Koh Samui, la isla más desarrollada del Golfo
Desde Phi Phi fui en barco hasta el puerto de Krabi, donde a mí y a otros mochileros con destino a las islas del Golfo nos esperaba un songtaew. Esa furgoneta nos llevó hasta un sitio alejado de la mano de Dios donde todos tuvimos que esperar a que nos recogiera un autobús. Y ese autobús nos llevó hasta Don Sak, el embarcadero de Surat Thani que nos conectaría con Koh Samui.
Transporte de Phi Phi a Koh Samui (barco + autobús + ferry): 900 THB

Ferry de Surat Thani a Koh Samui
El ferry en el que montamos en Don Sak era un ferry en toda regla, el típico que tiene lugar para coches, camionetas… ¡de todo! Sólo teníamos que subir por unas escaleras para llegar a la “zona habitable”. El barco era tan grande que apenas notábamos el oleaje y tuve que salir a la cubierta exterior para cerciorarme de que nos movíamos.

Me sorprendió que el agua del mar del Golfo era característicamente verdosa, y estaba bastante picada, con el aspecto de haber sufrido una tormenta hace bien poco.
El viaje no fue muy largo y pronto vimos con claridad las costas de Koh Samui.

Furgoneta compartida de Nathon a Chaweng: 100 THB
Alojamiento económico en Chaweng, Koh Samui
Una vez en el embarcadero, busqué la forma de que me llevaran al otro lado de la isla, a Chaweng. Me era más conveniente estar ahí para tener una buena comunicación con todo lo que querría ver y visitar. Además, al no estar en temporada alta, no había grandes masas de turistas.
Encontré a un hombre que disponía de una furgoneta y, junto a dos mochileros extranjeros, mellevó, a modo de taxi, primero hasta Lamai (donde la pareja se bajó) y después hasta la puerta de mi hostal en Chaweng, el Z Hotel.
Z Hotel (habitación doble): 560 THB

La noche se me echó encima y después de cenar en un restaurante junto al hostal fui a explorar la zona. Empecé por la playa. La oscuridad no dejaba contemplarla en todo su esplendor pero gracias a las luces de los pubs y chiringuitos y de algunos resorts ya se distinguía una playa con forma de luna menguante, muy larga.

Foto de Roma Neus con Licencia Attribution 3.0 Unported (CC BY 3.0)
Tras cansarme de playa nocturna decidí dar una vuelta por la calle principal y ver qué había un poco más allá. Descubrí tienditas de souvenirs, las impresionantes entradas de más resorts, un McDonalds, algún que otro restaurante… En algunos te mostraban el pescado fresco que ofrecían.

Excursión en moto por Koh Samui
Mi plan principal era visitar las selvas del interior de la isla, en las que podría hacer un poco de senderismo y ver algunas cascadas. El mejor método para ir allí era la moto, y acudí a nuestro propio hotel para el alquiler.
Hay que tener cuidado con este tema porque por el estado de las carreteras o por otros motivos, se producen muchos accidentes. No hay que tomárselo a la ligera. También conviene estar atentos a las posibles estafas, ya que a veces te adjudican un daño a la moto que tú no has producido. Si hay que sacarle fotos a la moto antes, se le sacan.
Alquiler de moto (1 día): 150 THB

La carretera principal de Koh Samui es básicamente una que rodea toda la isla, y en un tramo la atraviesa por el interior. Así que sólo tenía que seguirla desde Chaweng, hacia el sur, pasando por Lamai, hasta las cascadas de Namuang (Namuang Waterfalls) que están señalizadas desde cualquier punto de la isla.
Visita a la Namuang Waterfall 1
En el primer desvío, para visitar la Namuang Waterfall 1, había una pequeña oficina. Allí intentaron hacerme creer que si no contrataba un paseo en elefante no podría continuar. Tal vez eso funcione con un guiri australiano pero conmigo no. Ni caso y palante. Después de una carretera sinuosa había un parking libre, y decidí seguir a pie desde allí. Nada más empezar a andar me encontré con el lugar desde el cual comenzaban los paseos en elefante.

