noviembre 16, 2018

De Egipto a Jordania por tierra a través del Sinaí


El viaje por Egipto había concluido pero salir del país no sería camino de rosas. Aunque lo más fácil habría sido tomar un avión de El Cairo a Amán, la capital de Jordania, nosotros escogimos el método más barato, pero también el más pesado y largo. Debíamos atravesar la península del Sinaí para llegar hasta la frontera de Israel en Taba.

Mucho se habla de este trayecto en Internet, y no precisamente bien. El Sinaí es una zona conflictiva en la que han tenido lugar numerosos atentados. Toda la costa sur, a orillas del Mar Rojo, rebosaba vida con su turismo de playa, submarinismo y diversos deportes acuáticos, pero el historial de explosiones y tiroteos en las localidades de Sharm el Sheij y Dahab y la reciente detonación de una bomba en un avión comercial tras su despegue (2015) asestaron un golpe mortal a la zona. Ataques a convoys militares y autobuses turísticos llevaron al blindaje de la península, que ha visto gran parte de su superficie cerrada a los turistas.

Viaje de El Cairo a Dahab en autobús

Compramos nuestros billetes de autobús en la oficina de Go Bus de Abdel Moniem Ryiad, junto al Ramses Hilton y detrás del Museo Egipcio, con destino Dahab. Aunque nuestro objetivo era la ciudad fronteriza de Taba, no había transporte directo hasta allí. Aquella noche sería corta, porque el bus salía a las 4:20 de la madrugada, y afortunadamente nuestro hostal estaba cerca de la parada.

Autobús de El Cairo a Dahab: 320 EGP 15,2 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Iniciábamos así un viaje de casi ocho horas en el que sabíamos que atravesaríamos múltiples controles militares extremadamente exhaustivos. Muchos de ellos sólo suponían un trámite para el conductor, pero en otros algún soldado se subía a bordo, nos pedía los pasaportes, nos hacía un par de preguntas y al cabo de unos minutos regresaba a devolvernos la documentación; en los restantes, los más pesados, debíamos bajarnos del bus, sacar nuestras pertenencias y prepararlas para una inspección. Así durante ocho horas.


El resto del viaje transcurrió entre parajes desérticos de montañas rugosas y abruptas, rocas rojizas con connotaciones bíblicas que habían presenciado supersticiones y conflictos humanos desde hace milenios. Una historia turbulenta que, por desgracia, ahora más que nunca se veía manchada de sangre y violencia.

Dahab, el paraíso perdido

Cuando el autobús alcanzó el extremo sur del Sinaí y torció hacia el noreste, presenciamos el azul intenso del Mar Rojo y las costas de aguas claras frente a las que se extendían resorts abandonados. Llegamos a Dahab, antiguo paraíso vacacional y capital mochilera de África.


La sensación al ver sus calles vacías, los negocios vacíos que esperaban con resignación el regreso del turismo, era de tristeza. Notamos desde el primer momento que era un lugar con potencial, con encanto, frente a unas aguas que guardaban uno de los fondos marinos más espectaculares del mundo. Y no nos equivoquemos, Dahab no está muerto, sigue recibiendo turismo, pero a un nivel al que las familias que viven de él les resulta difícil sobrevivir.

Al llegar nos tiraron un jarro de agua fría: no había más buses a Taba durante lo que quedaba de día. Quedarnos a pasar la noche en Dahab, aunque era una posible solución, no era una opción para nosotros, que, haciendo cálculos, necesitábamos llegar ese mismo día a Jordania.

Antes de pensar en cómo continuar hacia Taba, nos acercamos al centro y comimos un exquisito pescado en uno de sus restaurantes, con vistas sobre los tejados de la localidad.


Cuando vimos un taxi dejando a una pareja de viajeros, pensamos que aquella podía ser nuestra salida. Y tras un breve regateo logramos que nos llevaran hasta Taba en un cómodo coche privado, por unos paisajes montañosos que, la verdad, eran sobrecogedores.

Taxi de Dahab a Taba: 450 EGP 21,4 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Taba, la frontera con Israel

Salir de Egipto fue extremadamente sencillo, pero entrar a Israel fue algo más complicado. Además del interrogatorio que ya nos esperábamos, me sometieron a un cacheo como nunca antes había vivido, pantalones bajados incluidos. Lo cierto es que, al margen de esta incómoda situación, atravesamos la frontera sin problemas. Cambiamos unas cuantas libras a shekels (NIS) y tomamos un taxi que nos llevó hasta la frontera con Jordania, a apenas 12 kilómetros.

Taxi de la frontera Egipto-Israel a la frontera Israel-Jordania: 70 NIS 16,27 €
Cambio: 4,3 NIS = 1€ (aprox.)

Tras el alambre de espino y las vallas que dejaban Egipto atrás, un país con aspecto europeo apareció frente a nuestros ojos. Playas repletas de gente, aceras limpias, infraestructuras modernas... era Israel, pero Israel debía esperar, porque ahora era el turno de Jordania.

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