octubre 13, 2017

Trekking de 2 días y 1 noche en la selva de Taman Negara

Nunca me levanté de la cama y abandoné el hostal de forma tan rápida. Tenía unas ganas enormes de empezar esta pequeña aventura en la selva de Taman Negara. Dejé todas mis cosas en Liana Hostel y me llevé la mochila grande que habría que cargar con las provisiones para el trekking.

Trekking 2 días / 1 noche en Taman Negara: RM 230 48 €

Cambio: RM 4,8 = 1€ (aprox.)

16 km. Se duerme en una cueva
Incluye:
- Entrada a Canopy Walk
- Comida y agua
- Esterilla y saco
- Alojamiento en Liana Hostel al regresar


En una agencia cercana reunieron a todos los miembros del grupo y conocimos a nuestro guía, Aha. Me acompañaban viajeros de Francia, Países Bajos, Escandinavia... En total éramos ocho personas. Rellenadas las mochilas con los objetos que nos habían prestado (esterillas, sacos, agua para dos días, comida para las comidas y cenas...) nos encaminamos a atravesar el río y entrar en el Parque Nacional. ¡Recordad llevar el permiso!

Barca para atravesar el río Tembeling: RM 1 0,2 €

Cambio: RM 4,8 = 1€ (aprox.)

En la otra orilla se encuentra la oficina del Parque, donde se hace un registro de nuestros nombres y de las cosas que llevamos cada uno. Una vez hecho este trámite, regresamos al embarcadero para subirnos a un bote que nos llevaría río arriba. Aha nos contó que durante las peores lluvias todo lo que veis en la siguiente foto, hasta la altura en la que está hecha, era un río desbordado y violento. Impresionante.


El Canopy Walk de Taman Negara
Hicimos una parada a medio camino para conocer el Canopy Walk, incluido en el precio del trekking. En nuestro caso, parte de éste se encontraba cerrado por reformas, pero pudimos ver lo suficiente como para disfrutarlo y considerarlo una experiencia que merece la pena.


El paseo coge una altura considerable que seguro que los más acrófobos no podrán soportar. Además, la estructura se mueve y balancea de tal forma que a veces resulta complicado avanzar. No veréis fauna ni flora a destacar, pero sí es una forma diferente de atravesar la selva y ver cómo los amplios troncos desaparecen bajo nuestros pies.

Seguimos remontando el río, adentrándonos cada vez más en esta milenaria selva, maravillados por la espesura de la foresta que se extendía a nuestros lados.


Este ecosistema ya estaba aquí muchísimo antes de que cualquier antepasado genético del ser humano hollara la Tierra. Mucho antes incluso de que muchas especies de dinosaurio existieran. 130 millones de años de historia. Y aquí sigue, acosada por el avance de las carreteras, las poblaciones humanas y las multinacionales que quieren convertir este tesoro en monocultivos de, por ejemplo, palma aceitera. ¿Resistirá mucho más?


Iniciamos el trekking en Kuala Keniam
Una de las primeras preguntas con la que bombardeamos a Aha tenía que ver con los mosquitos. ¿Lo pasaremos muy mal? Aha nos sorprendió con la respuesta: "Dentro de la selva no hay mosquitos". Bueno... sí que hay algunos (y lo experimenté), pero no tantos como cabría imaginar. Con lo que tuvimos que lidiar de verdad fue con las termitas y, sobre todo, con las sanguijuelas.


Las primeras forman inmensas autopistas que hay que saltar si no se quiere acabar con varios de estos insectos atacando tus playeras. En ese caso, las tendrás que quitar con la mano y éstas se defenderán clavando sus enormes mandíbulas en tu piel como me pasó a mí (y duele que j*de). Las segundas son la gran plaga de la selva. Esperan en los caminos y en cuanto detectan calor se pegan a tus zapatos para ir escalando hasta llegar a la piel, donde comienzan a succionar. A veces lo hacen a través de los calcetines. Lo peor es que no las notas, y por eso hay que mirarse los tobillos cada dos por tres. A quien peor le coagule la sangre no dejará de sangrar en unas cuantas horas.


Las heridas de sanguijuela son muy aparatosas

Al principio da muchísimo asco, pero al final del trekking acaba siendo algo normal. Te miras los tobillos, encuentras la sanguijuela y la arrancas. Lo más escalofriante es verlas estiradas en los senderos, esperándote, y arrastrándose hacia ti a una velocidad sorprendente cuando te han "olido". Puaj. Me quité unas 20, cuyas heridas lucí orgullosamente los siguientes días...

