios como una patena, abandonamos su casa con suma gratitud y acudimos a su restaurante para ver si nos podía preparar algo de comer. Allí, Abu Ali se sentó a almorzar con nosotros, sin quitar ojo de nuestra reacción a su exquisita comida, y momentos después se nos unió Mike, el amable canadiense hippie que compartía casa con el beduino. La charla y las anécdotas, de temas tan dispares como el pasado espiritual de Mike o el terrorismo en Medio Oriente, se alargaron durante el par de horas que duró la comida y la espera del taxi. Fantásticos señores ambos.


Aquel beduino de kufiyya y espesa barba blanca nos había conquistado desde el primer minuto con su cálido recibimiento y su autenticidad. No tanto por prepararnos la cena a horas tardías o abrirnos las puertas de su casa de par en par, sí más por esa mirada sincera, la compañía y la conversación tras llenarnos el estómago, y el firme apretón de manos de quien quiere mostrar respeto. Gracias Abu Ali.


Si estáis en Wadi Rum y tenéis hambre, además de querer conocer a un buen hombre del desierto, preguntad por Abu Ali o buscadle en el restaurante de la foto que veis arriba, "Friends of Rum Village". También podéis poneros en contacto con Mike e incluso contratar sus servicios en Desert Contacts.

El taxi llegó, con un excesivamente locuaz conductor, y nos despedimos de nuestros barbudos amigos.

La Carretera del Rey hacia Petra

Unas decenas de kilómetros al norte el coche se introdujo en la Autopista del Rey, o King's Highway, una impresionante carretera que atraviesa las montañas desérticas siguiendo un sendero milenario que antaño ya unía Egipto con Siria y, al parecer, ya mencionado en el Antiguo Testamento de la Biblia. Esta calzada recorre gran parte de Jordania dejando a los lados fortalezas de las Cruzadas, reservas naturales y puntos de gran valor religioso. Nosotros nos detuvimos, ya casi llegando a Wadi Musa, en un mirador sobre las espectaculares formaciones geológicas de los cañones y valles de Petra.


¡Ya estábamos a las puertas de uno de los mayores deseos viajeros! El chófer nos dejó su contacto (que contra toda norma acabaríamos utilizando) y accedimos a nuestro alojamiento en Wadi Musa.

Dónde dormir en Petra: alojamiento mochilero

Sabaa Hostel era una de las opciones más asequibles en Wadi Musa. Céntrico, con ambiente juvenil y a unos 10 minutos andando (cuesta abajo) del acceso a Petra. Hay que tener en cuenta que el pueblo se encuentra en la ladera de una montaña, y moverse a pie no es tan sencillo como parece en el mapa. Recordad también que está ubicado a 1.000 metros sobre el nivel del mar y hace bastante fresco.

Sabaa Hostel (habitación doble): 14 JD 15,9 €
Cambio: 0,88 JD = 1€ (aprox.)
Reserva tu estancia en Sabaa Hostel pinchando aquí Booking.com
O encuentra otro alojamiento en Wadi Musa pinchando aquí

En lo que quedaba de tarde nos dio tiempo a bajar hasta el centro de visitantes de Petra, ver una proyección y un poco de historia en su museo... Y sobre todo informarnos de precios y horarios, que os contaré en el siguiente artículo. A la vuelta, tras fundirnos la cartera por comprar cuatro mi*rdas en un supermercado (¡todo es carísimo!), nos alegramos la vista con este bonito atardecer sobre el municipio. Allá por donde se esconde el sol se encuentra nuestro sueño... ¡PETRA!


Diario anterior: Exploramos el espectacular desierto de Wadi Rum por libre
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enero 02, 2019

Salud y vacunas para viajar a Filipinas

¿Hay que vacunarse para viajar a Filipinas? ¿Qué riesgos conlleva beber líquidos y consumir alimentos en Filipinas? ¿Hay posibilidad de contraer dengue o malaria? Es normal que nos preocupemos por nuestra salud antes de nuestro viaje, y estas son cuestiones que debemos plantearnos antes de iniciarlo. Aquí van las respuestas.

VACUNAS

¿Qué vacunas hay que ponerse para viajar a Filipinas?

