Jordania

Buscamos el Tesoro en la ciudad perdida de Petra


Quedaba mucho para que saliera el sol pero nosotros ya estábamos fuera de la cama, queríamos llegar entre los primeros al acceso a Petra. Las primeras horas de la mañana serían nuestra única oportunidad para estar solos frente al Tesoro.


Descendimos por la carretera de Wadi Musa hasta el centro de visitantes cuando el cielo comenzaba a clarear. Los baños públicos del lugar me vinieron de perlas para aliviar una inoportuna descomposición estomacal. Qué suerte la mía… Ni siquiera podría degustar la comida que cargábamos para nuestro día en Petra (la comida dentro del recinto es muy cara).

Entrada a Petra (1 día): 50 JD

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No éramos muchos en el acceso, los pocos que sabíamos que madrugar significaba evitar las hordas de turistas que llegarían más tarde. Tras la apertura de puertas, seguimos el camino empedrado a ritmo ligero, maravillándonos ya con los primeros vestigios arqueológicos a los lados.



Pronto el Siq, el cañón pulido por el agua que conduce a la antiquísima ciudad, iba cogiendo forma y alzándose verticalmente a nuestro alrededor. Llegaba el silencio y quizás el eco que producían nuestros propios pasos. Cada curva era emocionante. ¿Cuándo aparecerá frente a nosotros…?


Al Khazneh, el Tesoro

Porque sabíamos muy bien lo que nos esperaba tras este sendero de 1,2 kilómetros. Lo habíamos visto primero en el cine, guardando el Santo Grial.



Tras la última esquina de este primer tramo del Siq por fin aparece majestuoso Al Khazneh, el Tesoro, la cara más conocida de Petra, el motivo que atrae a miles de turistas hasta este rincón de Medio Oriente. Al Khazneh es la mayor expresión arquitectónica de la antigua ciudad de los nabateos, una fachada de estilo helenístico completamente tallada en la roca hace más de 2.000 años.



No decepciona. Estar frente a esta maravilla corta la respiración.



Madrugar había funcionado. Estábamos completamente solos. Acompañados a veces por un leve goteo de viajeros solitarios, por los beduinos y por sus camellos. Casualmente, aquí nos reencontramos con un viajero veterano al que habíamos conocido en Luxor, Egipto.


Antes incluso de que pudiéramos empezar a cansarnos de esa visión, debimos proseguir nuestra travesía a través del Siq, encontrando por el camino nuevas construcciones monumentales en las paredes de arenisca, como el anfiteatro.



Tras salir del Siq llegamos al gran valle, flanqueado por montañas rojas de paredes verticales, en el que se conservan también una gran cantidad de edificios de la época. No debemos olvidar que Petra fue la capital del Imperio Nabateo, con un poder estratégico proporcionado por ser parada principal en la ruta comercial entre Egipto y Mesopotamia. Prosperó durante siglos viendo pasar culturas y materias de distintos orígenes, hasta que el mundo cambió.



No tardamos en llegar a las montañas opuestas.

El camino hacia Ad-Deir, el Monasterio

Os recomiendo que os hagáis con un mapa en el centro de visitantes. En él podréis ver todas las rutas accesibles en el Parque (disponible en español). Nosotros seguíamos ahora el Ad-Deir Trail, que se adentraba en nuevos desfiladeros y ascendía despiadado a través de incontables escaleras. Este sendero está calificado como «duro», pero si lo hacéis con calma y con agua, es un paseo agradable y de impresionantes vistas. ¡Nosotros lo hicimos casi corriendo!



El objetivo era el Monasterio, otra de las impresionantes joyas de Petra, normalmente eclipsado por el Tesoro pero, sinceramente, con poco que envidiarle.



Aquí la piedra tallada de 48 metros de alto se luce a cielo abierto, y las rocas colindantes proporcionan curiosas perspectivas.



Tras admirar esta obra milenaria, descansar y reponer fuerzas, iniciamos el descenso de vuelta al valle.
Prácticamente por todo el Parque Arqueológico son numerosos los puestos de venta de «beduinos». Lo pongo entre comillas porque al parecer no son verdaderos beduinos, o al menos no todos, sino gitanos con los ojos pintados, o eso nos dijo Felipe, un chileno que conoceríamos ese mismo día.



El caso es que estos puestos, aunque ellos están en pleno derecho de ganarse la vida, a veces le quitan cierto encanto al lugar. Otro asunto menos respetable es la utilización de los animales.

Por favor, no hagáis uso de camellos, caballos o burros. Estos animales se ven forzados a trabajar durante horas y bajo posibles maltratos. Para algo tenemos nuestras propias piernas, ¿no?
El maltrato animal es un problema del que el Parque está al tanto, y ellos mismos instan a que se dé el aviso si se presencia algún caso de abuso animal.

Al-Khubtha Trail, mirador sobre el Tesoro

Al otro lado del valle, tras las Tumbas Reales, nace un sendero serpenteante que escala, de forma muy accesible, la pared de la montaña. No sólo ofrece unas impresionantes vistas del valle que se ha dejado abajo…



…sino que, unos cientos de metros más adelante, se asoma al Siq y conduce a uno de los miradores sobre el Tesoro, donde os esperará un puesto de té u otras zonas donde estar más solos. ¡Increíble!



Aquí disfrutamos del sol que nos iluminaba y de la soledad que nos alejaba del bullicio que la masa de visitantes provocaba al fondo del barranco. Una pequeña siesta en el lugar más sobrecogedor.


Las Tumbas Reales

Abajo, adornando toda la pared de la montaña sobre la que discurría esta última senda, se encuentran las Tumbas Reales, un conjunto de fachadas impresionantes que el sol ilumina durante la tarde. En su conjunto, parece algo sacado de alguna ciudad de El Señor de los Anillos.



No debéis dejar de entrar a alguna de ellas porque, aunque los ornamentos brillan por su ausencia en su interior, los dibujos de la piedra en las cavidades talladas son alucinantes.



Acercándonos ya a la hora de cierre y enormemente satisfechos por todo lo recorrido y visto en aquellas horas, nos dirigimos de nuevo hacia el Siq para pasar por delante del Tesoro, rumbo a la salida. Echamos un nuevo vistazo a esa famosa fachada, pero no sería la última vez que la veríamos, ni mucho menos…


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