octubre 19, 2017

Nos despedimos de El Nido visitando el "Paradise"


El Nido nos había deparado muchas alegrías y algún que otro -muy- mal rato. Sí, aquí viví uno de los momentos más angustiosos de toda mi vida, y Neda también sufrió su noche de vomitonas cuando yo ya me estaba recuperando. Uno de los siguientes días, una chica en la cabaña de al lado se contagió -seguramente- de lo mismo, y la escuchábamos vomitar como si se le escapara el alma. Horrible. Un rato después la encontramos tirada en la puerta de la cabaña, llorando desconsolada, antes de que un grupo de viajeros se la llevara, probablemente, al hospital.

Es fácil caer en las garras de la epidemia que campa por El Nido, pero ni eso es capaz de eclipsar las maravillas de este lugar. Y aunque Corong Corong es la zona más tranquila, no está exenta de vida, como ya os he contado en diarios anteriores. Hay muchas pequeñas personas correteando por aquí entre las que hacer amigos. Y eso es algo que estaba empezando a aprender de Filipinas, lo fácil que es que sus gentes te sonrían. Qué contentas se pusieron estas crías cuando les arreglamos las hamacas.


Éste era el último día de Neda en El Nido. Por la tarde debía tomar una furgoneta que la llevaría a Puerto Princesa, donde un avión la devolvería a Batangas, para celebrar el cumpleaños de su abuela. Uno de mis planes iniciales era ir con ella, pero finalmente quise quedarme en Palawan a exprimir un poco más la isla. Así que para estas últimas horas quisimos hacer algo nuevo, y pensamos que merecía la pena echarle un vistazo a la isla de Cadlao.

Para ir hasta allí habría que hacerlo en tour o por nuestra cuenta en kayak. Elegimos la segunda opción, que tanto nos gusta, y para eso nos acercamos a la playa del pueblo.

Kayak doble en El Nido (4 horas): 400 PHP 7,5 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

Cadlao Island no se encuentra lejos de El Nido, y la mayor parte del trayecto se hace protegido por las altas paredes del archipiélago, pero a la hora de cruzar el estrecho que separa las orillas conviene valorar el estado del mar, no vaya a ser que nos encontremos con corrientes, vientos u oleaje inesperado. En nuestro caso, el viaje se desarrolló sin problemas.


Tocamos tierra en Paradise Beach, completamente solitaria, toda para nosotros. Nos tomamos la visita con calma, bañándonos, tomando el sol... La verdad es que no nos apetecía recorrer mucha más distancia por miedo a que la vuelta fuera más dura (con viento en contra). Pero como broche final a nuestra estancia en El Nido fue ideal.



De vuelta en el pueblo disfrutamos de un rico almuerzo en algún restaurante de la playa y no mucho más tarde volvimos a Corong Corong para que Neda tuviera tiempo de preparar la mochila. Al pasar frente a la clínica en la que había estado ingresado días atrás le pedí a Neda que me hiciese esta fotografía.


Todavía no lo sabíamos, pero no volveríamos a coincidir hasta dentro de casi tres semanas, en Bohol. Es una pena que ella no tuviera oportunidad de visitar todos los lugares en los que estuve hasta entonces, pero su familia era más importante que eso. ¡Nos vemos pronto, Neda!

Yo también dejé cerrado mi transporte para el día siguiente. Mi mirada estaba ya puesta en un pequeño pueblo más al sur... Port Barton.


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