agosto 13, 2018

Subimos a lo alto del Marina Bay Sands, el mejor mirador de Singapur


Habíamos esperado muchos días para subir a las alturas de Singapur. Hasta entonces, o teníamos otros planes y falta de tiempo o el clima no era el adecuado para disfrutar de un atardecer sobre Marina Bay. Cuando parecía que el cielo finalmente nos acompañaba, corrimos hacia la bahía para llegar antes de que el sol se pusiera.

Cruzamos el gigantesco hall del Marina Bay Sands intimidados por su tamaño y la elegancia de alguno de sus huéspedes hasta alcanzar el acceso al ascensor que nos subiría hasta la última planta, la espectacular plataforma "flotante" que acapara las miradas de todos los visitantes a pie de calle.

Acceso a la plataforma del Marina Bay Sands: 23 SGD 14,37 €
Cambio: SGD 1,6 = 1 € (aprox.)
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Al contrario de lo que muchos creen, no se puede acceder a la piscina. Eso es una experiencia reservada a los clientes del hotel. Así que si quieres bañarte en ella, te tendrás que alojar aquí al menos una noche. El precio de una habitación en el Marina Bay Sands es algo que se escapa a mis posibilidades, pero para parejas, familias... quizás sea digno de hacer una vez en la vida.

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Sin ser huésped existe otra posibilidad al margen de la plataforma: el Cé La Vi Skybar. Pero desde él las vistas no son tan panorámicas y os podréis imaginar el precio de las consumiciones (y tiene cierto dresscode)... El acceso cuesta 20 SGD.


Alucinados por las proporciones épicas de las vistas que teníamos frente a nosotros, protegimos nuestro trozo de barandilla con uñas y dientes, y esperamos a que el sol fuera bajando. A cada minuto que pasaba, la ciudad se bañaba en un manto de un nuevo color.


Y luego llegó la noche y la ciudad comenzó a brillar con luz propia.



Aunque el skyline del centro tiene todo el protagonismo, al otro lado los Gardens by the Bay y sus árboles de metal se esfuerzan por llamar la atención con sus juegos de luces, pero se ven empequeñecidos por la altura.


Fantástica experiencia. Ahora tocaba volver a nivel de mar para decidir dónde cenaríamos... pero había un obstáculo que nos retrasaría. Las colas para bajar, con un único ascensor disponible, sí que daban vértigo.


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