enero 10, 2018

Reflexiones en KL. Cuatro meses de viaje en el Sudeste Asiático


Últimos minutos en KL. Dato: perdí unos 10 kg en este viaje.

A la mañana siguiente, mi último día en Asia tras casi cuatro meses de viaje, me permití dormir un poquito más y relajarme en el Mingle antes de iniciar el largo trayecto a casa. También aproveché para hacer unas compras por el centro de la ciudad, una ciudad con la que ya me encontraba totalmente sincronizado. Me resultaba gracioso que KL fuera hace dos años mi punto final en Asia y esta vez lo volviera a ser. ¿Se convertiría Kuala Lumpur en un puerto de despedida tras todas mis experiencias en Asia?

Estaba nervioso por volver con la familia y los amigos, triste por llegar al final de esta vida nómada a la que tanto me había acostumbrado, y feliz y orgulloso por todo lo que había vivido y todas las personas que había conocido. No era consciente de ello en el día a día, pero con la mochila preparada, esperando en el hostal a que llegara la hora de poner rumbo al aeropuerto, me di cuenta de la grandísima experiencia que había vivido.


Todo surgió de la nada, con la idea caprichosa de visitar Filipinas de una vez por todas. "Si me voy, me voy dos meses" me dije. Y después llegó una revelación, "No puedo seguir viajando por el Sudeste sin el certificado de buceo", así que añadí Tailandia y Koh Tao a la ecuación. "Bueno, ya que estoy, tres semanitas en el país". "Y si encuentro un vuelo de vuelta barato desde Kuala Lumpur, ¿por qué no aprovechar para conocer Malasia?" Casi un mes más. Y así, me veo viviendo esta experiencia en medio de algún lugar del Sudeste, me llevo las manos a la cara y digo en alto "¿Cómo he llegado aquí?", río a carcajadas y pego algún que otro salto feliz. Soy feliz y afortunado.


Y con la felicidad y el éxtasis llega la amargura de saber que en algún momento se acabará. Y cuando se acabe querré congelar esta zona del mundo y desear que nada cambie, que todo se quede tal y como lo he conocido, porque no soportaría pensar que esta experiencia es irrepetible. Esa amargura tardará algo más en materializarse. Cuando me cargaba la mochila en Kuala Lumpur, me despedía del staff del Mingle y cruzaba sonriente Chinatown, las lágrimas ocultas que retaban mi vergüenza eran de satisfacción. No había tiempo para la pena porque aún estaba allí, acabando una aventura perfecta y deseoso de contársela a todo el mundo...


Último selfie del viaje. Chinatown, KL

En el tren de camino a KL Sentral, y de nuevo en el que lleva al aeropuerto, estiraba el cuello hasta límites insanos intentando divisar las Petronas por última vez. Una vez más. Y una vez más. Hasta que verlas fuera imposible. Como si esas torres fueran el último hilo que me uniera al Sudeste y perderlas de vista supusiera el auténtico final de este viaje...

Del centro de Kuala Lumpur al aeropuerto en tren

Tren de Pasar Seni a KL Sentral: RM 1,30 0,27 €

Cambio: RM 4,8 = 1€ (aprox.)


KLIA Ekspress a Aeropuerto KLIA 1: RM 55 11,45 €

Cambio: RM 4,8 = 1€ (aprox.)

Ahora ya en casa me sobrevienen recuerdos, olores, sabores... Se presentan como flashes que me atormentan con nostalgia. Vivo entre aquí y allí en mi mente, sin poder anclarme a mi hogar de nuevo ni poder volver allí de inmediato... El tacto de la temperatura tropical. La aspereza del salitre en una isla en medio del mar. La amable respuesta de un local. El alboroto de una capital asiática. Las cervezas con nuevos amigos. Descubrir cada día algo sorprendente y exótico... Estoy enamorado del Sudeste Asiático, y eso que apenas he comenzado a conocerlo. No hay nada que pague esa dulce rutina despreocupada pero voraz, hambrienta de nuevas sensaciones y nuevas sorpresas. He vivido un sueño. Y es angustioso saber que nunca más podré vivir sin él. Estoy atado a él, para siempre.


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