noviembre 17, 2018

Viaje a las verdes montañas de Banaue y Sagada


Cuando el autobús arrancó, ya de noche, yo me temí lo peor. El aire acondicionado estaba puesto a nivel congelación y las ventanas comenzaban a empañarse. "¡No voy a sobrevivir a este viaje!". Qué manía tienen estos asiáticos de querer sentirse en el interior de una nevera.

Llegué a Turbina con todas mis extremidades a salvo, pero aún nos quedaba un largo tramo hasta nuestro destino y el sueño acuciaba.
Yo seguía a Neda, que parecía saber muy bien lo que hacía. En la misma estación tomamos otro bus a Batangas y desde allí un triciclo nos llevó hasta la casa de su abuela.

Autobús de Turbina a Batangas: 86 PHP 1,62 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Triciclo a casa: 40 PHP 0,75 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

El hogar de lola Tita era una humilde casita de una planta ubicada en medio de un tranquilo barrio residencial. Hacía un calor enorme en su interior, pero no era muy distinta a lo que yo estaba acostumbrado en mi tierra. Tita me recibió con la timidez que ya me había pronosticado Neda pero me trató como a un nieto más durante toda mi estancia allí, preocupada en todo momento por que comiera antes de que se presentara el mínimo atisbo de hambre.


Neda se divertía al verme reaccionar a la dinámica familiar, y yo me preocupaba por no resultar un estorbo. Le usurpé la cama y la habitación a uno de sus primos, y no pude hacer nada para remediarlo. Con gusto habría dormido en el sofá, pero nada de lo que yo dijera podía convencerlos. Durante esos casi dos días, y varias jornadas más tarde tras volver del norte, me hicieron sentir como un rey.

Viaje de Manila a Sagada pasando por Banaue

Antes de la segunda noche en Batangas volvimos a coger nuestras mochilas y emprendimos el viaje de camino al norte de Luzón, donde nos esperaban las verdes terrazas de Ifugao. Nuestra primera parada sería Sagada, el punto más septentrional de nuestro viaje, y para llegar hasta allí debíamos subirnos a un autobús nocturno en Cubao, distrito de Quezon City.

Autobús de Batangas a Cubao: 165 PHP 3,1 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)
Autobús nocturno de Cubao a Sagada: 720 PHP 13,6 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Viajamos con Coda Lines


Despertamos cuando el cielo ya clareaba y se distinguían las montañas y empinadas laderas a los lados. No debía faltar mucho para llegar a Banaue y mirábamos ansiosos a través del bao de los cristales para no perdernos alguna vista panorámica que regalara la carretera. Pero el conductor nos sorprendió con un fantástico detalle. Se detuvo cinco minutos frente a uno de los miradores que se asoman a las terrazas de arroz y, de forma inesperada, disfrutamos de un primer contacto con el impresionante paisaje de Banaue.


Mira por dónde, este viaje nocturno también había hecho las veces de tour turístico. A nuestro regreso podríamos ahorrarnos un viaje a los miradores. Ya pensaríamos en eso cuando llegara el momento, ahora nos intrigaba lo que encontraríamos en las místicas colinas de Sagada.

Diario anterior: Tour por el río de las luciérnagas en Donsol
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noviembre 16, 2018

De Egipto a Jordania por tierra a través del Sinaí


El viaje por Egipto había concluido pero salir del país no sería camino de rosas. Aunque lo más fácil habría sido tomar un avión de El Cairo a Amán, la capital de Jordania, nosotros escogimos el método más barato, pero también el más pesado y largo. Debíamos atravesar la península del Sinaí para llegar hasta la frontera de Israel en Taba.

