Vivac en la cima del Midi d’Ossau, Pirineos

El Midi d’Ossau podría tratarse de la montaña más única de Pirineos. Su roca oscura y sus paredes verticales, magma fosilizado en la chimenea de un antiguo volcán, son un imán para las miradas desde cualquier punto de los Pirineos occidentales. Narro a continuación nuestra ascensión y nuestro vivac en la cima del Midi d’Ossau.
Ascensión al Midi d’Ossau desde Portalet
Pasado Formigal, justo después de cruzar la frontera a Francia, aparcamos el coche en el margen de la carretera. El cielo estaba completamente despejado, y el sol comenzaba a iluminarnos de lado a medida que entraba la tarde.

Atravesamos un riachuelo e iniciamos una subida que se volvía más pronunciada antes de llegar al Col de Soum de Pombie. Los senderos franquean campas y laderas peladas y, tras ese primer desnivel, nos llevan cómodamente al Refugio de Pombie.


Nos tocaba entonces la aproximación a la cara oriental del Midi, que se hace por medio del Col de Suzon y de una suave arista que llega hasta los farallones de roca desnuda. Aquí vimos que algunas nubes bajas se aproximaban desde Francia.

La ascensión al Midi por esta ruta es en su mayor parte asequible (para gente con experiencia en montaña) pero está compuesta por tres chimeneas que elevan la dificultad. Fue la primera la que nos costó más debido a sus agarres escasos y al tamaño de nuestras mochilas, que nos impedían superar el paso con comodidad. Mañana las descenderíamos en rápel.


A medida que hacíamos frente a las chimeneas, las nubes por debajo de nosotros se fueron acumulando y el paisaje en el lado francés se convirtió en un mar de algodón.


Dejadas las chimeneas atrás, sólo quedaba el último esfuerzo por la cara sombría del Midi hasta su cima. Lo hicimos casi corriendo, porque el cielo comenzaba a teñirse de naranja y estábamos a punto de perdernos un atardecer que se auguraba épico.


Atardecer en la cima del Midi d’Ossau
Al fin, alcanzamos lo alto del Midi d’Ossau (2.884 metros) y el panorama que se nos descubrió nos dejó con la boca abierta. Un océano de nubes del que solamente sobresalían los picos más altos, como el Anie y la Mesa de los Tres Reyes en la lejanía, estaba coronado por el sol poniente y un horizonte cada vez más rojo.




Vivac en lo alto del Midi d’Ossau
En la cima del Midi d’Ossau vimos un pequeño vivac construido con piedras que estaba ya ocupado por una pareja. Aun así, nosotros cinco necesitábamos una opción más espaciosa. Descendimos unos metros y en una pequeña hondonada suficientemente ancha montamos nuestro “campamento”.

Cuando el cielo se oscureció aparecieron las estrellas, y yo nunca había visto tantas. La Vía Láctea, que a punto estaba de ocultarse tras el último repecho de la montaña, era perfectamente visible. Todos se fueron a dormir, huyendo del frío en sus respectivos sacos, y yo me quedé sacando fotografías un rato más.


Descenso del Midi d’Ossau rapelando
Estaba despierto cuando comenzó a amanecer, y no quise perderme ese espectáculo tampoco.


El descenso iba a ser mucho más divertido, rapelando las secciones de las chimeneas. Fue, además, una manera de evitar a toda la gente que subía. La exigencia técnica de esos tramos y la cantidad de gente que quiere subir (y bajar) en verano suelen hacer que se formen atascos.


Hay que recordar que el uso de casco en el Midi d’Ossau es muy recomendable debido a la posible caída de piedras en los pasos más verticales.
Midi d’Ossau desde Portalet
Longitud total: ≈ 14 km
Desnivel: 1.320 m