agosto 07, 2017

Viajar mata fanáticos, pero los fanáticos no viajan


Pienso que la afinidad política está intrínsecamente relacionada con la moralidad y la filosofía de vida de la persona. Hay quienes intentan separar esos conceptos, quienes quieren creer que los gustos políticos no definen al individuo, como si el que vota al partido que no quiere acoger refugiados pudiera ser al mismo tiempo una buena persona. A mí me parece absurdo. Es innegable que la política define la personalidad y los valores más profundos de quien la simpatiza, por lo tanto, la política es un reflejo de sus ideales.

¿Y a qué demonios viene todo esto, Dabid, en un puñetero blog de viajes?

He conocido a gente totalmente opuesta a mí en lo político, y por lo tanto también en cualquier otro aspecto de la vida. Gente con la que, sinceramente, no podría tener una relación continuada, porque nuestras ideas chocan. Otros de moral similar a la mía sí lo consiguen, quizás porque son menos idealistas que yo o quizás porque consiguen evitar mágicamente los temas en los que difieren. Yo no puedo más que mantener unas justas palabras de cordialidad.

Dabid, me estás cabreando, ¿a qué viene todo este rollo?

Mi impulso a viajar no tiene nada que ver con una mera atracción vacacional. No es descansar. No es dejar la mente en blanco. No es meterme en un resort y olvidarme del mundo. Todo lo contrario. Mis ganas de recorrer el planeta están completamente cimentadas en mi respeto por lo diferente, en mi propósito de desaprender, de darme cuenta de lo equivocado que estaba, de aprender a valorar la diversidad del mundo, y de apostar por la conservación de lo incomprendido. Los valores que definen mi persona me permiten viajar, y viajar me permite reforzar y completar esos valores.

Ajam. Y...


Y yo me pregunto... ¿es capaz de hacer eso una persona política e ideológicamente opuesta a mí? Una vez se me acercaba un@ de ell@s, conociendo mi gusto por los viajes, y me decía: "Jo, qué suerte, yo quiero hacer eso. Quiero viajar." ¿De verdad? Sólo hicieron falta un par de frases previas para saber que esa persona era ultranacionalista, xenófoba, y en definitiva altamente intolerante con todo aquello que considera "no de aquí" o simplemente diferente. Y me pregunté: ¿Cómo podría viajar alguien así? Si viajar es precisamente todo lo contrario a lo que él/ella cree... ¿Cómo podría tener cabida EL MUNDO, con todos sus colores, rarezas y misterios, en una mente tan blindada y obscura?

Entonces, crees que alguien de ese nivel de conservadurismo, intolerante, radical en ese aspecto, no debería viajar...

Creo que todo el mundo debería viajar, lo que dudo es de si serían capaces. Y con viajar no hablo de montarse en un avión y poner un pie en otro país. Viajar es mucho más. No puedo imaginar a una persona tan cerrada, tan dispuesta a juzgar y a odiar, a un fanático, observando el mundo y aceptándolo como es. Y si consigue hacerlo, si ese fanático sale ahí fuera y deja que las sensaciones lo desborden, que lo nuevo lo sorprenda, que lo diferente le guste... entonces creo que viajar puede redimirlo. Viajar puede matar fanáticos. Como decía Miguel de Unamuno "El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando". Pero ese no es el problema. El problema es que los fanáticos no viajan, y nunca estarán dispuestos a hacerlo.

¿Y qué piensas cuando esa persona extremista te dice que quiere viajar como tú?

Pienso que ojalá lo hiciera.

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