El riesgo de contraer las siguientes enfermedades en Filipinas es bajo, pero si decides eliminar hasta la mínima posibilidad, éstas son las vacunas recomendadas:

FIEBRE AMARILLA OBLIGATORIA SI PROCEDES DE UN PAÍS ENDÉMICO
TÉTANOS-DIFTERIA NO OBLIGATORIA
HEPATITIS A NO OBLIGATORIA
TRIPLE VÍRICA NO OBLIGATORIA
FIEBRE TIFOIDEA NO OBLIGATORIA
HEPATITIS B NO OBLIGATORIA
ENCEFALITIS JAPONESA NO OBLIGATORIA
La vacunación para la fiebre amarilla es obligatoria si en los seis días previos se ha pasado por un país con esta enfermedad. De todas formas, en un gran número de casos no ha sido requerida por los oficiales de inmigración.

Si quieres el consejo de un médico, pide cita con el ministerio de salud de tu país para recibir más información o vacunarte (Ministerio de Sanidad Español: Consulta y citado). Pero ten en cuenta que un médico no tiene por qué ser experto en los virus que haya en Filipinas. Suelen ser bastante alarmistas.

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CLIMA EN FILIPINAS

Monzones y tifones

Aunque el clima en Filipinas es por lo general bastante agradable, se encuentra en un punto de la Tierra donde las tormentas pueden llegar a ser bastante severas. Al margen de las lluvias provocadas por los diversos monzones, que pueden llegar a producir inundaciones graves y con ello cortes de carreteras y deslizamientos de tierra, Filipinas sufre de vez en cuando el azote de depresiones tropicales llegadas desde el Pacífico. Traen consigo lluvias y fuertes vientos que en casos extremos pueden ser peligrosos.

Estas tormentas son monitorizadas por el servicio nacional de meteorología de Filipinas (PAGASA), que en caso de detectar un inminente clima adverso da el aviso para la cancelación de vuelos, tráfico marítimo y actividades recreativas. Si no se ha podido salir del radio de acción de la tormenta, siempre hay que hacer caso a las señales de las autoridades e intentar permanecer a buen recaudo.

Extremos de temperatura

A pesar de ser un país tropical, la temperatura en las zonas montañosas del país puede bajar bastante, sobre todo de noche. Deberías contar con ropa de abrigo si vas a visitar estos lugares.
Por el contrario, el calor durante algunos meses del año puede resultar sofocante. Esto se combate con una buena hidratación y ropa fresca pero protectora.


MOSQUITOS EN FILIPINAS

Como en el resto del trópico, los mosquitos transmiten enfermedades como el dengue y la malaria. El riesgo es bajo, pero no nulo. Si se quiere evitar la posibilidad de contraerla se puede tomar una profilaxis para la malaria (cuidado con los efectos secundarios) o seguir sencillas pautas de prevención:

Utilizar un repelente de mosquitos de alta eficacia. Será tu salvación en las horas finales de la tarde. Yo te recomiendo éste.
Utilizar, siempre que se pueda, ropa de manga larga y colores claros.
Utilizar una mosquitera para dormir. Algunos alojamientos la tendrán, pero muchos otros no. Yo te recomiendo que te lleves una como ésta.

Si la prevención falla y se contrae el dengue o la malaria, algunos de cuyos síntomas serán fiebre, jaquecas o dolores corporales, es preferible no auto-medicarse, ya que algunos fármacos, como en el caso del dengue, pueden ocasionar hemorragias. Ante la duda, llama a tu seguro y ponte en las manos de un médico.

No te olvides de llevar tu propio botiquín
Cómo preparar el botiquín de viaje

COMIDA Y BEBIDA EN FILIPINAS

Diarrea del viajero

La diarrea es algo normal durante nuestro paso por Filipinas. Nuevos alimentos, nuevas bebidas... Todo porta bacterias inocuas a las que nuestro estómago no está acostumbrado. Si la sufres deberás estar unos días a dieta, comiendo cosas suaves como arroz blanco y plátanos, e hidratándote con constancia. Te recomiendo llevar sobres de minerales.

No tendremos que preocuparnos por mucho más si utilizamos el sentido común para elegir dónde comemos o qué agua bebemos. Olvídate del agua del grifo. Confía solamente en el agua mineral embotellada o en el agua destilada de garrafa de la que beben los locales en las carenderías. Otras precauciones son las de siempre: cocinar bien los alimentos, pelar la fruta...

El caso especial de El Nido

Durante mucho tiempo los viajeros (y locales) han caído enfermos en El Nido sufriendo incómodas gastroenteritis. Esto se debe a una posible contaminación de los pozos de agua dulce del lugar. A pesar de tomar todas las precauciones descritas previamente, enfermar es bastante común. Si la gastroenteritis es muy severa y desemboca en deshidratación u otras complicaciones, lo mejor como siempre es acudir sin demora a un médico.

