Tour de 3 días al desierto de Merzouga desde Marrakech

Como el resto del viaje a Marruecos, nuestro tour de 3 días al desierto de Merzouga lo habían organizado para mí mis amigos, así que no tenía ni idea de lo que me esperaba. Sólo sabía que durante las próximas jornadas recorreríamos parte del país hasta llegar a las dunas de arena de Erg Chebbi.
Qué incluye el tour de 3 días al desierto de Merzouga
- Dos noches de alojamiento: en el valle del Dades y en el campamento del desierto.
- Dos desayunos y dos cenas
El itinerario era el siguiente:
- Cruce del Alto Atlas por el Paso Tichka.
- Ait Ben Haddou.
- Posibilidad de ver los estudios de cine en Ouarzazate.
- Oasis de Skoura y kasbah Amridil.
- Gargantas del Dades.
- Gargantas del Todra.
- Merzouga y Erg Chebbi
Todo esto puede variar mínimamente dependiendo de la empresa en la que se contrate.
Excursión de 3 días al desierto de Merzouga
Cruzamos la cordillera del Atlas
El tour al desierto de Merzouga comenzó con nuestro chófer recogiéndonos en Jamaa el Fna. Al poco de partir de Marrakech, la carretera se daba de bruces con una imponente barrera montañosa: los Atlas. Es entonces cuando comenzamos a ganar altura a través de gargantas y vertiginosas laderas que nos dejaban avistar aldeas precarias y calzadas serpenteantes.


Largo rato después, alcanzamos el Puerto de Tichka, a 2.260 metros, el paso de carretera más alto del Norte de África.


Ruta de las Mil Kasbahs
Al otro lado de la cordillera, dos mil metros más abajo, la tierra se tornaba más rojiza y las planicies eternas recuperaban protagonismo. Es aquí donde comienza la apasionante Ruta de las Mil Kasbahs, un itinerario abstracto que recorre gran parte de las fortificaciones familiares bereberes de adobe (kasbahs) que perduran en el sur de Marruecos.

Nuestro viaje no se centraba en ellas, pero conoceríamos alguna.
Ait Ben Haddou
Cualquier cinéfilo (o seriéfilo) reconocerá la silueta de este ksar (conjunto de kasbahs). Es un plató recurrente de Hollywood y ha aparecido en Gladiator, Juego de Tronos, Lawrence de Arabia… A mí me emocionaba mucho conocerlo.

Hechas las fotos de rigor en la ladera que enfrenta al ksar y que funciona como mirador, bajamos hasta el río (o lo que quedaba de él) y lo cruzamos.


Tengo que señalar que entrar a Ait Ben Haddou es gratuito, pero nosotros pagamos 20 dírhams porque, sin saberlo, accedimos por un patio privado (el patio de una kasbah). Ya que estábamos, aprovechamos para recorrer el edificio.


Ascendimos poco a poco por la colina a medida que recorríamos las callejuelas y, sufriendo los embistes del calor sofocante, acabamos en lo alto de aquella, junto a un castillo que el reciente terremoto dejó en un pobre estado.
Regateando un poquito, nos hicimos con dos pañuelos en un puesto callejero del ksar. El vendedor nos enseñó apasionadamente a colocárnoslos como turbantes tuareg.

Kasbah Amridil
Hicimos orgulloso uso de nuestros turbantes cuando llegamos al oasis de Skoura, y en concreto a una kasbah excelentemente conservada, la kasbah de Amridil.
Entrada a la kasbah de Amridil: 40 DH


Recorrimos sus varios pisos de altura hasta llegar a la azotea, en la que reinaba una tranquilizadora calma con vistas a las innumerables palmeras de los alrededores.
Noche en las Gargantas del Dades
Aquel primer día de viaje hacia el desierto fue concluyendo con nuestra entrada en las Gargantas del Dades, un desfiladero en el Alto Atlas con características geológicas realmente curiosas, como el denominado “cerebro del Atlas” (o “dedos de mono”).

La luz menguaba cuando alcanzábamos nuestro alojamiento para aquella noche, el Dar Essalama Dades, incluido en el tour. Era una preciosa casa rural con habitaciones amplias y acogedoras, y un dueño, Moha, que no puede ser mejor anfitrión.

Moha nos preparó una cena y un desayuno más excepcionales de lo que hubiera podido esperar, y charló un rato con nosotros demostrando sus conocimientos sobre las montañas, en las que también hacía de guía.
Cuando por la mañana reanudamos la marcha, nuestro chófer nos llevó hasta una de las estampas más conocidas de las Gorges du Dades: su tramo de carretera con curvas de herradura.


Oasis de Tinghir
Cambiábamos de barranco, y antes de llegar al siguiente nos topábamos con el gigantesco palmeral de Tinghir, donde el verde del oasis contrasta fuertemente con el ocre de las desérticas laderas.


Gargantas del Todra
Es el río Todra el que da vida al palmeral de Tinghir, y el que durante miles de años cinceló nuestra siguiente visita: el impresionante desfiladero del Todra.


Es un cañón espectacular, aunque pierde un poco la magia por el auténtico chiringuito turístico que hay montado en su pleno centro. Motos, autobuses, puestos de venta…
Llegamos al desierto de Merzouga
A medida que nos acercábamos al desierto (con mayúsculas), el aire se espesaba y cruzábamos auténticas tormentas de arena que ocultaban la propia carretera. Cuando paramos a ver unos pozos de agua naturales, noté el aire más seco que he sentido en mi vida y una temperatura tan alta que oprimía el pecho.

