Excursión a Ang Thong Marine Park, explorando islas desiertas
Contratar un tour turístico es la única forma de hacer la excursión al Parque Nacional Marino de Ang Thong, ya que es un lugar protegido. Desde mi propio hotel me daban la opción de contratarlo. El tour incluiría la ascensión a un viewpoint en una de las islas, un aperitivo en el barco, la comida, y un par de horas para elegir entre snorkel y kayak. Todo por 1.300 bahts.
Comienza la excursión a Ang Thong
Tour a Angthong Marine Park: 1300 THB

El barco constaba de dos pisos. En el de arriba se encontraba el puente de mando, un pequeño bar, y unas mesas cubiertas por una lona donde comer. De todas formas, prácticamente todo el viaje de ida lo pasé en la proa, disfrutando del balanceo y del viento del Golfo. Me seguía sorprendiendo el color verdoso del mar.

Según nos introdujimos en el Parque fuimos siendo rodeados por diferentes islas de mayor y menor tamaño, y finalmente divisamos la playa que iba a ser nuestra principal parada. Era la típica playa de un paraíso tropical, con aguas tranquilas, arenas blancas y palmeras inclinadas. Desde allí, quien quisiera podía quedarse a tomar el sol o a disfrutar de la sombra u optar por subir al viewpoint.



Subida al mirador de Ang Thong
La subida al viewpoint era inclinada, dificil y (teniendo en cuenta el clima) dura. A veces incluso había alguna cuerda fija que te ayudaba a escalar. En definitiva, no era una ascensión apta para cualquiera.
A lo largo del camino había diferentes miradores para quien se rajara de seguir subiendo.

Yo seguí subiendo y ni el cansancio, ni la sudada, ni la roca que chuté con la rodilla y se me incrustó hasta el hueso haciendo brotar la sangre me hicieron retroceder. Estaba ansioso por ver lo que había arriba. El último tramo se hizo de rogar. Unas piedras afiladas como cuchillas te obligaban a apoyar la cuatro extremidades para trepar.
Como yo supuse, mereció la pena.
Una vez superada la segunda parte del reto (la bajada), el bañito en las tranquilas aguas de esa fantástica playa sentó de lujo.

La laguna secreta de Ang Thong
A la tarde, tras la comida, el barco comenzó a moverse y nos llevaron hasta otro grupo de islas. En una playa desierta de aquellos islotes atracamos para iniciar un pequeño paseo por un camino entablado y escalones altísimos. Esa ruta nos llevaría hasta la laguna secreta.

Un dato curioso es que estas islas de Ang Thong fueron las que inspiraron a Alex Garland para escribir su novela La Playa. Mi hipótesis me ha llevado a creer que fue la siguiente laguna secreta la que le llevó a imaginar una playa rodeada por acantilados. Por eso en el libro (y en la película) buscan la isla desde Koh Samui.
De vuelta en esta nueva playa comenzaba el tiempo libre para que exploráramos la zona por nuestra cuenta. Yo decidí utilizar el kayak para conocer alguna playa vecina o incluso alguna cueva. Dentro de la que se ve a continuación había una especie de pasadizo (o sima) que se abría hacia arriba dejando ver la jungla.

Después de pisar tierra y descansar un ratito (el kayak cansa mucho y más haciendo ese calor), me puse en marcha para regresar al punto donde estaba atracado nuestro barco. Me sobraba el tiempo, pero los brazos empezaban a fallar y el sol comenzaba a achicharrar la piel.

Justo antes de dejar mi kayak junto a los demás nos dijeron que podíamos llevarlo directamente al barco y si nos apetecía podíamos saltar desde el segundo piso. Sería una buena forma de acabar la aventurilla en Ang Thong.
Regreso a Koh Samui bajo la tormenta
Cuando todos estuvimos preparados, iniciamos el viaje de vuelta a Koh Samui. Pero si pensábamos que las emociones habían acabado, estábamos muy equivocados. A medida que nos alejamos del Parque pudimos observar cómo una nubes negras lo engullían y nos perseguían. Teníamos una gran tormenta tropical detrás de nosotros y nos iba a pillar en alta mar.

En cuestión de minutos estuvo encima. Se levantó oleaje, frío y empezó a llover, y el barco comenzó a balancearse de lado a lado, por lo que el capitán tuvo que hacer maniobras para evitar los golpes de las olas. A algunos pasajeros se les veía preocupados. Yo tomaba las precauciones necesarias, pero la verdad es que me lo estaba pasando pipa.

Cuando nos dejaron en el embarcadero de Na Thon nos encontramos con unos platos a la venta en los que habían incluido fotos nuestras que nos hicieron al llegar al barco esa misma mañana. Me hizo tanta gracia que no pude evitar comprar el mío. Un detalle simpático para finalizar nuestra excursión a Ang Thong.
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