mayo 07, 2017

Subiendo al cielo, bajando al moro. Mochilero en Marruecos

Artículo escrito por Ander Gil:

- Oye Ander, ¿dónde te vas de vacaciones?
- Me voy a recorrer Marruecos de mochilero, con dos amigos.
- ¡Estáis locos! ¿Cómo vais a esos sitios? Tal y como están las cosas... a ver si os va a pasar algo...
Los prejuicios hacia la cultura árabe y los musulmanes, por desgracia, están a la orden del día. Y he decir que el remedio más efectivo para combatir este y otro tipo de prejuicios culturales es viajar, descubrir mundo.

Marruecos atrapa. Llegas a Marruecos con prejuicios, con todas esas imágenes de los peligros que acechan en las calles marroquíes, cosa que nos venden los medios de desinformación. Pero al poco tiempo de llegar, cuando te saludan desde la puerta de una casa, cuando ves la sonrisa de los niños, cuando escuchas por primera vez la llamada de la mezquita, entonces te das cuenta de que lo mismo no tenías ni idea de qué es Marruecos.
Tras siete días viajando desde el sur hasta el norte, pasando por el desierto y el alto Atlas hago un balance de mis primeras impresiones.


Lo primero que este lugar me ha aportado es un golpe de humildad. No es que haya viajado mucho pero Marruecos no se parece a nada que hubiera visto antes. Este es un lugar que tiene mucho que ofrecer y más aún cuando te vas quitando la venda de los ojos. Si vienes con odio y los tratas mal, lo olerán y te tratarán mal como en muchos lugares. Si vienes con respeto y a escucharles, te sorprenderás de la cantidad de cosas buenas que puedes obtener.

Siento un poco de vergüenza por que, estando tan cerca, supiera tan poco sobre este país. Es impresionante la cantidad de ideas erróneas que tenemos sobre esta zona del mundo. Marruecos es cercanía, contrastes, cultura, encanto, color, luz, diversidad y también un poquito de caos, aunque ordenado a su manera. Es uno de esos países donde puedes aprender que los más humildes son los más generosos y aunque convivas sólo unos días, la realidad marroquí ya te habrá enganchado.


Existen muchas agencias que se dedican a organizar viajes por Marruecos y no me cabe ninguna duda de que puede ser una opción interesante. Sin embargo, esta vez, el hecho de ir por nuestra cuenta ha sido un punto muy a favor. A parte de haber sido un viaje muy económico, ha resultado más interesante, más fresco, descubrir el país por nuestros medios sin la ayuda de un guía ni la seguridad de un grupo organizado, dejando las puertas abiertas a la auténtica aventura. Muchas veces los viajes organizados nos llevan tan deprisa de un lado a otro que apenas tenemos tiempo de conocer algo más del camino, perdiendo la ocasión de tratar con la gente del país o de disfrutar de los magníficos lugares que podemos encontrar.

De Marrakech me quedo con su medina (ciudad antigua amurallada), una ciudad que ofrece color, sabor, olor y algún regateo que otro. Un lugar con ambiente tanto diurno como nocturno, rodeado de diferentes tipos de bazares de ropa, comida, artesanía, barberías... teniendo como punto de referencia la gran plaza de Yamaa donde podrás encontrar encantadores de serpientes, artistas callejeros, malabaristas y una gama de lunáticos inofensivos durante todo el día.


Convivir con los Bereberes, aquellos con una cultura de historia milenaria, entre aldeas de barro colgadas en las laderas del Atlas, es algo que deja huella. Uno aprende a disfrutar del lento ritmo de vida en estos pueblos, de sus pequeñas chozas de barro y paja, de su gente, gastronomía y sus paisajes al margen del turismo masivo y de cualquier contaminación de la vida moderna. Lugar idóneo como golpe de realidad, que te hace reflexionar, valorar lo que tienes y darte cuenta que con poco también se puede ser feliz.

Merzouga, desierto del Sahara. Aunque montar en camello tenga sus consecuencias, es una experiencia obligatoria donde poder disfrutar del silencio del desierto, dormir en jaimas o al aire libre viendo las estrellas, subir por las dunas descalzo, cenar a la luz de las velas y disfrutar con sus habitantes de una velada a ritmo de rito bereber.


Chefchaouen, o también conocida como Chauen, a pesar de ser destino turístico de los amantes del hachís, no debe faltar en el viaje de cualquiera que visite Marruecos. Lugar de ensueño en el que perderte por las estrechas calles de la medina, rodeado de casas azules celestes, niños corriendo y jugando alegremente que hacen que por momentos te sientas protagonista de un cuento. Si fumas porros y en Chefchaouen no das con ellos, es probablemente que sea porque ya estás muy fumado.

Aunque solo hayan sido unos días conviviendo con la realidad marroquí, ha sido suficiente para engancharme. Vuelvo a casa, pero con otra perspectiva del mundo a antes de viajar a Marruecos. Y ya estoy preguntándome cuando será la próxima vez que visite este país vecino, tan cerca y a la vez tan desconocido.

حتى ذلك الحين مراكش

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