CamboyaReflexiones

Me robaron todo en Camboya, ¿y ahora qué?


Antes de que me acuses de clickbait, «todo» no me robaron, pero desde luego sí me robaron todo lo que me importaba. Todo lo que a ti, como lector de Mochila al Paraíso, podía importarte. La última noche antes de volver a Tailandia, cuando mi viaje alrededor del Mekong ya podía darse por concluido, sufrí un robo en Camboya. Alguien se llevó mi bolsa y las fotos y vídeos de dos meses de viaje, todo mi trabajo. Ocurrió así:

El paraíso camboyano se convierte en infierno

Nada malo podía pasarme en esta isla de aguas turquesas y ambiente amigable llamada Koh Rong Sanloem, ¿o sí? Yo seguía llevándome al baño mi bandolera, no me había separado de ella ni un minuto durante las últimas ocho semanas. Quién me iba a decir que en aquel rústico alojamiento cercano a la playa, en ese dormitorio sin paredes rodeado por árboles y senderos de arena, alguien iba a venir por la noche, introducir el brazo por debajo de la mosquitera y aprovechar mi profundo sueño para llevársela.


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Con las primeras luces del día giré la cabeza, hacia el hueco junto a mi cara donde había dejado mi bolsa, y el corazón se me detuvo de repente. No estaba. Espera, se habrá caído. No. Igual debajo de las sábanas. Tampoco. No puede ser, es una pesadilla. No lo es, estoy despierto. Salí de la cama de un brinco, despertando a todo el mundo. ¡Me han robado! ¡Se han llevado mi bandolera! Recuerdo que no podía respirar. Poco más. Quienes estaban allí dicen que hablaba rápido, concatenando algunas palabras sin sentido. Yo tengo una laguna. Supongo que por el estado de shock.


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Corrí hacia la playa, no sé muy bien para qué, y tirada a un lado el sendero, entre arbustos, vi mi bandolera. Fue la confirmación. Había estado en manos de alguien, y ello me produjo un escalofrío terrible. La cogí, repitiéndome mentalmente «Por favor, que estén las tarjetas SD. Por favor, que estén las tarjetas SD.» El pasaporte me daba igual, el dinero me daba igual. Mi mente estaba fija en esas siete tarjetas de memoria de 64GB cada una, repletas de fotos y vídeos de los dos meses de viaje por Tailandia, Laos y Camboya. Instantáneas espectaculares del Loy Krathong, de Luang Prabang, de mis agotadores 3 días en Angkor…


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No estaban, así como todo mi efectivo. Me habían dejado el pasaporte y las tarjetas de crédito, pero en ese momento me dio igual. Mi mundo se cayó por completo. Mi pesadilla se había cumplido. Aquello que había temido durante 2 meses, a pesar de todo mi cuidado, había ocurrido. En-la-última-puta-noche.

Koh Rong Sanloem como mi prisión

Tuve que perder el ferry que me llevaba al continente. Ese día no podría pasar a Tailandia. No podía irme de allí un par de horas después de lo ocurrido. Era incapaz. Era como abandonar la última pizca de esperanza. Pero por otro lado quedarme en esa isla era alargar una agonía que me mataba por dentro. En realidad, quería alejarme de allí lo más posible, a la otra punta del Universo.
Estaba hundido, y me afectaba físicamente. Durante el primer viaje a la comisaría, para hablar con un «policía» cuya mayor aportación fue decirme que la culpa era mía, sentí que las piernas me flojeaban. ¿Me iba a desmayar?



Tampoco tenía dinero para comer o dormir ya que en la isla no hay cajeros, pero aquí intervinieron los dueños del hostal, una pareja italiana majísima, y Cris, una gallega con una noche pagada que se cambiaba de alojamiento y cuya cama podría ocupar yo. Ella iba a Sunset Beach, al otro lado de la isla, pero le daba un miedo terrible atravesar la selva sola, así que le propuse acompañarla. Le devolvería el favor y quizás me serviría para desconectar. No desconecté, pero su compañía me ayudó mucho.


Dormir en el lugar en el que mi pesadilla se había hecho realidad me produjo una sensación muy extraña, pero mi mente estaba muy ocupada intentando salir del pozo más profundo y oscuro. El lugar era lo de menos. Me destruía pensar en lo perdido.


El peor fin de año en una ciudad feliz, Bangkok

Cuando la esperanza estaba agotada, porque de todas formas había esperado un milagro, recorrí la larga playa hacia el muelle del ferry resignado con que la única salida era aceptar lo que había pasado. Tragarlo. Enfrentarlo. Sufrir. Y asegurarme de que no volviera a pasar. Pero cada una de las fotos y vídeos perdidas llegó una tras a otra a mi cabeza y se sintieron como puñaladas. Esto duró días, semanas. Sigue ocurriendo.


