Llegada a Pangkalan Bun, Borneo
Entrábamos en la recta final de nuestro viaje por Indonesia. El último paso sería una pequeña aventura por Borneo, previa llegada a Pangkalan Bun. Así que abandonamos el Ned’s Hide Away de Seminyak y cogimos un taxi hasta el aeropuerto.
Taxi Seminyak – Aeropuerto: RP 80.000 + RP 5.000 (peaje del aeropuerto)
Vuelo a Borneo desde Bali
El vuelo a Borneo lo habíamos cogido hace más de una semana, cuando estábamos en Lombok. En realidad eran dos vuelos, ya que tendríamos que hacer escala en Surabaya, y los reservamos de tal forma que entre ambos transcurrieran casi tres horas. “Será suficiente…” pensamos.

Todo parecía ir bien en el aeropuerto de Denpasar, hasta que llegados a la puerta de embarque vimos que el avión al que se estaba subiendo la gente ¡era el anterior! Es decir, la cosa iba con unas dos horas de retraso. Yo me temí lo peor.
El tránsito en el aeropuerto de Surabaya fue una tortura. La espera en la cinta transportadora fue la más larga de mi vida, y una vez cogidas las mochilas corrimos como locos a los mostradores de facturación. No había nadie a la cola. “Claro, ya han embarcado todos”. Pero, ¿por qué seguía abierto el mostrador? El hombre de facturación nos recibió tranquilo y sonriente. “¿Lo hemos perdido?” le pregunté. “No, tranquilos. Va con tres horas de retraso“.
Desde hace un par de semanas estábamos en contacto con Ruth, la dueña del barco en el que viajaríamos en Borneo. Ella nos esperaría ese día en el aeropuerto para recogernos y llevarnos hasta nuestro hostal, donde pasaríamos la noche antes de embarcar en el klotok. El klotok es un barco típico de Borneo reutilizado a día de hoy para transportar a los viajeros por el río.

Esa isla representaba mis sueños más lejanos, las aventuras más inaccesibles, la exploración en los documentales de National Geographic. Creo que desde pequeño me había maravillado con la idea de Borneo en mi cabeza. Uno de los pulmones del mundo. Selva profunda y desconocida. La imagen romántica que yo tenía de Borneo no era una invención, existió de verdad, pero el ser humano arrasa allá por donde pasa. Lo primero que vimos al llegar a Borneo fue el humo denso y gris de los fuegos forestales.

Una simpática Ruth nos recibió en la cinta de equipajes. Ya en el coche nos dio un par de mascarillas para el humo. Yo nunca la utilicé. El ambiente era gris, como muerto. El aire tóxico. Ruth nos tranquilizó diciendo que en cuanto entráramos en la selva el aire se limpiaría.
Le comentamos que necesitábamos comprar los billetes de vuelta a Jakarta con un poco de urgencia, ya que debíamos salir del país antes de que se acabaran nuestros 30 días de estancia sin visado. Nos llevó hasta una oficina de Trigana, una de las aerolíneas que operan allí, y varias dependientas majísimas nos recomendaron reservar los billetes con Kalstar, una aerolínea que al parecer no cancelaba ni retrasaba vuelos tan a menudo como Trigana o Garuda.
Alojamiento económico en Pangkalan Bun
Adquiridos los billetes, Ruth puso rumbo al hotel. Nos preguntó si queríamos ir al más barato o al menos barato. Le pedimos ir al más barato. Era el Hotel Tiara, en el centro de Pangka, con aire acondicionado y WiFi en la recepción.
Estoy seguro de que Pangkalan Bun nos habría resultado un sitio más alegre y curioso si el aire hubiera sido claro y se hubiera podido divisar el cielo o el horizonte. Pero bajo aquella grisácea penumbra, todo era deprimente y echábamos de menos incluso las nubes más amenazantes.
Un buen lugar donde comer o cenar en Pangkalan Bun
Se hizo de noche y llegó la hora de cenar. Echamos mano de un consejo de Ana y Alberto y buscamos un warung que a ellos les había encantado cuando estuvieron aquí al comienzo de su viaje. Se trataba del Pranaban Fish Restaurant, un restaurante familiar humilde en el que nosotros mismos pudimos entrar a la cocina a elegir el pescado que queríamos.
Los rumores eran ciertos. El pescado a la plancha -creo que era bakar- estaba riquísimo y la atención fue muy buena. La carta está en bahasa y nadie en la familia habla inglés, pero el trato fue inmejorable. Si pasáis por Pangkalan Bun, os lo recomiendo.
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