septiembre 27, 2017

Luchando por disfrutar de El Nido en el Kraken

Una vez superado el mal trago y recuperadas las fuerzas suficientes, era hora de continuar disfrutando de El Nido y de Bacuit. La misma mañana que me retiraron la vía del antebrazo nos acercamos a la playa del pueblo porque días antes habíamos reservado uno de los tours del Kraken.


El precio del Kraken es más elevado que el del resto de tours, básicamente porque el servicio es de mayor calidad. El barco es grande, espacioso y cómodo. La bebida es ilimitada y la comida es servida en cantidades y en variación incomparables con el resto de empresas. Los tours a elegir son dos: una combinación del A y B, o la combinación del C y D, parando en sus lugares más destacados.
Todo parecía indicar que sería una experiencia fantástica, si no fuera por dos razones: mi dieta (y todavía debilidad) y la climatología.

Tour Kraken El Nido (AB): 2800 PHP 52,8 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

+ 200 PHP de la tasa medioambiental si no la tenéis ya.

Combinación de destinos de los tours A y B:
- Big Lagoon
- Small Lagoon
- Snake Island
- Pinagbuyutan

Otro de los fuertes del Kraken es que no sigue el patrón horario de los demás barcos. Se sale un poco más tarde y se vuelve tras el ocaso. A parte de incluir un precioso atardecer desde el mar, es más probable que se esté solo en las localizaciones. Así pues, sobre las 11:00 de la mañana embarcamos.

Yo miraba el cielo con desconfianza. No me gustaban esas nubes blanquecinas que nos privaban de la luz del sol, ni tampoco el viento que agitaba el mar más de lo deseable. Aquellas islas iban a seguir siendo preciosas, pero ya me conocéis, un fotógrafo como yo prefiere un sol radiante y aguas tranquilas. No siempre se tiene suerte...

En Big Lagoon, la primera parada, ya tuve que hacer uso de una fuerza que no tenía, para entrar en la laguna con el kayak y después salir de ella contra la corriente. Creía que me volvería a desmayar. Aun así, pude disfrutar del lugar, de sus altas paredes que resguardaban del viento y de los estrechos pasadizos en la roca.



Al volver al barco, el revoltoso mar hizo que el kayak volcara, yo mantuve mi bolsa impermeable por encima del agua como en un reflejo relámpago y Neda perdió su GoPro, que se precipitó hacia las profundidades. Milagrosamente, un miembro de la tripulación la encontró y la devolvió a la superficie. Bienvenida, Neda, al club de los recuperadores de GoPros.

A poca distancia se encontraba Small Lagoon, a la que se accedía por un pequeño túnel por el que apenas cabía un kayak. Había que tumbarse para pasar por él. Al otro lado, una laguna de agua esmeralda guardaba algún que otro secreto en forma de cuevas. Realmente curioso acceder a una de ellas con el kayak y ver cómo la luz se colaba por pequeños agujeros superiores.



Al Kraken le costó encontrar un lugar que nos resguardara del viento y la marejada lo suficiente como para poder almorzar tranquilos. Y cuando lo encontraron, sacaron todas aquellas bandejas de comida riquísima que yo solamente podía observar. Mentiría si dijese que un poquito no probé... pero si hubiera sido en otras circunstancias, me habría puesto fino... ¡Qué rabia!


Tras el almuerzo y un tiempo en el que podíamos pegarnos un baño o snorkelear, nos dirigimos a Snake Island. Este lugar, de islas con perfiles bajos, peñascos de roca que sobresalen y aguas claras, me recordó a aquellas islas perdidas del Pacífico Sur. Entre ellas se extendía una serpenteante lengua de arena, ahora cubierta por la marea.


Es aconsejable subir a lo alto de Vigan Island para ver el paisaje desde su mirador. Puede que os crucéis con algún mono por el camino.



El sol iba cayendo y el Kraken navegó contra las olas y el viento rumbo hacia Pinagbuyutan, la impresionante isla de paredes verticales bajo las que descansan un par de arenales muy bonitos. No desembarcamos allí, quizás porque había un vistoso atardecer que presenciar desde el mar, pero me quedé con ganas de pisar Pinagbuyutan y de verla bajo la luz del día.




Para nuestra suerte, tras proveernos de un rico sándwich, el barco atracó en Corong Corong, a metros de nuestra cabaña, cuando ya estaba oscuro.
Me dio pena que el mar y la meteorología no estuvieran de nuestro lado durante este tour, aunque los paisajes seguían siendo espectaculares. Me dio más rabia aún que mi debilidad física no me dejara disfrutar de ellos al cien por cien. Habría sido una experiencia totalmente distinta. De todas formas, agradezco a la gente del Kraken que pusieran todo de su parte para que el tour funcionara.

Esperaba que mi salud mejorara, porque quedaba mucho por hacer en El Nido.

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