La elegancia de Trondheim, y primera noche de acampada en Noruega

Tras aprovechar la mañana visitando Røros, seguimos conduciendo hacia el que sería el punto más septentrional de nuestro viaje: Trondheim. Nos detuvimos en un área de descanso a pocos kilómetros de la ciudad para comer (y hacer uso de los impolutos baños de la gasolinera, apuntadlo), y charlamos durante unos minutos con un par de jóvenes españoles que estaban haciendo un road trip similar al nuestro.
Recorrido a pie por Trondheim
[row] [column size=’2/3′]No esperábamos mucho de esta ciudad, pero nos sorprendió lo tranquila y elegante que era, y el impecable día que hacía ayudó a que diéramos una vuelta muy agradable por la localidad.En primer lugar nos dirigimos a la oficina de turismo, un espacio muy amigable con WiFi gratuito, sofás… Y nos entregaron un mapa con algunas señales de lo que no nos podíamos perder. La catedral de Nidaros fue nuestro primer destino.[/column]
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Su nombre es catedral de Nidaros porque así se llamaba la ciudad en la Edad Media, y se trata de la segunda iglesia más grande de los países nórdicos.

Se permite acceder a gran parte de la catedral de forma gratuita, y os lo recomiendo porque es un edificio gótico realmente bonito.

Seguimos las calles hacia el Este, hacia el casco viejo de la ciudad, y pronto nos encontramos con el “puente viejo”, un pintoresco puente de madera que atraviesa el río Nidelva y desde el que se puede contemplar el turístico bryggen de Trondheim, los edificios construidos casi sobre el agua. Antaño eran almacenes comerciales, pero hoy albergan viviendas o comercios.

Nada más pasar el puente, a la izquierda, encontraréis Nedre Bakklandet, una bonita calle en la que se concentran muchos cafés y restaurantes. Si seguís de frente veréis una empinada calle con un curioso aparato mecánico en el borde de su acera. Es un ascensor para ciclistas y es el único en el mundo. Puedes verlo pinchando aquí.
La calle llega tras unos cinco minutos de ascensión al Fuerte de Kristiansten, construido en el siglo XVII y con excelentes vistas panorámicas de la ciudad.

No nos quedaríamos en los alrededores a dormir, así que decidimos agarrar la carretera y avanzar todo lo que pudiésemos antes de que llegara la hora de cenar. Pronto la civilización dejó paso a los bosques y a los valles desiertos. Y nos golpeó una realidad: nos quedábamos sin gasolina. Cuando ya nos estábamos poniendo en lo peor… apareció una destartalada gasolinera automática en medio de la nada. ¡Fiu!

Acampada libre en Valsøytunet
En Valsøytunet llegamos a un camping construido en una isla por la que pasaba la carretera y vimos que a su lado, justo en la entrada, había un área de césped con mesas y cerca unos baños públicos. Alguien ya había colocado su tienda aquí. Nos pareció un poco descarado acampar pegados a la entrada de un camping, en un terreno aparentemente mejor que el del propio camping… Pero esto es Noruega amigos.
El entorno era espectacular y los baños estaban más limpios que los de un hotel, así que no lo dudamos mucho, allí pasaríamos esa noche.
Conocimos al dueño de aquella tienda, se llamaba Mantas y era un motero de Lituania recorriendo Europa desde Dublín hasta Cabo Norte. Conversando con él se encontraban Pavel y Patryk, padre e hijo polacos que viajaban (y vivían) a bordo de su Volkswagen familiar.

El buen rollo fluyó y acabamos cenando todos juntos. Lo que no sabíamos en ese momento era que, mientras Mantas seguiría hacia el Norte, Pavel y Patryk tenían un itinerario similar al nuestro y acabaríamos compartiendo con ellos la mitad de nuestra travesía por Noruega.

Por si fuera poco, el reflejo del sol en las nubes y un arcoiris pusieron la guinda a un paisaje precioso cuando ya eran casi las 12 de la noche.
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Me encantó tu blog. Yo fui en bicicleta en el 2003, desde Oslo a Bergen. Este verano voy a Tronheim a trabajar. Gracias por compartir tu experiencia.
¡Qué pasada! Te deseo mucha suerte y a disfrutar 😉