El coche se introdujo en una pista de tierra y varios minutos más adelante alcanzamos nuestro campamento bereber. Las condiciones no eran óptimas. El viento arrastraba la arena y resultaba difícil estar en el exterior.

Tras conducirnos a nuestra -enorme- jaima, tuvimos que resguardarnos allí un rato. ¡Menuda gozada de tienda! Categoría superior, ¿estaban mis amigos detrás de este “upgrade”?

La arena rugía en las telas exteriores. Incluso sería imposible utilizar la piscina con la que contaba el campamento. Una pena. Puede que no fuera la mejor época para ir allí.
La tormenta amainó un poco y pudimos subir a una duna contigua a contemplar los alrededores.
Paseo en quad por las dunas de Erg Chebbi
Para el atardecer teníamos planeado un paseo por las dunas de Erg Chebbi, que se puede hacer en camello o en quad. Como yo intento evitar toda actividad turística que involucre animales, optamos por el quad (y creo que es lo mejor, independientemente de la moral).

Un erg es una porción de desierto compuesto por arena (dunas). Erg Chebbi es el mayor de los ergs de Marruecos. Hasta sus límites nos acercó nuestro chófer, a una caseta donde nos esperaban el quad que usaríamos y el joven que nos guiaría. Las altísimas dunas de Erg Chebbi adquirían dimensión, pero todavía no seríamos conscientes de su auténtica magnitud.

Encendimos motores y nos dirigimos a toda velocidad hasta aquel horizonte de arena. El momento fue surrealista. De pronto estábamos rodeados por gigantescas olas de arena naranja. Yo, a los mandos del quad, tenía que convencerme de mirar al frente, porque mi atención se desviaba hacia aquellas enormes dunas que se alzaban a nuestro alrededor.


No conseguía comprender el tamaño de aquellas montañas que con el ocaso parecían más rosas. La altura de aquellas dunas superó todo lo que yo había imaginado.

Hubo que poner el quad a máxima potencia para superar la empinadísima ladera que nos conducía a la más alta de las dunas de la zona. Puse a prueba el motor y mis nervios. Arriba, otro grupo de quads ya contemplaba el sol perdiendo fuerza tras el espeso aire del desierto.
De nuevo, me impactaban las dimensiones. Era como estar sobre un edificio de 30 pisos. 150 metros más abajo, otro grupo de quads se percibía como hormiguitas. No creo que llegar hasta aquí hubiera sido posible con camello (al menos no a tiempo para el atardecer), y es una de las razones por las que considero que el quad es mejor opción.


Cena y hoguera con música bereber
Aún en shock por lo que acababa de contemplar, nos devolvieron al campamento y nos llamaron a cenar a la jaima común. Entre ésta y nuestras tiendas había una porción de desierto de unos 5 minutos a pie, de tal forma que no se veían una desde las otras.

Aunque nos ofrecieron llevarnos en coche, quisimos probar nuestra capacidad de orientación e ir andando. Fue un paseo interesante, sintiendo la arena fresquita en los pies y relajando la vista en la oscuridad, pero es cierto que cuando perdimos de vista las luces de nuestras jaimas y aún no había señal del comedor, la posibilidad de perdernos por el desierto cruzó nuestras mentes xD.

La cena fue exquisita y abundante, tan abundante que sobraron platos enteros y me sentí terriblemente mal por los cocineros.


Y a medida que terminábamos, los huéspedes fuimos saliendo al exterior, a sentarnos alrededor de un fuego que acababa de encenderse. Silencio absoluto y mágico. Hasta que fue sustituido por la también mágica música tradicional bereber que algunos miembros del campamento se pusieron a tocar.

Noche en el campamento de Merzouga
Tras aquella experiencia grupal, cada uno volvió a sus tiendas, y nosotros atravesamos de nuevo el desierto camino a la nuestra. Las noches en el desierto pueden ser frías, pero no aquellos días. El calor seguía siendo acuciante, y en la cama hacíamos lo posible por no movernos para extinguir toda sensación de calor.

Yo me levanté de madrugada con intención de sacar fotos del cielo nocturno. Conseguí algo, pero me costó esquivar la espesura de aquel aire lleno de arena y polvo. De nuevo, no la mejor época en Merzouga para ello.

Final del tour de 3 días al desierto de Merzouga
Nos despertamos antes de que saliera el sol. A esta hora, quien quisiera podía unirse a un paseo en camello para ver el amanecer. Nosotros optamos por subir a la duna de al lado por nuestro propio pie para ver el sol salir. ¡Sigo soñando con aquel silencio!


Tras otro abundante y rico desayuno, tocaba preparar las mochilas y despedirnos de aquel lugar. Nuestro chófer venía preparado para enfrentarse a 9 horas de conducción hasta Marrakech, donde terminaría nuestro tour al desierto de Merzouga. Habría algunas paradas por el camino, para comer, tomar algo o sacar fotos, pero serían breves.

Antes de que acabara el día, estábamos de vuelta en Marrakech, agradecíamos la experiencia a nuestro conductor con una generosa propina, y encarábamos nuestras últimas dos noches en Marruecos.
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