A medida que nos alejamos del río el terreno se hace más complicado. Se atraviesan enormes troncos, se pasan riachuelos...



Aha se encargaba de controlar que todo el mundo avanzara sin problemas y de vez en cuando nos regalaba una clase magistral de conocimiento selvático. Un árbol cuya sabia servía para hacer fuego, otro para obtener veneno, otro para agua... Sabía decirnos de cuántos días era la mierda de elefante que nos encontrábamos en medio del camino. Sí, esta selva es el hogar de elefantes salvajes que rara vez se dejan ver. Otro gran animal del que vimos huellas fue del tigre. Impresionante ver el rastro de sus patas en el barro. Este animal es extremadamente escurridizo y ni siquiera un guía como Aha lo ha conseguido ver jamás.


Durmiendo en la cueva de Kepayang Besar
El día acabó con nuestra llegada a las cuevas, en lo profundo de la selva, junto a un riachuelo en el que pudimos bañarnos. Allí, en una enorme gruta, bajo miles de murciélagos, montamos nuestro campamento.


Pero las emociones no habían acabado. Con la llegada de la noche los sonidos de la selva cambian, y la fauna deja paso a otra. Un pequeño tour por ella nos mostraría alguno de sus habitantes nocturnos. Increíble cómo la luz negra colorea los escorpiones de un verde fluorescente.


La linterna también muestra el brillo en los ojos de cientos de criaturitas que nos observan desde la oscuridad, como tarántulas o incluso ciervos. Y al volver a nuestro campamento en la cueva, mirad lo que nos encontramos:


Los murciélagos no fueron nuestros únicos compañeros de habitación. A nuestro alrededor se movían una familia de puercoespines curiosos de tamaño considerable (yo no sabía que eran tan grandes). De noche, mientras todos dormían, los escuché acercarse a nosotros y olisquear. Creo que llegué a tener uno a un metro de mi cabeza. Hacían el mismo ruido que un perro olfateando.

Segundo día, hacia Kuala Terenggan


El segundo día comenzó con los rayos de sol dibujando estelas en el gran ventanal de nuestra cueva. Nos llevó un rato desayunar y despejar el lugar (no dejéis nada, por favor) antes de iniciar la marcha. De una cueva... a otra, porque la primera parada consistió en adentrarnos en otra gruta repleta de murciélagos. La suerte nos llevó a presenciar a una serpiente en plena rutina de caza, lanzándose a por un murciélago y tragándoselo enterito.


El calor en la selva es sofocante y la humedad asfixia. Nuestra ropa estaba hundida en sudor. Yo, al menos, nunca había sudado tanto. Y el camino, en ocasiones, se hacía especialmente duro. Cruzando ríos, pasando por debajo de árboles caídos, haciendo equilibrios sobre troncos a una altura considerable... Fue de un enorme alivio la parada que hicimos en un amplio río para comer y bañarnos.



En la tarde, tras volver de un desvío realizado para subir a un observatorio de fauna (con literas incluidas) vimos monos saltando de árbol en árbol. Algo de fauna diurna, al fin. Por lo demás, nos tuvimos que contentar con oír ramas de la selva que crujían o maleza que se agitaba, tras lo cual todo el grupo se detenía y escuchaba con atención. No pudimos más que intentar adivinar qué animal producía aquellos sonidos.

Cerca del final del trayecto nos cruzamos con un poblado de nativos, a los que no quisimos importunar demasiado. Nos limitamos a saludarles desde la distancia, pero eran tímidos y serios. Es importante respetar a esta gente, y recordar que no tienen por qué ser una atracción turística.


Poco después el río Tembeling apareció frente a nosotros. Habíamos llegado a Kuala Terenggan, final del trekking. Una última foto atestiguó nuestro éxito y ahora sirve para compararla con la que nos hicimos al inicio de la travesía.


La jungla no es cómoda, es dura, parece que casi todo en ella quiere hacerte daño o matarte. Pero es majestuosa y bella. La experiencia a través de la selva más antigua del planeta había acabado. Un bote nos devolvería, río abajo, por los rápidos, a Kuala Tahan.

Diario anterior: Me preparo para la selva milenaria de Malasia
Diario siguiente: PROXIMAMENTE

2 comentarios:

  1. Que pasada! Me ha encantado 😍
    Lo tengo en la lista de "pendientes"

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    Respuestas
    1. ¡Genial! Esta experiencia hay que vivirla. Espero que puedas ir pronto! ;)

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