Mucho se habla de este trayecto en Internet, y no precisamente bien. El Sinaí es una zona conflictiva en la que han tenido lugar numerosos atentados. Toda la costa sur, a orillas del Mar Rojo, rebosaba vida con su turismo de playa, submarinismo y diversos deportes acuáticos, pero el historial de explosiones y tiroteos en las localidades de Sharm el Sheij y Dahab y la reciente detonación de una bomba en un avión comercial tras su despegue (2015) asestaron un golpe mortal a la zona. Ataques a convoys militares y autobuses turísticos llevaron al blindaje de la península, que ha visto gran parte de su superficie cerrada a los turistas.

Viaje de El Cairo a Dahab en autobús

Compramos nuestros billetes de autobús en la oficina de Go Bus de Abdel Moniem Ryiad, junto al Ramses Hilton y detrás del Museo Egipcio, con destino Dahab. Aunque nuestro objetivo era la ciudad fronteriza de Taba, no había transporte directo hasta allí. Aquella noche sería corta, porque el bus salía a las 4:20 de la madrugada, y afortunadamente nuestro hostal estaba cerca de la parada.

Autobús de El Cairo a Dahab: 320 EGP 15,2 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Iniciábamos así un viaje de casi ocho horas en el que sabíamos que atravesaríamos múltiples controles militares extremadamente exhaustivos. Muchos de ellos sólo suponían un trámite para el conductor, pero en otros algún soldado se subía a bordo, nos pedía los pasaportes, nos hacía un par de preguntas y al cabo de unos minutos regresaba a devolvernos la documentación; en los restantes, los más pesados, debíamos bajarnos del bus, sacar nuestras pertenencias y prepararlas para una inspección. Así durante ocho horas.


El resto del viaje transcurrió entre parajes desérticos de montañas rugosas y abruptas, rocas rojizas con connotaciones bíblicas que habían presenciado supersticiones y conflictos humanos desde hace milenios. Una historia turbulenta que, por desgracia, ahora más que nunca se veía manchada de sangre y violencia.

Dahab, el paraíso perdido

Cuando el autobús alcanzó el extremo sur del Sinaí y torció hacia el noreste, presenciamos el azul intenso del Mar Rojo y las costas de aguas claras frente a las que se extendían resorts abandonados. Llegamos a Dahab, antiguo paraíso vacacional y capital mochilera de África.


La sensación al ver sus calles vacías, los negocios vacíos que esperaban con resignación el regreso del turismo, era de tristeza. Notamos desde el primer momento que era un lugar con potencial, con encanto, frente a unas aguas que guardaban uno de los fondos marinos más espectaculares del mundo. Y no nos equivoquemos, Dahab no está muerto, sigue recibiendo turismo, pero a un nivel al que las familias que viven de él les resulta difícil sobrevivir.

Al llegar nos tiraron un jarro de agua fría: no había más buses a Taba durante lo que quedaba de día. Quedarnos a pasar la noche en Dahab, aunque era una posible solución, no era una opción para nosotros, que, haciendo cálculos, necesitábamos llegar ese mismo día a Jordania.

Antes de pensar en cómo continuar hacia Taba, nos acercamos al centro y comimos un exquisito pescado en uno de sus restaurantes, con vistas sobre los tejados de la localidad.


Cuando vimos un taxi dejando a una pareja de viajeros, pensamos que aquella podía ser nuestra salida. Y tras un breve regateo logramos que nos llevaran hasta Taba en un cómodo coche privado, por unos paisajes montañosos que, la verdad, eran sobrecogedores.

Taxi de Dahab a Taba: 450 EGP 21,4 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Taba, la frontera con Israel

Salir de Egipto fue extremadamente sencillo, pero entrar a Israel fue algo más complicado. Además del interrogatorio que ya nos esperábamos, me sometieron a un cacheo como nunca antes había vivido, pantalones bajados incluidos. Lo cierto es que, al margen de esta incómoda situación, atravesamos la frontera sin problemas. Cambiamos unas cuantas libras a shekels (NIS) y tomamos un taxi que nos llevó hasta la frontera con Jordania, a apenas 12 kilómetros.