Durante el viaje por tierra a Bangkok me acompañó un simpático francés llamado Tomás, que hablaba español. De nuevo, la compañía humana me hizo sentir algo mejor. Contar lo que había pasado a algunos amigos cercanos también. Y recibí mucho apoyo. Quizás podría disfrutar de fin de año en la metrópolis tailandesa como tenía planeado… pero no. No tenía consuelo para lo que había pasado, y no podría pretender tenerlo. Por momentos me encontraba mejor, para después volver a sentirme horriblemente mal.



Caminé por la ciudad durante las horas previas a la llegada del año nuevo. Debía hacerlo, necesitaba una tarjeta SD antes de viajar hacia Koh Lipe, mi próximo destino. De pronto me vi en medio de esta ciudad enorme que se preparaba para una de las mayores celebraciones del año. Noté la alegría y la expectación en las personas que pasaban a mi lado. Y sentí -un pensamiento estúpido- que todos en Bangkok eran felices menos yo. Nunca me he sentido tan pequeño.


Una minúscula parte de mí, lo poco que quedaba del Dabid auténtico, quería vivir aquella fecha señalada en esta ciudad cosmopolita. Llevaba semanas esperando a hacerlo, de hecho. Pero la otra, la mayor parte, quería tumbarse en la cama y esperar a que pasara. Y eso hice. Escuché los fuegos artificiales desde mi acogedor cubículo y maldije, una vez más, no haberme despertado aquella maldita noche y agarrar por el pescuezo al malnacido.



Habría dormido hasta el final de los tiempos, pero tenía un tren que coger hacia una isla paradisíaca que acabó funcionando como tratamiento.


Podéis leer esta crónica depresiva y pensar que exagero, porque «sólo eran unas fotos y vídeos» y «hay cosas más importantes en la vida». Y tenéis razón, y quiero que sepáis que en ningún momento perdí la perspectiva. Agradecí que aquella noche no se llevaran mi pasaporte y mis tarjetas de crédito, y agradecí que no me clavaran una navaja mientras me robaban. Pero debéis entender la postura de alguien que, apasionado por la fotografía, trabaja durante dos meses para crear un contenido que aquí, en Mochila al Paraíso, habría dado para un año.


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¿Y ahora qué?

Es una lástima que la primera entrada de Camboya en el blog sea para contar esto. Pero ha sido así y no puedo cambiarlo. No puedo enseñaros el vídeo que con tanto cariño había preparado. Sólo puedo deciros que teniendo en cuenta lo grabado, iba a ser espectacular. No puedo publicar los diarios compuestos por anécdotas e información a los que os tengo acostumbrados. Sólo puedo deciros que escribiré esos diarios y los guardaré para completarlos algún día. Porque sí, voy a volver a Tailandia a vivir el Loy Krathong, voy a volver a Laos a inmortalizar la preciosa Luang Prabang, y voy a volver a Camboya a recorrer Angkor para recuperar todo ese contenido audiovisual que me han arrebatado. Voy a repetir el viaje.


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De mientras, os aseguro que publicaré todo lo que pueda y que dejaré a la vista el formulario de contacto para atender cualquier consulta que tengáis de cara a un viaje por Tailandia, Laos o Camboya.


Las fotos que acompañan este artículo son lo poco con lo que he vuelto. Fotos sacadas con mi móvil que solamente pretendían acabar en Instagram Stories durante la realización del viaje. Ahora son lo único que me queda. Eso y mis recuerdos, que nadie me va a poder robar jamás.


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Dabid

Dabid

10 Comentarios

  1. 17 enero, 2020 a las 11:46 — Responder

    La verdad es que, desde la distancia, entiendo tu postura. Creo que las personas que no aman la fotografía como nosotros no lo entienden, pero llegamos a hacer auténticas barbaridades por una foto, imagínate por 7 SD de 64GB. ¡Mucho ánimo!

    • 17 enero, 2020 a las 12:45 — Responder

      Así es. Gracias Gonzalo 😉

  2. 20 enero, 2020 a las 02:41 — Responder

    Hola Dabid, yo te entiendo sin ser re fan de la fotografía porque ya me ha pasado dos veces de perder unas fotos de un viaje y me dio mucha bronca.

