India

Castillo Tsemo de Ladakh: fortaleza budista sobre los Himalayas


Abrí los ojos en nuestra nueva residencia, a la que nos habíamos mudado el día anterior, Lhachik Guesthouse.

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Lhachik era una casa familiar, regentada por un risueño y servicial matrimonio y nombrada como la hija pequeña de éste. Se encontraba en los campos a las afueras del pueblo, donde apenas se escuchaban los coches y el único ruido por las noches eran los ladridos de algunos perros.

Lhachik Guest House (habitación individual): 500 INR
Habitación doble: 800 INR
Algunas habitaciones comparten baño y otras tienen baño privado.


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Tenía una bonita azotea con vistas a las montañas que, a pesar de la brisa fría, nos permitía disfrutar del sol que por suerte brillaba esos días. Los desayunos eran agradables momentos compartidos con la familia en su comedor, mientras la pequeña Lhachik terminaba sus deberes antes de ir al colegio.


La altitud me da una paliza

¿Recordáis cómo os conté que subí casi corriendo a la Shanti Stupa? Pues bien, cuando abrí los ojos aquella mañana me arrepentí instantáneamente. En cuanto quise mover mínimamente la cabeza sentí que me golpeaban el cerebro con un mazo de hierro. Por algo durante la aclimatación hay que evitar sobreesfuerzos.


Levantarme era un suplicio, mover el cuello era un suplicio, pestañear era un suplicio. Comencé a beber mucha agua de inmediato y las aspirinas aliviaron el dolor. Sabía que en cuanto encontrara una forma de distraerme me sentiría mucho mejor.


Ascensión al Castillo Tsemo de Ladakh, la fortaleza sobre Leh

Dirigirnos hacia el Castillo Tsemo de Ladakh, en el otro extremo del valle, era una buena oportunidad para conocer este lado más rural de Leh. En lugar de volver al centro del pueblo, buscamos intuitivamente un sendero que atravesase las parcelas entre casas solitarias y cultivos.




Constatamos que en Leh hay más perros que personas, y algunos caminos estaban inundados de adorables cachorritos ávidos de exploración bajo la mirada de madres exhaustas.



Desde aquí abajo el zigzagueo hasta Tsemo era imponente, sobre todo recordando mi dolor de cabeza matutino. Y cuanto más nos acercábamos a su base más se acrecentaba el desnivel y más pequeños nos sentíamos. Hoy nada de correr.



Aliviamos la subida con numerosas paradas en las que aprovechamos para observar el paisaje que dejábamos atrás, en este caso la parte superior del valle de Leh, su zona más verde. De esa amalgama de árboles alargados y casas desperdigadas proveníamos nosotros. Sobre ellas, en la ladera opuesta, la Shanti Stupa.



Y llegamos a la arista que unía el Palacio Real con la fortaleza de Tsemo, adornada en aquel punto con miles de banderas de oraciones agitadas por el viento. La hilera de coloridas telas nos guiaba entonces hasta el monasterio, pero las vistas me retuvieron por un tiempo antes de continuar.



Foto de Toni Ródenas


Este monasterio, Tsemo Gompa, mantiene la importancia religiosa del enclave, que desde hace siglos es el lugar de veneración de varias deidades budistas y de Maitreya, una representación de Buda que tiene en este templo una estatua dorada de 8 metros.



Las puertas y ventanas ornamentadas con vistosos tejidos y los muros rojos de este típico edificio tibetano parecían suficiente premio, pero aún quedaba un último tramo hasta la parte superior del castillo. Ésta fue residencia de la realeza mucho antes que el Palacio Real. Construida por el rey Tashi Namgyal en el siglo XVI tras victorias contra imperios extranjeros.

Acceso al castillo Tsemo de Ladakh: 20 INR


Estas son, seguramente, las mejores vistas que se puedan tener de Leh. El balcón de madera de esta torre blanca es un mirador excepcional. Un lugar perfecto para ver ponerse el sol.




Toni y yo no habíamos tenido suficientes panoramas por hoy y, antes de bajar hacia el centro de Leh, nos acercamos a otra de las pequeñas aristas que rodean el monasterio cubiertas de banderas de oración. Ésta se extendía hacia el sur hasta asomarse sobre los barrios más poblados de Leh. Y al girarnos nos regalaba una bonita perspectiva de la fortaleza.



Oscurecía, hora de volver. ¡Mañana comenzaba nuestro trekking!


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