San Mateo Ixtatán: Forasteros en tierra extraña
Ese día me acosaba una molesta diarrea del viajero y la furgoneta nos esperaba para partir hacia San Mateo Ixtatán. Comenzamos a ascender por la carretera hacia Sololá, con vistas al espectacular paisaje. Pudimos detenernos en un mirador a contemplar la maravilla. Desde allí se veía todo Atitlán. Todo el lago a nuestros pies. Increíble.
No sé si se me nota en la cara… pero la diarrea iba a más y me sentía muy mal… (tuve que ir al baño en la ladera llena de basura).

Teníamos por delante un largo viaje por carretera de ocho horas. Los traslados en Guatemala son, cuanto menos, entretenidos. Las carreteras no son nada monótonas, siempre tienes algo para ver. Los que se mareen, en cambio, pueden llegar a pasarlo mal.
Viajamos a San Mateo Ixtatán a través de los Cuchumatanes
Nos adentramos en el departamento de Huehuetenango y pronto llegamos a la sierra de los Cuchumatanes, nuestra siguiente pausa en el camino. Allí, nada más subir el puerto de carretera se encuentra el Mirador Dieguez Olaverri (3.000 msnm aprox.). Los Cuchumatanes son la cordillera no volcánica de mayor elevación de Centroamérica, llegando alguna de sus cumbres a casi 4.000 metros de altitud.
Foto de Asier Marleza FlickrEn alguno de sus puntos panorámicos, perfectamente visitables, se tiene una vista impresionante de las tierras circundantes y de los principales volcanes de Guatemala (Agua, Acatenango, Santa María, Tajumulco…), como desde el llamado mirador del Unicornio Azul, que nosotros no visitamos pero que es un punto a tener en cuenta si vais a Guate.
Foto de Asier Marleza FlickrUn rato largo de viaje después, tras haber dejado atrás barrancos de vértigo por los que la carretera hace equilibrios, llegamos a San Pedro Soloma, la población de mayores dimensiones antes de San Mateo.
Foto de Asier Marleza FlickrEra domingo. Y los domingos hay mercados, muchos mercados, y gente, mucha gente, y borrachos, muchos borrachos. También hay que decir que de aquí en adelante no hay turistas, ni siquiera blancos guatemaltecos, aquí toda la población es indígena, y para ellos ver a cinco guiris dentro de una furgoneta intentando abrirse paso entre la multitud ya era un acontecimiento.
Llegada a San Mateo Ixtatán
San Mateo Ixtatán estaba totalmente despejado (algo bastante inusual al parecer). Haciendo honor a la costumbre tradicional, nos saludó su cementerio de colorines. Entrando ya al centro, algún que otro borracho golpeó nuestra furgoneta con la cabeza. Esta iba a ser buena…

Vamos a hablar claro: San Mateo está en el culo del mundo. En la ladera de una montaña cerca de la frontera con México. Nuestro hostal era el mejor de los dos hostales de todo el municipio, y no, no era muy acogedor… Nuestro chófer salió pitando de allí y nosotros tuvimos que averiguar la forma de entrar en el hostal (que no tenía recepción). Dejamos las cosas y decidimos ir a conocer un poco el pueblo.

El pueblo era curioso. Casas de colores, calles empinadas, mujeres con huilpiles, señores con sombrero vaquero… En la plaza había un partido de baloncesto y todos los hombres del municipio estaban allí. Hasta el último ciudadano de San Mateo Ixtatán se paraba, se giraba y nos miraba, y nos seguía mirando hasta que nos perdía de vista. Era incómodo.

El partido de baloncesto dejó de ser el centro de atención y nos sentimos presionados para movernos de allí. Amigables o no, esas miradas crearon en nosotros un estado de tensión muy desagradable. ¿No éramos bienvenidos? ¿Molestábamos? Esa inseguridad creció por la existencia de tantos borrachos, y de algún que otro pesado que molestó a Maite. Los llamamos “The Walking Dead”, porque como en la serie, parecía que las calles estuvieran infestadas de zombis.

Encontrar un bar en el que poder entrar a tomar una cerveza era imposible (aquellos antros eran más oscuros que un agujero negro) y no supimos qué más hacer. Decidimos volver al hostal a encontrar un canal en el que emitieran la gala de los Oscar (lo encontramos). Subimos a la azotea (era más bien un piso sin terminar) y disfrutamos un ratillo con las curiosas vistas del lugar. Todos los tejados del pueblo extendiéndose hacia abajo, hacia el valle. Las laderas de las montañas salpicadas con pequeños hogares. Las nubes bajas abriéndose camino en la distancia… ¡Y los Walking Dead luchando por dar dos pasos seguidos en la calle de abajo!

Fue una tarde algo extraña… Cargábamos mucha presión por no conocer qué íbamos a encontrarnos ahí fuera, pero algún que otro juego de cartas hizo que nos relajáramos un poco. De todas formas San Mateo demostraría, en los siguientes días, que allí no teníamos nada por lo que preocuparnos. O casi.
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