    A uno de los viajes volví a hacerlo, pero ya era otra (en lugar de viajar sola buscandome la vida, viajaba con amigas que obligué a ir a ese mismo lugar para volver a hacer las fotos jaja), y al segundo de los viajes tengo algunas fotos subidas en mala calidad en Face.

    Lo peor de la primera vez, fue que perdi las fotos porque la memoria cayó al suelo y rebotó un par de veces. Me pasó en el ciber cuando quería bajarmelas y pasarlas a un CD (era 2005). Lloré de bronca toda la semana que me quedó de viaje.

    Desde ya te digo que no se te va a pasar (que buena persona que soy). De hecho el otro día le eché en cara a Juan, mi pareja, por las fotos del 2010 porque esa vez fue culpa suya. Se las dejé a él, se las llevó, las dejó en una compu que formateó. Grrrrr. Lo pienso y más bronca.

    En fin… casi nos vuelve a pasar en el 2015 con el cambio de windows 8 a windows 10 que mi compu entró en coma, pero por suerte no murió… que si no hubiera perdido las fotos de un año de viaje. Espero haber cortado la racha.

    Un beso y lo obligado: muchos animos!!!

    Volveras.

    • 20 enero, 2020 a las 06:40 — Responder

      ¡Madre mía! Hay que tener mucho cuidado con este asunto. A raíz de esto estoy viendo que somos muchos los que hemos pasado por algo similar. Yo, sin duda, voy a tomar ciertas medidas a partir de ahora para evitar que vuelva a pasar. Es un rollo… pero hay que hacerlo. ¡Y te agradezco la sinceridad! 😀 Porque ya me imagino que esta pena no se me irá nunca, simplemente al recordar algunas de las fotos o vídeos que tenía…
      Muchas gracias por tu comentario, Flor. Un abrazo 😉

  3. MARIA
    20 enero, 2020 a las 13:28 — Responder

    vaya, siento el robo de tus fotos y el mal trago que pasaste.
    Pero por si te sirve, desde que conoci este blog, me he dejado guiar por tus fotos pero mucho mas por tu generosidad a la hora narrar los viajes y por tus buenos consejos, por ejemplo, en Egipto me ayudaron mucho… hasta me aloje en algunos lugares que recomendaste.
    Y, mirando al futuro espero engañar a algun grupo para poder hacer la ruta por los himalayas indios… asi que, a seguir disfrutando con fotos o sin fotos

    • 20 enero, 2020 a las 13:30 — Responder

      Pues no sabes lo que significa para mí tu comentario, Maria. Seguiré esforzándome por ofreceros información de calidad y mensajes como el tuyo me dan un empujoncito. Un saludo y gracias!

  4. Alonso
    21 enero, 2020 a las 10:44 — Responder

    Qué triste que le des más importancia a unas fotos que a tu pasaporte y las tarjetas, que es lo realmente importante (con el pasaporte puedes entrar y salir de países, con las tarjetas sacar dinero y pagar transportes). ¿Para qué necesitas fotos? ¿para mostrar al mundo lo guay que es tu vida viajando? Yo viajo por todo el mundo y no hago ninguna foto. Detesto ver cómo la gente vive en un mundo paralelo donde hacen las fotos para colgarlas en internet y mostrar una aparente felicidad. Fija bien tus prioridades 😉

    • 21 enero, 2020 a las 12:06 — Responder

      Gracias por juzgarme sin conocerme. Qué sabrás tú de por qué doy importancia a mis fotos o no, o de la importancia que doy a otras cosas. Anda que… te has lucido.
      ¿Tú detestas a la gente que hace fotos para compartirlas en Internet? A mí me dan lástima las personas que juzgan a otras o se creen moralmente superiores. Una pena que no entiendan que cada uno debe vivir y hacer lo que le plazca mientras le haga feliz.
      Tengo mis prioridades perfectamente fijadas, quién sabe, quizás mejor que tú. Un consejo: no hagas juicios a personas tras leer cuatro párrafos que han escrito.

    • 21 enero, 2020 a las 12:19 — Responder

      Por si te queda la duda: la fotografía es mi profesión y mi pasión. Amo sacar fotos, y no lo hago para demostrar nada a nadie. Hay que pensar un poco antes de hablar.

  5. Veronica sordo
    25 enero, 2020 a las 13:30 — Responder

    Alonso, que poco feliz eres cuando te dedicas a juzgar a los demas…no son solo fotos, detras hay un trabajo, una ilusion, pasar tiempo sin tu familia para poder captar una mirada, una forma de vida, para que gente como yo , que no puedo viajar… al menos dabid me transporta a todos esos sitios con su ilusion y su esfuerzo, gracias dabid y mucho animo, volveras seguro!

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