agosto 25, 2018

Amanecer solitario en el templo de Abu Simbel


Hay diversas maneras de llegar a Abu Simbel, básicamente porque junto al célebre templo existe un pueblo en el que se hace vida normal. Incluso avión. Una serie limitada de transportes públicos conectan esta apartada localidad con Asuán. Aunque hay quienes han hecho este trayecto así, también habíamos oído de muchos viajeros a los que se les impidió hacerlo por su cuenta. Al parecer las autoridades están preocupadas por la seguridad de la carretera.

Por ello, la forma más utilizada por los turistas es la del convoy de furgonetas que, dos veces al día, atraviesa el control militar y recorre este tramo de desierto bajo el atento ojo de las fuerzas de seguridad. Hay que apuntarse con uno o dos días de antelación mandando una fotocopia del pasaporte al intermediario que nos gestione la reserva.

Viaje en convoy de madrugada a Abu Simbel
Nos habíamos planteado de todo... Probar el bus público, dormir en Abu Simbel... Pero con el tiempo que teníamos, recurrir al convoy era la mejor idea. Y como en Abu Simbel queríamos encontrar la menor gente posible, escogimos el que parte a las 4 am de Asuán con la esperanza de llegar allí antes que los demás.

Furgoneta compartida a Abu Simbel (convoy de las 4 am): 250 PHP 11,9 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

- El siguiente convoy parte de Asuán a las 11 am.
- El viaje dura tres horas.

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La furgoneta nos recogió en la puerta del Hathor Hotel (¡el hotel nos dio una bolsita con desayuno!) y a las afueras de la ciudad esperamos una media hora a que los militares abrieran la carretera. De camino, el desierto empezaba a vislumbrarse con la débil luz de un amanecer aún prematuro. Es entonces cuando vimos que la carretera atravesaba planicies en las que no había más que arena y roca.

Cuando llegamos a Abu Simbel, Unai y yo saltamos de la furgoneta y, a paso ligero, nos dirigimos a la entrada del complejo, donde adquirimos nuestra entradas. ¡Éramos los primeros!

Entrada a Abu Simbel: 160 PHP 7,6 €
Cambio: 21 EGP = 1€ (aprox.)

La mitad con carnet de estudiante

Rodeamos la colina pegados al ancho cauce del Nilo y, al fin, vimos con nuestros propios ojos el Templo de Ramsés II de Abu Simbel, completamente solitario, golpeado de frente por el sol del recién estrenado día. Resultaba sorprendente pensar que ésta no era su ubicación original...


Como Philae, la crecida del Nilo por la construcción de las presas de Asuán amenazó la integridad de este templo y, junto a su hermano menor el Templo de Nefertari, tuvo que ser desmontado, trasladado y reconstruido por encima del futuro nivel de las aguas con una precisión pasmosa. La montaña actual sobre la que parece tallado... es falsa.


Pasamos mucho tiempo contemplando esta magnífica obra en soledad y sacando todas las fotos que se nos antojaron, y poco a poco la gente fue llegando tras nosotros. Con los exteriores abarrotados, exploramos su interior. Las fotos están prohibidas (a no ser que $$$, ya sabéis) pero no me pude resistir...



En la cámara del fondo se encuentran cuatro figuras, las de los dioses Ra-Horajti, Amón y Ptah, junto con la de Ramsés II (al que consideraban un dios). Todo el templo fue orientado de tal manera que durante los días 22 de febrero y 22 de octubre (esta fecha cambia cada varios miles de años por el movimiento del Trópico de Cáncer) los rayos del sol del amanecer llegan hasta esta cámara e iluminan tres de las figuras. La de Ptah queda en la sombra a sabiendas, ya que era el dios del inframundo.


Con una multitud a los pies de esta milenaria fachada, pasamos a contemplar el cercano y más tranquilo Templo de Nefertari, que Ramsés mandó construir en honor a su esposa, la reina Nefertari. Es quizás menos espectacular y célebre que el del faraón, pero vale igualmente la pena. Los grabados de su interior están en fantástico estado.


Nuestra hora límite para volver a la furgoneta se acercaba. El tiempo pasó volando, pero no podíamos estar más satisfechos. El cambio de planes del día anterior había funcionado, habíamos conseguido visitar Abu Simbel con buen clima, y la idea de hacerlo de madrugada había dado sus frutos, habíamos estado solos. Si volviese algún día, intentaría no perderme el espectáculo y la iluminación nocturnos. Actividad perfecta si uno se aloja una noche en Abu Simbel.

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Habíamos alcanzado el extremo sur de Egipto. Tocaba volver al norte, a visitar el monumento antiguo más conocido del planeta...

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