Despedida de Antigua y de Guatemala

Antes de nuestra despedida de Guatemala fuimos a conocer el funcionamiento de una asociación llamada ASECSA, en Chimaltenango, que lucha por los derechos y el bienestar de las comunidades más desprotegidas desde el punto de vista de la salud.

También tienen bajo su gestión un laboratorio de plantas medicinales que tuvimos la oportunidad de visitar. El laboratorio estaba vacío y no pudimos ver cómo se trabajaba, pero sí fue interesante movernos por su jardín botánico y observar la cantidad enorme de plantas medicinales de las que allí disponen, además de aprender para qué se utilizan.

El resto de horas en el país las podríamos dedicar a disfrutar del ambiente de Antigua y a descubrir sus últimos rinconcitos. Ese mismo día comimos en un bonito restaurante, totalmente español, totalmente colonial, y nos sentamos frente a un balcón con una vista directa al Volcán de Agua.

Desde allí también se veía el Volcán de Fuego, aparentemente calmado tras la violencia eruptiva de la anterior noche.

Poco más aconteció ese día, a parte del siempre agradable ambiente de Antigua, de su bonito atardecer, de la chela antes de la cena, las últimas compras…
Fotos de AsierPor la noche fuimos a despedirnos de Betty y su familia. Aprovechamos, por cierto, para entregarles un trozo de sal negra que nos dieron amablemente los chavales de San Mateo. De hecho, todos nos trajimos un poquito a Bilbao.
Preciosa casa y preciosa familia la de Betty, un abrazo enorme para ellos y para el perro Leo. Les deseamos lo mejor y esperamos volver a verles.
Cena y ron en Antigua Guatemala
Para la cena fuimos al Rainbow Café, un precioso restaurante con una decoración e iluminación preciosas donde aprovechamos para tomar los cubatas de ron de los que tanto habíamos hablado.

Pero tocaba irnos. Tocaba coger un vuelo a la seis de la tarde hacia El Salvador, posteriormente hacia Madrid, y de allí de vuelta a la triste realidad. Nos despedimos de la encantadora Mirella, que al igual que nosotros dejaba Antigua para volver a su país, y don Rafael nos llevó al aeropuerto

En el avión tuve la suerte de agenciarme un asiento con ventanilla que había quedado libre. La azafata vino a acomodar a una pareja guiri ahí y se encontró con mi cara de niño bueno pidiéndole que me dejara quedarme para sacar fotitos (que a los guiris les jodí las vistas vamos…). ¡Y menos mal que lo hice! El sol se escondía ya cuando abandonamos Ciudad de Guatemala, y cortaba las nubes con sus rayos. Los volcanes proyectaban una siniestra sombra rodeada de luz roja. Los colores del cielo pasaban de rojo a azul oscuro por medio de infinitas tonalidades. Y posé mis ojos sobre los paisajes guatemaltecos por última vez.

En Guate tuvimos la oportunidad de conocer tanto la cara turística del país como la cara real. Cosas buenas, cosas malas, cosas que hay que cambiar, cosas que hay que conservar. Dos semanas que pasaron como un rayo, pero a la vez fueron exprimidas al máximo y dieron mucho de sí. Ojalá mi próxima visita a Guatemala sea con algunos de los amigos con los que he compartido este viaje. Creo que fue tan especial para mí gracias a ellos. Y los cuatro esperamos poder volver a la tierra de los chapines con Itziar. Gran parte de la genial experiencia se la debemos a ella. Atenemos algún unas cosas pendientes en Guatemala (y ella también).

Diario anterior: Ascensión al volcán Pacaya y erupción del volcán de Fuego
PREPARA TU VIAJE A GUATEMALA
Un viaje para apuntar ya que siempre me ha llamado mucho la atención, lo malo es el vuelo tan caro que es casi media estancia allí, espero poder ir pronto…
Hola Laura. La verdad es que normalmente salen caros los vuelos. Pero hay ofertas, y mientras algunas veces los encuentras por 1000 euros, otras veces los puedes encontrar por la mitad! Es buscar y ser flexible con la fecha 😉 Un saludo!