Visita al lago Atitlán: el más bonito del mundo

Tras nuestra estancia en Xela, nos íbamos de visita al lago Atitlán, uno de los lugares más visitados y más bonitos de Guatemala. No son pocos los que dicen que es uno de los lagos más bonitos del planeta, y uno de los mejores rincones de América.
Panajachel, a orillas del lago Atitlán
El “campo base” de la visita al lago Atitlán sería la localidad de Panajachel, un pueblo a orillas del lago, centro turístico del lugar. Pana no se encuentra demasiado lejos de Quetzaltenango, por lo que el viaje no llega a hacerse pesado, pero en Guatemala todas las distancias parecen un poco más extensas debido al estado de ciertas carreteras y a lo sinuoso del trayecto.

Atitlán es un gran “hoyo” rodeado por sierras y volcanes. Aunque sea un lugar de tanto paso turístico, en Pana, y sobre todo en Sololá, la vida indígena del Altiplano se ve totalmente reflejada. Mercados callejeros, vestimentas típicas, dialectos amerindios… En ningún lugar del Altiplano se pierde autenticidad cultural.

Sumergirse en el leve ajetreo de Pana después de haber vivido el casi claustrofóbico desorden de Xela o Chimaltenango, es como adentrarse en un paraíso de relax y buenas vibraciones. Todo tiene un aire más hippie, más distendido, más tropical y tranquilo.

Alojamiento en Panajachel, lago Atitlán
El hotel, Hotel Dos Mundos, en la calle Santander, fue una sorpresa total. Será que soy poco exigente o que soy fácilmente impresionable, pero aquello me pareció un lujo muy por encima de lo que yo podría pedir.

Las habitaciones eran pequeñas casitas adosadas frente a cuyos porches había jardines con bambú, palmeras y otras plantas exóticas, además de la piscina y sus hamacas. Los caminitos entre un punto y otro del hotel se abrían paso entre la vegetación, y del ajetreo de Pana no se escuchada ni un decibelio. Unos 50 dólares una habitación doble la noche.

De compras en Panajachel
Amanecía en Panajachel. Tras el abundante desayuno (nunca he desayunado yo tan bien como en Guatemala, otra cosa a la lista de cosas que hago mejor en América Central) tocaba darse unas vueltas por el pueblo a la caza y captura de regalos para la familia. Éste es uno de los sitios en los que el regateo es indispensable.

Aquí las cosas que el turista pueda fichar no están más baratas que en casa, por mucho que se comercie en quetzales. Haciendo el cambio el precio baja algo, pero mucho no. Pongamos un ejemplo de algo que también nos puede interesar en un viaje a Guate: la chela (cerveza 😀 ) en botella, podemos encontrarla a un precio de 15 quetzales = 1,82 €, quizás menos en algunos sitios, quizás más (hasta 30 quetzales) en otros.

Nuestro nuevo amigo Andrés, al que veis en la siguiente foto, nos dio apoyo emocional durante las compras.

Paseo por la orilla del lago Atitlán
El lago se encontraba a escasos metros de nuestro hotel y la propia calle principal de Pana (en la que estábamos) acaba en sus orillas. Con Atitlán da igual, por muchas fotos y videos que hagas no conseguirás plasmar la verdadera belleza del lugar. Hay que verlo en persona.

Dimos un agradable paseo por la orilla del lago, atravesando embarcaderos y chiringuitos apoyados en pilotes sobre el agua. A uno de ellos acudimos para tomarnos unas chelas y al mismo tiempo seguir disfrutando de las increíbles vistas panorámicas.


Para comer Itziar quiso que fuéramos a visitar el hotel “Jardines del Lago” (al que inicialmente íbamos a ir a alojarnos). Se encuentra en un lugar privilegiado, en “primera línea de costa”, con sus ventanas y terrazas dirigidas directamente hacia el agua.


Atardecer en el impresionante lago Atitlán
Una vez acomodados, fuimos derechos al embarcadero. Lo que encontramos nos dejó con la boca abierta. Un enorme lago flanqueado en el horizonte por tres gigantes volcanes de más de 3.000 msnm. Una luz rojiza dibujaba la silueta de los volcanes y el agua estaba rizada por el cálido viento del Xocomil.

Los tres volcanes visibles son: Atitlán (3.537 msnm), Tolimán (3158 msnm) y San Pedro (3.020 msnm). El lago se encuentra a una altitud de 1.560 metros, por lo que entre éste y el volcán Atitlán hay un desnivel de 2.000 metros brutos, ¡imaginároslo!

Ya cuando oscurecía seguimos por la orilla y fuimos a tomar algo a algún bar con encanto. Nos detuvimos en uno de esos que asomaban sobre el lago con sus estructuras de madera y caña. Y a la vuelta nos topamos con un grupo de músicos locales que tocaban frente a un corro de niños, únicamente alumbrados por la luz de una hoguera.

Cena y ocio nocturno en Panajachel
Pana estaba a rebosar. La hora de la cena se acercaba y los restaurantes ocupaban todas sus mesas. Nos detuvimos en un chiringuito/restaurante junto al embarcadero, con vistas al precioso lago.

El restaurante, construido en caña, madera y paja, tenía un aspecto tropical encantador, alumbrado con lámparas y velas. Completamente abierto al lago, la exquisita brisa del Xocomil lo atravesaba. Y una banda ofrecía música en directo consistente en versiones “centroamericanas” de canciones famosas. Asier decía que el cantante se parecía a Santana.

Ésa sería la última noche de nuestra visita al lago Atitlán, y siempre da pena que cosas como aquella lleguen a su fin. Para las 21:30 o 22:00 ya estábamos durmiendo (yo caía rendido en 5 minutos), y es que levantándose a las 6 de la mañana los días daban mucho de sí.
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