Recorrido por Antigua, la joya de Guatemala

Los últimos días los íbamos a pasar en nuestro lugar favorito del país. Unas jornadas que nos iban a permitir disfrutar de un recorrido más extenso y relajado por Antigua Guatemala.
Nuevo alojamiento en Antigua Guatemala
Tras nuestra llegada, antes de ver las procesiones del post anterior, nos habíamos reunido con Itziar mediante un efusivo abrazo. Por nuestra parte ya había ganas de escuchar las anécdotas locas de Itzi, por su parte se alegraba de que hubiéramos sobrevivido a un conflicto político-social en Guatemala [risas]. Nos guio por nuestro nuevo hotel, un impresionante alojamiento de estilo colonial con jardines y pasillos preciosos.
-Habitación sencilla: USD 41.00
-Habitación doble: USD 49.00
-Habitación triple USD 55.00

Nos recibió un simpático loro parlanchín que te saludaba con un “¡Hola!”. Eso sí, era un loro honesto, porque sólo te decía un “hola” por cada vez que te veía. Eso de que te acercaras y le abrasaras a “holas” para que te lo repitiera no iba con él.

Era fin de semana y Antigua se pone todavía más bonita. La avenida principal, 5ª Avenida Norte o Calle del Arco, se hacía completamente peatonal, así que podías pasear por ella de bar en bar, de tienda en tienda, con el arco a un lado y el volcán al otro… sin que los coches te molestaran.


Ese mismo día conocimos a Mirella, una chica encantadora con la que compartiríamos los siguientes días. Fuimos a comer a un precioso restaurante y después nos pasamos la tarde dando vueltillas y haciendo compras. El mercado artesanal y las calles estaban a rebosar.

Aprovechamos también para conseguir nuestros colgantitos nahuales, un símbolo tradicional personalizado que depende de tu fecha de nacimiento y que se puede plasmar en un colgante, un anillo… Es un magnífico recuerdo o regalo para alguien querido.

Pronto la luz del sol comenzó a ceder a la noche, y aquello adoptó un aspecto todavía más idílico. Las lucecitas de Antigua empezaron a encenderse, la temperatura se moderó hasta un nivel -para mí- absolutamente perfecto, y llegó la hora de celebrar la felicidad tomándonos unas chelas.

Nos reunimos también con Betty, otra gran amiga que ya habíamos conocido en nuestra llegada a Guatemala y que siguió muy de cerca nuestro estado en San Mateo. Con ella fuimos los seis a cenar a un pequeño local de comida mexicana, en el que degustar unos ricos tacos. Algo diferente para esa noche.
Es difícil orientarse en una ciudad tan cuadriculada como Antigua cuando es de noche. Porque de día tienes algunas referencias, el volcán, el no sé qué… Pero de noche yo no sabía hacia dónde íbamos. Nos limitábamos a seguir a la antigüeña (Betty). Y aunque ésta sea una ciudad pequeña, no os creáis que es tan fácil o tan rápido llegar de un punto a otro. Las cuadras son muy grandes y el estado de la calzada y las aceras ralentiza un poco más la travesía (¿eh Maite?).

No sé si fue esta noche, pero Maite estuvo a punto de morir atropellada por una bici y de re-morir re-atropellada por un tuk tuk a cuenta de un tonto tropiezo que la lanzó violentamente al tráfico. Susto y risas, risas y susto… era una sensación extraña, sobre todo viendo a Maite parada frente a los veloces bici y tuk tuk que se avalanzaban sobre ella mientras se limitaba a mirar y a aceptar su destino. Fue una milésima de segundo muy larga y muy graciosa (porque acabó bien).

En fin. Aún nos quedaba por conocer un importante aspecto de la cultura centroamericana: la medicina tradicional con plantas. Pero eso lo dejamos finalmente para el lunes y al día siguiente conoceríamos otro rasgo característico de América Central: los volcanes.

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