Taxi de la frontera Egipto-Israel a la frontera Israel-Jordania: 70 NIS 16,27 €
Cambio: 4,3 NIS = 1€ (aprox.)

Tras el alambre de espino y las vallas que dejaban Egipto atrás, un país con aspecto europeo apareció frente a nuestros ojos. Playas repletas de gente, aceras limpias, infraestructuras modernas... era Israel, pero Israel debía esperar, porque ahora era el turno de Jordania.

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noviembre 13, 2018

Mis conclusiones de Singapur. ¿Merece la pena?


Tras más de una semana en Singapur los días comenzaban a pesar. La estancia en casa de los tíos de Neda había sido fantástica, pero las nuevas experiencias por la ciudad se agotaban y yo comenzaba a sentirme un parásito. Malasia llamaba a mi puerta.

Sabía que Singapur iba a sorprenderme, porque les había pasado a todos con los que me había cruzado y conocían la ciudad. "Vas a alucinar" me decía alguno. No lo dudaba. Pero sí tenía más dudas sobre si sería un lugar en el que me sentiría a gusto, al fin y al cabo era una mega-ciudad, y yo no me llevo bien con las ciudades. Pero había conocido excepciones en Asia: Bangkok, Kuala Lumpur... urbes en las que había conseguido encajar.


Me habían hablado mucho de la modernidad rompedora y de la obsesión por el orden y la limpieza de Singapur, pero nadie me había hablado de la tranquilidad, de la accesibilidad, y del verde. Me encontré con una pequeña Europa en medio de la a menudo caótica Asia. Una ciudad-estado con reglas de tráfico, aire relativamente limpio, espacios amplios, poca gente, transporte público de primera... y parques, muchos parques.

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Singapur se me desvelaba no sólo como un lugar de gran interés turístico sino como una metrópolis en la que yo podría llegar a vivir. Y perdonadme, quizás éste sea un comentario ingenuo porque no conozco los salarios, los derechos laborales, la sanidad... Es cierto que los precios están por las nubes en Singapur, pero hasta donde yo pude ver la calidad de vida se corresponde con ellos.


Me tenía en sus redes desde que vi que se puede desconectar del asfalto en sus innumerables zonas verdes. Para mi sorpresa, descubrí que Singapur no es una capital monstruosa que se expande agresivamente a golpe de ruido y polución, sino que se asienta en la sostenibilidad para avanzar hacia el futuro como una ciudad responsable y amable con sus habitantes (y visitantes).

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Singapur brilla en el mundo por sus sinuosos edificios de cristal, pero tras esa fachada tiene un alma que ofrece lo mejor de su historia y multiculturalidad, arte y ciencia, y ocio. Y todo ello dota de una vitalidad especial a una ciudad que es injustamente famosa sólo por su arquitectura. Hay mucho más.


Durante una de las incontables veces que me acerqué a Marina Bay a caminar, me senté al borde del paseo y contemplé la panorámica de agua y edificios que se extendía frente a mí. Aquí la humedad asfixiante del resto de la ciudad era aliviada por la brisa que venía del mar. Y me dije a mí mismo "Podría quedarme aquí". En pocos lugares del mundo he tenido ese pensamiento, muy pocos.

No lo voy a negar, el paso a Malasia me producía una sensación de pereza. Después de tres meses moviéndome sin parar comenzaba a notar el cansancio mental del viaje. Pero decidí tomármelo con calma y no agobiarme. Me sumergiría en Malasia sin expectativas, sin ambiciones. Lo que tenía claro es que Singapur había llegado a su fin, y también las semanas de viaje compartido con mi amiga Neda.

