Rumbo a Jotunheimen, el hogar de los gigantes
Con Geiranger dejado atrás, nos esperaba hasta Jotunheimen una sucesión de lagos, ríos y montañas a través de los cuales la carretera avanza como una serpiente. Era un ambiente frío, alpino. Se dejaban ver las huellas del invierno que perduran hasta estos meses de verano.

Te inunda el alma esta naturaleza pura, en la que lo único que te une a la civilización es una línea de asfalto… y quizás alguna que otra casa solitaria.

Iglesia de madera de Lom
[row] [column size=’1/2′]No tardamos demasiado en llegar hasta Fossbergom, una pequeña localidad en la que se encontraba otro atractivo turístico en el que nos interesaba detenernos unos minutos: la iglesia de madera de Lom.Aquí, como en casi todas las Stavkyrkje, podéis acceder al recinto de manera gratuita para contemplar la estructura desde todos los ángulos.[/column]
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Desde Fossbergom nuestra trayectoria giraba hacia el Suroeste, y nos adentrábamos en un abrupto valle, paralelos al curso de un río llamado Bøvra. Estábamos cerca de llegar al Parque Nacional de Jotunheimen, nuestra meta.
La estrechez de la “carretera” y el estado del camino nos recordaba que estábamos adentrándonos en puro medio montañoso. La meteorología estaba un poco revuelta, pero confiábamos en una pequeña ventana de buen tiempo que pronosticaba Internet.
Os recomiendo la web de la asociación meteorológica de Noruega: www.yr.no
Spiterstulen, nuestro campo base en Jotunheimen
Unas vacas en medio del camino intentaron cortarnos el paso, pero finalmente debieron detectar que éramos dignos de entrar en Jotunheimen y nos dejaron pasar. ¿Serían estas vacas los gigantes (Jotuns) de los que hablan las leyendas?

La carretera acababa en un espectacular callejón sin salida rodeado de montañas: Spiterstulen. Aquí se encuentra un parking y un grupo de edificios que contienen un hotel y restaurante. Es aquí donde hay que pagar el aparcamiento y el camping que se realice en las inmediaciones (lo cual os podéis ahorrar si os detenéis algún kilómetro antes). Fastidia un poco pagar por colocar la tienda en un sitio que es -aparentemente- naturaleza libre, ¿verdad? Pero qué le vamos a hacer…
Spiterstulen
Parking (un coche): 80 NOK
Camping (1 tienda, dos adultos): 80×2 = 160 NOK*Se entrega una pegatina que ha de ponerse en la lona de la tienda y un ticket en el coche.

En una de las cabañas en el exterior hay unos baños en perfecto estado que incluyen duchas limpias y modernas. Eso sí, como siempre, hay que pagar por el agua caliente. Al otro lado del río (en la zona de acampada) hay otra cabaña con otros baños y un comedor que incluye cocina.


De lo del comedor nos dimos cuenta demasiado tarde y cenamos al aire libre pelándonos de frío… Pero con este paisaje a nuestro alrededor el sufrimiento era menor.

A pesar de la “no noche” noruega, la ausencia de luz ya se empezaba a notar y el cambio de tonos y colores en el paisaje nos indicaban que se acercaba la hora de irse a dormir. Además, mañana acometeríamos nuestra siguiente aventura, la ascensión al Galdhøpiggen, y queríamos madrugar mucho para no encontrar demasiada gente y aprovechar la ventana de buen clima.

Aún teníamos que encontrar un sitio donde colocar la tienda y montar todo el “campo base”, así que tras cenar y fregar los “cacharros” nos pusimos con ello. Aquí podéis ver el peligrosísimo paso a través de un altísimo puente de madera… 😛
Sí, finalmente encontramos un trocito de suelo sin rocas o pinchos en el que poder dormir a gusto (los mejores sitios estaban pillados). Creo que éramos los últimos que se iban a dormir, pero fuimos los primeros en levantarnos. Os lo cuento todo en el próximo diario.

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