Israel

Jerusalén: un sabbat en el Reino de los Cielos

Existe un día en Israel en el que el país se para. A ese día se le llama sabbat, una jornada entre el atardecer del viernes y la noche del sábado en la que la Torá, la ley judía, dice que Yahvé ordenó descansar, como hizo él tras crear el mundo. Su cualidad sagrada lo lleva más allá que, por ejemplo, nuestro domingo, y disfrutar del sabbat en Jerusalén es una oportunidad imperdible.


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El sabbat en la Ciudad Vieja de Jerusalén

Por lo que nos habían dicho, el Muro de las Lamentaciones y su entorno eran un lugar imperdible durante el inicio del sabbat, al caer el sol. Cuando lo supimos quedaban pocos minutos para el ocaso, así que salimos rápidamente del hostal y nos pusimos en camino. Aquella tarde de viernes resultó ser una oportunidad fantástica para vivir esta jornada sagrada desde dentro, en la Ciudad Vieja de Jerusalén.



Las calles de la Ciudad Vieja eran un hervidero de judíos ortodoxos que, con paso firme, recorrían un camino que habían hecho incontables veces. Siempre desde el respeto, Unai y yo mirábamos con creciente extrañeza esos voluptuosos sombreros y aquellas vestimentas tan peculiares de los más devotos.



A medida que nos acercamos al barrio judío, y al Muro Occidental, el gentío fue en aumento. La muchedumbre colapsaba algunos de los accesos a la explanada y, muy oportunamente, nosotros hicimos uso del mapa mental adquirido durante nuestras anteriores visitas para dar un rodeo y encontrar el paso menos concurrido.



Al divisar el Muro, una ola de cánticos llegó hasta nosotros. La zona colindante a la pared sagrada era un mar de cabecitas; algunas se balanceaban intentando llegar lo más cerca posible de la roca milenaria, otras se conformaban con rezar desde más atrás. El resto del lugar estaba ocupado por grupos de personas bailando, cantando, aupándose y celebrando Dios sabe qué… Ancianos, niños, universitarios, soldados israelíes…



Unai, por supuesto, no quiso perder la oportunidad de unirse a uno de los corros de soldados que cantaban el Shalom Aleijem. Este curioso documento gráfico y algún otro los grabé casi a escondidas, ya que durante el inicio del sabbat sacar vídeos y fotos en la explanada del Muro está prohibido (y hay bastante gente controlando):



Allá donde el Muro desaparece entre las edificaciones nuevas hay una biblioteca que lo protege y lo conserva como objeto de culto. En su interior los fieles rezan de cara a él pero, a diferencia de la plaza, lo hacen rodeados por textos sagrados y pupitres de madera. Probablemente no esté permitido acceder en el sabbat, pero os muestro unas fotos sacadas otro día.



Aunque Israel descansa durante el sabbat, sí que es posible encontrar operativos algunos servicios, como los autobuses que van hacia Cisjordania.

Jerusalén desde el Monte de los Olivos

La tarde de ese mismo día, bajo unas oscuras nubes que amenazaban con lluvia, decidimos caminar hasta esa montaña repleta de tumbas que divisábamos siempre desde la Ciudad Vieja. Resultaba ser el Monte de los Olivos, escenario de múltiples acontecimientos narrados en la Biblia y por lo tanto muy sagrado para los judeocristianos.


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Éste es el lugar favorito de los judíos para ser enterrados, y por ello parte del Monte de los Olivos está cubierto por un gigantesco cementerio judío compuesto por más de 150.000 tumbas. Viendo que el sol se colaba por diminutos claros, Unai y yo, con la muralla oriental por encima de nosotros, comenzamos a ascender a través del campo santo a toda velocidad. Enseguida estuvimos más altos que la Ciudad Vieja.



Progresamos por el cementerio utilizando las hileras de lápidas como enormes escalones y, viendo las piedrecitas colocadas encima de éstas, me vino a la mente aquella escena final de La Lista de Schindler. Cuando hubimos llegado suficientemente arriba, nos giramos y disfrutamos de la panorámica.



Me gustaba imaginar que esta misma visión era la que tenían viajeros y peregrinos hace siglos o milenios cuando llegaban a la ciudad desde el Este. De hecho, hay muchos lienzos que escenifican una imagen parecida.



Nuestra peregrinación por El Reino de los Cielos, en cambio, estaba próxima a su fin.

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