Bus nocturno de Singapur a Kuala Lumpur: SGD 25 16 €

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¿Que si merece la pena? Habrá que dejar a un lado el desenfreno económico que nos enamora del Sudeste Asiático, pero claro que sí.


noviembre 08, 2018

Tour por el río de las luciérnagas en Donsol


La felicidad no nos cabía en el pecho cuando volvíamos a nuestro alojamiento con las imágenes de los tiburones ballena en nuestra cabeza. Éste iba camino de ser un viaje redondo. A nuestra vuelta, la familia del Victoria's Guesthouse era tan entrañable como siempre, y nos recomendaban repetidamente recorrer al anochecer el río de las luciérnagas.

Donsol era un remanso de paz e inactividad y, ante la certeza de que no teníamos nada más que hacer, no dudamos en probar a vivir esta experiencia. Un triciclo vino a buscarnos cuando las nubes comenzaban a reflejar la luz anaranjada del sol, y nos llevó hasta un puente sobre el río Ogod, desde donde salen las bangkas en casi total oscuridad en busca de las luciérnagas.

Se me olvidó anotar el precio del tour, pero según Internet el barco cuesta 1.250 PHP 23,6 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)
(hasta cinco personas) y el transfer ida-vuelta 250 PHP 4,7 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)
por triciclo.

Íbamos con otros dos viajeros en nuestro barco, más un par de guías y el patrón, que hacía avanzar el transporte dejando atrás el suave y borboteante rugido del motor. El contraste entre la luz y la oscuridad desapareció cuando los últimos rojos intensos del ocaso dieron paso a las estrellas y la luz de la luna. Poco a poco los ojos se hicieron a la negrura. En el horizonte, como era habitual, alguna tormenta lejana iluminaba repentinamente el cielo a base de relámpagos.


Al cabo de un rato, arrimados al manglar de los costados, comenzamos a ver los puntitos de luz verde amarillenta que buscábamos. Se hacían más numerosos al aproximarnos o al concentrar la mirada en alguna zona lejos de la influencia de la luna. Algunos puntos despegaban de su aparente estado inerte y dibujaban estelas en el aire, o incluso aterrizaban en nosotros. Mientras, observábamos y comentábamos la escena entre susurros, como si nuestras voces fueran a importunar a alguien.


Entonces el guía nos pidió que aplaudiéramos a su señal, y como efecto de las palmas un sinfín de lucecitas se encendieron a nuestro alrededor, cientos de ellas. Nos encontrábamos rodeados por un vibrante cosmos de luciérnagas que respondían a nuestros sonidos.


Viaje de Legazpi a Manila en bus nocturno

Donsol no daba para mucho más y, aunque era un lugar en el que nos encontrábamos muy a gusto, a la mañana siguiente era la hora de iniciar el camino hacia el norte. Antes de viajar hacia las tierras altas de Luzón pasaríamos por Batangas y por la casa de la abuela de Neda.

Triciclo a la terminal de Donsol: 15 PHP 0,3 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)
por persona


Una pequeña hamburguesa en un humilde negocio familiar junto a la terminal nos calmó el estómago de camino a Legazpi... pero mis tripas respondieron de una manera inesperada.

Furgoneta a terminal de buses de Legazpi: 75 PHP 1,4 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Cuando ya llegábamos a la localidad, empecé a tener sudores fríos. Cada retortijón era más insoportable que el anterior. Cuando la furgoneta entraba en la terminal estuve a punto de saltar en marcha del transporte. Dejé a Neda con las mochilas y corrí a los baños públicos, donde la higiene brillaba por su ausencia. Pasado el mal trago pudimos acercarnos a las taquillas a elegir nuestro bus hacia Manila. Escogimos un nocturno con AC destino Cubao, pero nosotros nos bajaríamos en Turbina.

Autobús a Turbina: 800 PHP 15,1 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

El precio hasta Cubao es 880 PHP 16,6 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)


Durante el tiempo de espera, viendo que las nubes dejaban al descubierto el Mayon y la luz del atardecer bañaba el cielo tras él de vistosos colores, buscamos una calle cercana desde la que contemplarlo sin dificultad. El volcán cónico nos decía adiós a su manera.


Fotografía de Neda (Hiraia Pictures)