Procesiones de Semana Santa en Antigua y Xela

Tras los nervios en San Mateo, de pronto todo era tranquilidad y Xela nos era familiar. La ciudad transmitía ese día un sentimiento de “Hogar dulce hogar”, y pronto viviríamos unos de los días más especiales en Guatemala con las procesiones de Semana Santa en Antigua y Xela.
Regreso a Xela
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Hubo un rato de descanso en el hostal y Maite y yo disfrutamos de un bonito atardecer desde la azotea. Se escuchaba de fondo, aparentemente procedente de la plaza, música a todo volumen. Teníamos curiosidad por ver de qué se trataba, y cuando saliéramos a cenar lo comprobaríamos.[/column] [/row]

Procesión de Semana Santa en Xela
El sol ya se había ocultado. La plaza estaba a rebosar de gente, y en una de las esquinas de ésta habían instalado un escenario. Seguíamos escuchando música, pero esta vez era diferente, parecía una orquesta con instrumentos de viento y tambores. Vimos que la carretera estaba cortada a la circulación y por ella discurría una procesión religiosa que daba toda la vuelta a la plaza hasta llegar a la catedral. La gente se agolpaba en las aceras para ver a la virgen y al santo pasar.

Nos vimos en medio de una celebración de Semana Santa en Quetzaltenango al inicio de la Cuaresma, algo realmente curioso y digno de ver. Resultaba algo complicado moverse entre tanto ajetreo, y nos acercamos a las puertas de la catedral para ver el final del circuito religioso. Pedí a Maite y Asier que me esperaran en ese punto concreto para ir al hostal a por la cámara.

Había apenas cinco minutos andando hasta el hostal, así que decidí hacerlos corriendo. No tuve en cuenta que a 2.400 metros de altitud el porcentaje de oxígeno pasa factura. Llegué al hostal totalmente agotado, exhausto, por los suelos.

Nos llamó especialmente la atención que entre los penitentes y las personas que cargaban las andas procesionales había niños muy jovencitos.

Tras la procesión decidimos ir a tomar algo. Acudimos al rinconcito encima de las galerías que nos habían enseñado en nuestra anterior estancia en Xela. Nos pedimos unas chelas y salimos a la terraza a relajarnos un poco tras el bullicio de la plaza. Desafortunadamente un sinvergüenza con intenciones de robarme la cámara (el tío era bastante malo disimulando…) nos estropeó el momento, y estuvimos más pendientes de sus movimientos que de disfrutar. Yo avisé a los encargados del bar para que ficharan al ladrón y evitaran que un lugar tan chulo como aquél fuera manchado por la presencia de delincuentes como ése.

No había transcurrido suficiente tiempo para hacer hambre, pero la hora nos obligó a bajar al Tecún. Allí tocaron otras chelas y finalmente nos metimos una rica pizza entre pecho y espalda. El Tecún era un lugar enormemente acogedor que me devolvió a mi estado zen.

Regreso a Antigua Guatemala
El camino a Antigua Guatemala lo hicimos con el hijo de nuestro querido chófer don Guillermo. Un guatemalteco extrañamente alto, muy simpático, que se ofreció a pararnos en varios lugares durante el viaje para que sacáramos fotos al paisaje. La primera panorámica que tuvimos fue la de la esplanada de Xela con el imponente Santa María a un lado.

La siguiente parada fue en un espectacular mirador de carretera con vistas hacia un lejano Lago de Atitlán, desde el cual se identificaban perfectamente sus tres grandes volcanes.

Procesiones de Semana Santa en Antigua
Asentados otra vez en nuestra querida Antigua (os muestro el alojamiento en el siguiente post), nos tenía preparadas varias sorpresas. El pueblo se revolucionó para dar cabida a una de sus gigantes procesiones. En cuanto salimos por la puerta del hotel nos dimos de bruces con las túnicas blancas y moradas, los estandartes religiosos y los iconos de vírgenes y santos.

La mitad de Antigua recorría, en dos hileras, las calles de la ciudad, preparando el paso de las vírgenes y los santos. Después de los hombres, llegó la de las mujeres, la mayoría engalanadas con mantillas y colores oscuros. Algunos de los penitentes se agrupaban y juntos se arrodillaban al tránsito de la plataforma.

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