agosto 16, 2018

Paseo en faluca tradicional por el río Nilo


Viajábamos con un "colchón" de un par de días para percances o cambios de planes. Cuando se viaja improvisando tener esos días me parece indispensable.
La noche que llegamos a Asuán le dijimos a Mena, nuestro contacto de Hathor Hotel, que el segundo día queríamos hacer el viaje a Abu Simbel en convoy de madrugada. Es algo para lo que hay que hacer ciertos trámites y reservar con uno o más días de antelación. Le enviamos nuestros datos, foto de nuestros pasaportes... y nos reservó plaza.

Mientras visitábamos la gran presa de Asuán, nuestra última parada en el tour que os narré en el post anterior, vimos que el cielo gris era inamovible y consultamos la previsión. Completamente nublado para mañana. Soleado para pasado mañana. ¿De verdad queríamos visitar Abu Simbel con cielos nublados? ¿Podríamos cambiarlo? Uno de esos días "colchón" nos vendría genial para alargar la estancia en Asuán y retrasar la excursión a Abu Simbel. Le suplicamos a Mena que gestionara el cambio y, tras un par de tiras y aflojas, lo conseguimos. Os contaré más detalles en el siguiente post.

El caso es que teníamos un nuevo día, salido de la nada, para improvisar en Asuán. Y lo utilizamos para dos cosas: recorrernos el corazón de la ciudad y dar un paseo por el Nilo.

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Conociendo la rutina urbana de Asuán

Ya habíamos conocido el zoco de Asuán anteriormente, pero esta vez decidimos introducirnos un poco más allá. Nos sumergimos en la abrumadora recepción que los comerciantes, desde todas las direcciones, nos daban como potenciales clientes que éramos, y poco a poco nos fuimos sintiendo cada vez más cómodos en esta dinámica de la oferta indiscriminada... y la negativa fatigosa.


Pronto dejamos el mercado atrás y recorrimos calles más corrientes y solitarias. Hasta allí donde ya no había nada que ver, ni siquiera gente con la que intercambiar miradas. Intentando volver sobre nuestros pasos pero por calles distintas, nos topamos con la majestuosa mezquita de El-Tabia, que veíamos iluminada desde nuestra habitación por la noche.

Con el respeto y el protocolo necesarios, entramos y contemplamos durante unos minutos el rezo de unos cuantos locales que no se sorprendían demasiado de vernos allí y asimilaban nuestra presencia con rapidez. Fue agradable poder formar parte, sentados y en silencio, de algo para ellos tan íntimo.


Tras llenarnos los estómagos en un restaurante del centro en el que nos recibieron y sirvieron con amplias sonrisas, esperábamos con ganas la hora de bajar al río.


Paseo -semi privado- en faluca por el Nilo

Nos habíamos cruzado con Abdula en varias ocasiones. Merodeaba los muelles y nos ofrecía un precio tras otro para dar una vuelta privada en su barco. Tras cientos de "no"s acabamos aceptando un precio decente por una hora a bordo.

Faluca por el Nilo (1 hora alargada): 130 EGP 6,2 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

Al llegar a la faluca nos dijo que esperábamos a una pareja china (vaya, así que "privado" no era...) y que, por favor, no les dijéramos lo que habíamos pagado nosotros (JAJA, qué tío...). Junto a Abdula iba otro hombre de túnica y turbante que le ayudaba con el timón y el velamen.


El viento aquella tarde era casi nulo, hasta el punto de que tuvimos que usar los remos (sí, Unai y yo nos ofrecimos a remar y llevar el bote un rato) así que no podríamos recorrer mucha distancia, pero la silueta de los demás veleros y los reflejos en las tranquilas aguas conformaban una estampa idílica.


A un lado teníamos la isla Elefantina, cuyos poblados nubios deberíais visitar si tenéis tiempo, y al otro la colina de Qubbet el-Hawa y sus tumbas de altos funcionarios del Antiguo Egipto.


El sol esquivó las nubes con el final del día y nos regaló un bonito atardecer. Una vez escondido, siguió rebotando en las nubes e iluminó el cielo con rojos y violetas.


La noche llegó y, ante la imposibilidad de rodear la isla Elefantina, tuvimos que remontar el Nilo por el mismo sitio por el que habíamos avanzado, esta vez arrimados a la orilla para esquivar la corriente más potente. Como se nos hizo más tarde de lo planeado, Abdula intentó cobrarnos más por el tiempo extra. ¡Como si controláramos el viento! Ay Abdula, Abdula... no eres listo ni nada...

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