octubre 16, 2017

Un último vistazo a las preciosas playas de Koh Tao


En una ocasión, cenando en el Yin Yang, comentaba con Arnie y Alba lo que nos deparaba el viaje tras Koh Tao. Porque sí, aunque me doliera aceptarlo, mis días en Koh Tao debían acabar en algún momento, y ese momento se acercaba. Alba estaba segura de que tarde o temprano saltaría a Camboya, pero desconocía exactamente cómo y cuándo, así que se interesó por mi plan en busca de inspiración. "Me voy a una isla paradisíaca y desconocida" le dije. Creo que capté su atención rápidamente, y cuando me preguntó si me importaría que fuese conmigo le dije que, por supuesto, estaría encantado.

De Chalok Baan Kao a Ao Leuk bajo la tormenta
Una de las últimas mañanas, mientras miraba de reojo unas cuantas nubes negras que se aproximaban a la isla, decidí que era el momento de caminar hasta Ao Leuk. Habría que recorrer varios kilómetros de carretera cuesta arriba, atravesar la montaña por pistas, y descender hasta la bahía. Algunos en Ihasia me miraban extrañados.

Todo iba bien hasta que las nubes cumplieron su amenaza y descargaron miles de litros de agua sobre mí cerca de la cima de la colina, entre campos de palmeras. Suerte que llevaba la bolsa impermeable... porque me mojé hasta los huesos aún protegiéndome bajo un árbol en el peor momento del diluvio. Un pequeño escorpión blanco buscaba refugio entre mis pies.



Tras un largo descenso en el que mis chancletas escupían agua como una esponja, llegué a Ao Leuk, pagué la tasa para acceder a ella (sí, es privada...) y dejé que el recién salido sol secara toda mi ropa.

Entrada a Ao Leuk: 100 THB 2,85 €

Cambio: THB 35 = 1€ (aprox.)



En kayak por las calas del sur de Koh Tao
Por suerte, en la última tarde de mi estancia en Koh Tao no estuve solo. Tras discernir durante un rato sobre cómo podíamos aprovechar aquel soleado escenario, Arnie, Vanessa y yo decidimos alquilar un kayak para tres y recorrer el sur de la isla hasta Sai Nuan Beach. De camino pudimos parar en algún que otro rincón precioso que yo ya había podido ver cuando días atrás recorrí esta costa a pie.


Koh Tao, no me hagas esto antes de irme...


Al final de nuestra ruta marítima nos topamos con nuestro objetivo, una espectacular Sai Nuan iluminada por la luz debilitada del final del día. Dejamos el kayak a un lado de la playa y nos tomamos nuestra visita con calma. Unas fotos, un bañito, algo de snorkel, unos balanceos en el columpio (con caída incluida)... Me habría quedado allí para siempre.


Qué mejor para despedirme de Koh Tao que hacerlo en mi playa favorita. No podía asimilar que aquello se acabara, pero estaba feliz. Por haber vivido allí durante casi dos semanas, y sobre todo por haberlo absorbido todo. Por haberme parado a apreciar los momentos y ser consciente de ellos, de lo bien que me sentía allí.


De vuelta en el kayak me sentí tentado de pedirle al sol que se detuviese, que aquel día no acabara nunca... Pero nuevas cosas geniales estaban por venir, aunque fuera triste alejarse de Koh Tao. Lo peor es que decirle adiós al paraíso también implica despedirse de las personas que forman parte de él.

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