Visita a Maya Bay, la playa con la que soñé
La tarde anterior había acudido al puerto para concretar una excursión en un bote de popa larga la mañana siguiente para visitar Maya Bay. Hacerlo a una hora temprana es la única forma de evitar la invasión de turistas. Así que a la hora acordada nos acercamos al embarcadero y subimos a bordo de nuestro bote.
Excursión a Maya Bay en longtail boat
Longtail boat a Maya Bay (2 personas): 1600 THB

Antes de salir me avisaron de que, como el mar estaba algo picado -demasiado para el longtail boat-, en vez de introducirnos en Maya Bay por la bahía me dejarían en el otro lado de la isla Phi Phi Leh, en la Loh Samah Bay.
Desde la reapertura de Maya Bay tras su cierre en 2018 los barcos ya no acceden a la playa.


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Los botes no pueden llegar hasta tierra porque pueden chocar contra el fondo, así que tuve que saltar al agua (con todo el material dentro de mi bolsa estanca) y nadar hasta unas cuerdas y una escalera por las que subir a tierra firme.
Tras la reapertura de Maya Bay en 2021 los barcos atracan aquí en una especie de muelle flotante. No hay que saltar al agua ni escalar por las cuerdas.
Me costó lo suyo. Nadé manteniendo la bolsa en la superficie y, una vez hecho pie, me arañé las piernas con las rocas mientras las ondulaciones marinas me empujaban y me hacían tropezar.
El longtail boat me esperaría ahí durante unas 3 horas hasta que volviera a repetir la hazaña.

Una vez superada esta prueba acuática, el caminito se adentraba en una pequeña selva y la vegetación se iba despejando poco a poco según me acercaba a la playa. Pero era lo suficientemente densa como para no descubrir el paisaje hasta que se cruzaba un pequeño pasadizo natural de plantas y te dabas de lleno con la belleza de Maya Bay.

LA PLAYA, con mayúsculas, más espectacular del mundo
Sinceramente, tumbado en esta arena, mirando este paisaje no podía creerme que yo estuviera allí. Hacía apenas un mes me hubiera parecido imposible verme en esa magnifica playa con la que tanto había soñado, pero allí estaba, finalmente.


Esas tres horas se pasaron volando y, aunque al llegar había relativa poca gente, cuando me iba la playa ya empezaba a abarrotarse de barcos y de turistas. No me quiero imaginar cómo se pondrá aquello en temporada alta.

Fue un gustazo alejarse de aquella masificación y adentrarse de nuevo en la selva que me llevaría hasta mi pequeña bahía. Por otro lado, fue bastante traumático despedirse de aquel lugar tan maravilloso.
Una vez superada la odisea y de vuelta en mi bote, el majísimo capataz de la pequeña embarcación me dejó más tiempo para que hiciera snorkel por las inmediaciones. Las aguas cristalinas dejaban verlo todo y los peces de colores parecían no temerme en absoluto.

Antes de marchar el “capitán” me animó a sentarme junto a él y a un compañero de otro bote y me ofreció una pipa ancha humeante con alguna especie de tabaco en ella. “Marihuana de Nepal” Me ofreció varias caladas y la tos salió de mí como un demonio. Los jodíos no paraban de reírse…

Me despido de las islas Phi Phi
La última noche cayeron más mojitos y Phi Phi Holidays en los chiringuitos de la playa. Hubiera estado allí una semana o toda la vida si me hubieran dejado… Pero ahora que el sueño de visitar Maya Bay estaba cumplido, había más lugares que conocer, más rincones del paraíso que explorar.

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