La utilización de animales para el entretenimiento turístico es algo que aborrezco. En Tailandia, y en casi todo el Sudeste Asiático, se tortura y esclaviza a animales para ponerlos al servicio del capricho turístico. Hay muy pocos lugares, como el Elephant Nature Park de Chiang Mai, que son santuarios reales de rescate y acogida. Todos los demás, incluso muchos que parecen santuarios para limpiar su imagen, son negocios interesados en el dinero y despreocupados por los derechos animales.
Por favor, recuerda no participar en actividades turísticas que involucren animales.
Comencé una pequeña ascensión en medio del asfixiante calor tropical. No tardé mucho en ver una de las cascadas en medio de toda la flora selvática.

El sendero que se adentraba en la selva estaba “asfaltado” con cañas de bambú que crujían bajo mis pies. A mí no me hubiera importado cruzar riachuelos y esquivar piedras, pero la verdad es que con unas chanclas la cosa se agradecía.

Pronto llegué a la base de la cascada y sólo tuve que subir un poco más para alcanzar el tramo más espectacular. Aunque no caía todo el agua que en otras épocas puede caer, el lugar era precioso y muy fotogénico.

Yo lo tenía claro, buscaría alguna pequeña laguna para darme un baño, y si no… con un charco me conformaba. Así pues comencé el descenso y me detuve de nuevo en la base de la cascada. Allí había un pequeño laguito, perfecto para refrescarse un poco. ¡Al agua!

Antes de llegar al parking me encontré con más fauna encadenada. A pesar de las insistencias de sus “cuidadores”, no quise pagar ni un céntimo por participar en su cautiverio, ni si quiera cuando me decían que me dejaban sacarme fotos gratis con ellos.

Visita a la Namuang Waterfall 2
Esta segunda cascada estaba mucho más cerca de la carretera. Apenas había que andar para llegar hasta ella. De nuevo aquí no abundaba el agua porque me encontraba en el final de la temporada seca, pero el lugar seguía siendo muy bonito. Llamaban mucho la atención los colores incandescentes que tenía la roca pulida por el agua. Con el reflejo del día parecían brillar con luz propia.
Antes de irme, me senté en una roca elevada frente a la cascada y traté de escuchar y observar la jungla que me rodeaba. Los sonidos eran muy intensos y continuados, de innumerables insectos y animales desconocidos. Mirando hacia el cielo me percaté de que nos sobrevolaban mariposas y libélulas de gran tamaño, que bien podían ser confundidas con pájaros.
Junto al parking compramos alguna pieza de fruta para degustar al momento, y nos pusimos en marcha de vuelta a la costa.

De vuelta en Chaweng, ahora que era de día se apreciaban mejor las características de la playa. Es la típica playa turística con sombrillas y hamacas. Por suerte estaba bastante tranquila, tanto fuera como dentro del agua, y el mar seguía como un plato.

Atardecer en la playa de Chaweng
Koh Samui tiene una oferta para varios días, pero no tenía mucho tiempo. Ese día, además de que ya era tarde, tuve que subsanar el pinchazo de una rueda (que por cierto un amabilísimo local me hinchó gratis) y quería darme un bañito en las tranquilas aguas de Chaweng.
No me metí más allá de donde me cubriera por la rodilla porque tardaba mucho en cubrir y porque no era necesario. Me tumbé flotando, mirando al nuboso cielo y sentí el más puro relax.

Al cabo de un rato noté un cosquilleo en las extremidades y miré a través del agua transparente. Eran pequeños pececitos de colores mordisqueándome los dedos en busca de alimento. Cada vez que golpeaba el fondo arenoso volvían revoloteados para comprobar si había algo de comer, y daban vueltas ansiosos bajo mis manos.

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