OTRAS AFECCIONES

Sandflies

Como bien ha recordado Sil en los comentarios, algunas playas de Filipinas son el hogar de las llamadas "sandflies", o moscas de la arena, que se activan especialmente con la llegada de la tarde y pican. Dependiendo de la persona estas picaduras pueden ser más o menos molestas, pudiendo agravarse debido a una reacción alérgica o a una infección. Bajad hasta los comentarios para leer la experiencia de Sil.

Esquistosomiasis en el agua dulce

La Esquistosomiasis es un parásito que se encuentra en aguas dulces contaminadas de Filipinas y entra a través de la piel. Algunos viajeros han sido instados por sus médicos a no bañarse en aguas dulces por esta razón. La realidad es que la probabilidad de contraerla es baja, y el tratamiento bastante sencillo. No tengáis miedo a bañaros en los ríos y cascadas más visitados de Filipinas. Evitad, claro, aguas estancadas.

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diciembre 28, 2018

Terrazas de arroz de Batad, maravilla de la humanidad


Aún con los estómagos vacíos, pusimos rumbo hacia el centro de Batad. Al asomarnos a las empinadas escaleras descendentes nos dimos cuenta del sorprendente desnivel que nos separaba de él. Este camino de bajada era un vertiginoso laberinto de escalones y pasadizos a menudo muy verticales que, con un poco de atino, acababa adentrándose en los balcones verdes repletos de arroz.


Era difícil no pensar en lo que tendríamos que ascender luego, pero el asombro nos impulsaba. También era difícil imaginar cómo un pueblo campesino había sido capaz hace más de un milenio de construir este lugar, demostrando un conocimiento de la ingeniería apabullante. No es de extrañar que las terrazas de Batad, junto con otras plantaciones similares de la cordillera de Ifugao, sean reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Cuando el sol golpeaba de lleno, éste era el verde más puro e intenso que yo había presenciado jamás. Las terrazas sólo se encuentran así de verdes inmediatamente antes de la recogida del arroz, así que tuvimos mucha suerte. Más pronto que tarde, las mujeres del poblado, con sus espaldas terriblemente arqueadas tras toda una vida de trabajo, comenzarían la recolecta y Batad volvería a reflejar con nitidez las nubes por medio de sus pantanales marrones.


Aunque Batad, como el resto del planeta, se moderniza y cambia de forma, aún son distinguibles algunas de las cabañas de madera y cubierta piramidal tradicionales que un día fueron la única forma de arquitectura en Ifugao. Estas casas, llamadas inappal cuando se elevan sobre pilares y abong cuando se posan sobre el suelo, se caracterizan, al menos las más antiguas, por no tener ni un sólo clavo.


Hoy en día se sustituyen por versiones de metal o incluso edificios occidentales a dos aguas. Es necesario que la gente de Batad alcance el máximo confort y bienestar, pero sería una pena que esta arquitectura nativa se perdiera. En alguna de las fotos antiguas que tenía Rita en Rita's Mount View, se podía observar Batad antes de la llegada de las construcciones modernas, y era precioso.


El caso es que, entre innapales y mujeres bajitas, avanzando por encima de los estrechos muretes que delimitaban cada terraza, llegamos al centro del pueblo marcado por su iglesia de color turquesa. Curiosamente, no había nadie a la vista. Sólo algunos niños y gallinas aparecían y desaparecían entre las esquinas de la plaza. El sol comenzaba a caer tras la montaña, era un buen momento para comer.


Tras nuestro almuerzo en un restaurante local y antes de volver, nos detuvimos en la casa de una simpática señora que tejía prendas igorot. Yo tanteaba la opción de llevarme un recuerdo así de Filipinas mientras Neda volvía a las raíces de su tierra probándose una de las piezas.


Las piernas sufrieron para salvar la ladera que nos separaba de nuestro alojamiento, arriba en la cresta de la montaña. A nuestra llegada una ducha fue imprescindible para eliminar el sudor y, una vez frescos y relucientes, contemplamos durante horas este espectacular paisaje mientras el día se iba oscureciendo y las vistas eran engullidas lentamente por la noche.


Era entonces cuando un sinfín de insectos, atraídos por la luz artificial de la casa, se proclamaban dueños del lugar y nos relegaban al interior de nuestra mosquitera. Junto a la ventana de la habitación, un árbol era el hogar de cientos de luciérnagas que centelleaban en el aire. Sólo la luz anaranjada de la luna llena en el horizonte les robó el protagonismo, y entonces sí, cuando ésta se ocultó tras la cordillera, llegó el momento de irse a dormir.