White Beach de Port Barton, mi despedida de Palawan

Fue la tarde del primer día en Port Barton cuando había seguido el camino que, hacia el sur y entre jungla y palmeras, discurre hasta algunas playas solitarias. Así es como alcancé la White Beach de Port Barton, a la que volví en mi último día en el pueblo.
El sendero de Port Barton hasta White Beach
Aquel día el pueblo despertaba como de costumbre, entre cantos de gallo y el rumor de la jungla que lo rodea. Por lo demás, silencio. Caminé entre las escenas cotidianas que ya me resultaban familiares y llegué a la playa. El mar era un plato, y el arenal se extendía casi desierto, con la frescura de la noche que el sol, tras los altos cocoteros, aún no había podido remediar.

Continué hasta el extremo sur de la playa, donde había de atravesar un riachuelo, y seguí el camino con paso seguro, descubriendo nuevos atajos, orgulloso de aquella belleza tropical casi intacta.


A lo largo de este sendero me crucé con precarias casetas, niños curiosos que me pedían galletas… y soledad. Y según avanzaba, y la costa me descubría nuevos rincones, me reafirmaba en que éste no era “un lugar más”.


Al cabo de un rato llegué a la preciosa Coconut Beach, una playa desierta con cientos de cocoteros custodiando el arenal. El día aún no había levantado la más mínima brisa, y el mar, estático como un espejo, dibujaba formas en el agua que parecían lienzos acrílicos.


Sólo un par de niños parecían experimentar este mágico lugar al mismo tiempo que yo.

Me consta que muchos viajeros que van en busca de la “playa blanca” se detienen aquí pensando que es ésta. Les entiendo. ¿Qué puede haber más magnífico que esta imponente hilera de palmeras inclinadas? Pero no, hay que seguir un poco más…
White Beach, la playa estrella de Port Barton
El sendero volvía a cerrarse y atravesaba un tramo de jungla espesa. Siguiente parada: White Beach.
Tasa de acceso a White Beach: 25 PHP

Una vez apoquinado el fee por acceder a la playa, se tiene derecho a disfrutar de ella como se quiera, hamacas incluidas. No me iba a mover de aquí en muchas, muchas horas. Me faltaba un buen libro… Y si entra el hambre, se puede recurrir al restaurante del hotel que gestiona la playa.


Unas decentes cinco horas en esta playa se me hicieron cortas. No me hacía falta moverme, me bastaba con tumbarme en una balanceante hamaca, con los pies hacia el mar, las manos tras la cabeza, y mirar ese color turquesa que transmitía tanta calma.




Aquellos momentos en White Beach supusieron mi despedida íntima de Palawan. Quizás fui consciente durante la vuelta, recorriendo aquella costa en soledad, cuando me quedaban pocas horas en ella, de lo maravillosa que es esta isla.


Como percatado de estos pensamientos, al estilo de una banda sonora que culmina una gran experiencia, Port Barton me recibió con música.

Sitios para cenar en Port Barton
Aquella noche volví a mi local gastronómico favorito, el Gacayan, repleto siempre de un ambiente jovial y comida autóctona e internacional abundante. Solía estar lleno de turistas y filipinos por igual, y me encantaba sentarme cerca de la tele y verla con estos últimos.
Restaurante Gacayan:
– Una infinitamente variada carta en la que se puede encontrar hasta paella. Por poner un ejemplo, un Pancit Bihon me costaba 100 PHP
– Si pides de caldereta, te incluyen el arroz y un refresco, todo por 50 PHP

Otros de los sitios que probé en noches pasadas, entonces acompañado por Roberto y Nolwen, fueron el Paella Restaurant o el Gorgonzola Pizza, éste con su gran horno y sus pizzas vegetarianas, perfecto para cenar en grupo y gestionado por una chica de Islas Baleares.
Gorgonzola Pizza: 500 PHP (pizza grande para 3-4 personas)
+ 60 PHP con ingredientes personalizados.
Buenas noches, Port Barton, y hasta la próxima.

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Hola, estoy planeando con mi novia en ir a Filipinas en Febrero (las dos primeras semanas). Crees que es buen tiempo para tomar sol y hacer playa a lo loco?
Hola Lucas. Dentro de lo impredecible que es el tiempo en el trópico… sí, Febrero es un momento perfecto para eso 😉 Un saludo