septiembre 16, 2018

Nadando con los tiburones ballena en Donsol


La razón de acudir el día anterior al Centro de Visitantes del tiburón ballena en Donsol era apuntarnos a uno de los barcos que por la mañana saldría en busca de estas fantásticas criaturas. El inicio de los tours ocurre muy temprano y queríamos asegurarnos de tener una plaza en una de las embarcaciones. A las 7 am debíamos presentarnos en el Visitor's Center para pagar y recibir una breve instrucción.

Tour Whale Sharks en Donsol: 885 PHP 16,7 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Fee a extranjeros: 300 PHP 5,6 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Esta experiencia se había gestado desde que nos enteramos de que lo que se hace en Oslob atentaba contra la salud y el futuro de los tiburones. Si la información sobre Donsol era cierta, sería una alternativa sostenible para avistar a estos animales. Nos emocionamos cuando Neda leyó que estos días se celebraba un festival dedicado al butanding (tiburón ballena), pero finalmente no vimos rastro de esa celebración.

Cuándo ver al tiburón ballena en Donsol

Aunque las prisas por llegar al festival acabaron en saco roto, lo que sí es cierto es que estaba a punto de acabar la época más propicia para encontrar tiburones. Los datos señalan que la mejor época para nadar con tiburones ballena en Donsol es entre enero y julio, siendo marzo y abril los meses con mayor probabilidad de verlos.

Testimonios de algunos viajeros indicaban que se habían avistado numerosos tiburones durante los últimos días, así que estábamos entusiasmados y cruzábamos los dedos.

Actividad responsable con el medio ambiente

Porque sí, no influir en la vida de estos animales salvajes implica que no se pueda controlar cuándo aparecen y cuándo no. La suerte juega un papel importante. La posibilidad de no encontrarlos es el precio que debemos pagar por llevar a cabo una actividad responsable. Tras todo este montaje se encuentra WWF, que convirtió una antigua aldea de pescadores de tiburones en el emblema del ecoturismo marino de Filipinas.

De la mano de ellos llegan también las normas de comportamiento y de interacción en el agua que se explican en el vídeo de introducción antes de embarcar, y que establecen el número de personas y barcos que haya en un mismo punto, la distancia mínima al animal...

Asimiladas las reglas y aprendido sobre la historia del programa, toca navegar.


Vamos en busca de los tiburones, ¿habrá suerte?

Me temblaban las piernas. Recuerdo decir para mí mismo: "Por favor, por favor, por favor...". Por unos breves momentos me distrajo la vistosa línea costera de Sorsogon, tras la cual, sorprendentemente, se podía observar con claridad un volcán Mayon despojado de nubes.

Sobre el mástil, el guía oteaba la distancia en busca de alguna mancha en el agua. Los minutos pasaban como siglos, y yo no veía el momento en el que gritaran "¡Whale shark!". Pero el momento llegó. Nos sentamos en fila en el borde de la cubierta, nos colocamos las aletas y las gafas, y cuando el guía lo indicó saltamos en marcha al agua.


Los primeros momentos son algo caóticos, rodeados de piernas, brazos y burbujas, pero enseguida comienza a dominar el azul verdoso del fondo. Uno sabe que tiene un gigante cerca, pero no se ve nada... hasta que una enorme figura engalanada con puntitos blancos emerge de la nada y, de repente, tienes un pez del tamaño de un autobús nadando debajo tuyo. Increíble.


La sensación ante un ser de tal magnitud es de humildad y sobrecogimiento. Creo que dejé escapar alguna lágrima mientras intentaba abarcar con mi mirada la totalidad de lo que tenía delante. Se movía con gentileza y ondulaba su enorme aleta caudal de un lado a otro, sosegadamente pero impulsándose mucho más rápido que lo que nosotros podíamos nadar.



Entonces volvíamos al barco, y el proceso se volvía a repetir. Navegar, buscar, saltar. Lo hicimos unas seis veces con -creo- tres individuos distintos. Nadar tras estos animales nos estaba dejando exhaustos, y en los últimos intentos éramos menos los que nos lanzábamos al agua. Yo lo habría seguido haciendo durante horas.


El caso es que el tour fue un éxito, y la satisfacción tras conseguir ver el pez más grande del mundo en un hábitat natural, sin interacción dañina, no se paga con nada. Recuerda que no nos adentramos en el mundo natural por una foto, o al menos no debería ser así, lo hacemos por admiración y por respeto. Y si cuando lo hacemos no actuamos en concordancia a ese respeto, entonces ¿no estamos destruyendo eso que vamos a admirar? Si valoras la naturaleza, cuídala cuando viajas. Si quieres nadar con tiburones ballena en Filipinas, o lo haces de manera sostenible o no lo hagas de ninguna manera.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 Si no tienes cuenta, selecciona la opción "Nombre/URL".
 Puedes dejar el apartado "URL" en blanco.