diciembre 17, 2016

Un día en Oslo. Qué ver y hacer

ÍNDICE

En la tarde de nuestro penúltimo día en Noruega, justo antes de llegar a la capital, nos detuvimos en una tranquila área de descanso rodeada por árboles. Montamos nuestra tienda de campaña a duras penas, y nos pegamos una buena cena con ayuda del material de cocina de los polacos.

El nuevo día resultó soleado, caluroso. Los polacos dejaron su coche en una parada de tren a las afueras de la ciudad y se unieron a nosotros para adentrarnos en la urbe, así ellos podrían volver solos a por su coche y solamente pagaríamos un aparcamiento. Nos costó, pero lo encontramos, aunque por un ojo de la cara, en pleno centro.

Parking en el centro de Oslo
2 horas: 134 NOK 14,4 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

Evidentemente este aparcamiento era -muy- temporal. Nos daría margen para localizarnos, buscar algo de información, ver lo mas llamativo y movernos de allí. Además, más tarde encontraríamos aparcamiento gratuito en la propia ciudad, algo que parecía imposible...

Un día en Oslo
Oslo es perfecta para recorrerla a pie. De todas formas, puede que necesites utilizar el transporte público alguna vez. Una opción que deberías valorar es la de hacerte con el Oslo Pass de uno, dos o tres días, dependiendo del tiempo de tu estancia. Este pase especial te permite entrar sin pagar a todos los museos, recibir descuentos en visitas guiadas y restaurantes, utilizar todos los transportes públicos... Debes valorar si te merecerá la pena o no.

Precios del Oslo Pass (2016)
Adultos
Uno de los puntos de venta es el Oslo Visitor Center. Más info pinchando aquí.

Ayuntamiento
Comenzamos nuestra travesía por la capital visitando el elemento turístico que más cerca estaba del coche: el Ayuntamiento.

Este sobrio edificio es inconfundible y a veces puede servirte de guía si te desorientas en medio de la ciudad. No solamente es célebre por su arquitectura y sus dos torres gemelas, sino también porque aquí se entrega todos los años el Premio Nobel de la Paz. ¡Seguro que ya lo sabías!

Según la oficina de turismo, puedes realizar visitas guiadas por su interior que se organizan a las 10, 12 y 14 horas. Debe ser interesante.

Karl Johans gate y el Parlamento
Desde allí nos trasladamos hacia la cercana avenida Karl Johans gate, que une directamente la plaza Jernbanetorget con el Palacio Real. Salimos a la altura del Teatro Nacional y nos dirigimos hacia el Este, alejándonos del Palacio (que visitaríamos más tarde), hasta darnos de bruces con el Parlamento.


Seguimos la Karl Johans, rodeados por edificios neoclásicos y de pasado burgués, y nos topamos con una multitud ordenadamente apelotonada en torno a una valla de hierro que rodea la Catedral de Oslo. Hay un silencio majestuoso, tanto que nos vemos obligados a bajar el tono de voz. La gente parece expectante. Decidimos preguntarle a un hombre qué es lo que ocurre y nos recuerda que es 22 de julio, aniversario de los atentados de 2011 en los que un loco ultra-derechista asesinó a 77 personas. Dentro de la Catedral los mandatarios noruegos asistían a una ceremonia en recuerdo de las víctimas.


Dos manzanas después llegamos a Jernbanetorget, la plaza de la Estación Central. Aquí encontraréis el Oslo Visitor Center donde, como a nosotros, os podrán dar consejos de primera mano. También podréis llevaros mapas y guías en castellano de forma gratuita.

Ópera de Oslo
Nuestra siguiente parada fue la famosa Ópera de Oslo, el resplandeciente edificio de mármol que parece surgir de las aguas del fiordo. El sol brillaba tanto, y el reflejo en la superficie blanca era tan intenso, que era realmente cegador. ¡Gafas de sol a mano!




Toda la fachada se puede recorrer a pie y ofrece buenas vistas del entorno y de su propia curiosidad arquitectónica. Si podéis, entrad dentro.


Palacio Real
Sin prisa pero sin pausa regresamos a Karl Johans y, esta vez sí, fuimos derechos al Palacio Real, porque estaba a punto de tener lugar el cambio de guardia.


Palacio Real de Oslo
Cambio de guardia: 13:30 h.


Fue en este momento cuando nos separamos de Pawel y Patryk. Ellos ya habían estado en Oslo, por lo que tenían planes distintos a los nuestros. También fue la última vez que nos veríamos. ¡Fue un placer compartir parte del viaje con vosotros!

Península de Bygdøy y sus museos
Eder y yo corrimos a "desaparcar" el coche antes de que nos multaran por pasarnos de tiempo, y nuestro siguiente destino fue la península de Bygdøy, repleta de museos. Si no tenéis coche podéis ir en el bus número 30, aunque la mejor opción es coger el barco que sale del muelle 3, junto al Ayuntamiento.

Algunos de los museos que podéis visitar en Bygdøy son el Museo de Barcos Vikingos, el Museo de Kon-Tiki (la balsa que utilizaron para llegar a la Polinesia) o el Museo del Barco Polar Fram. Me quedé con enormes ganas de visitar los dos últimos, sobre todo la Kon-Tiki, aunque supongo que nos asustaron un poco los precios...

Horarios y precios de museos en Bygdøy (verano)
Museo de Barcos Vikingos: 9:00 - 18:00.

Museo Kon-Tiki: 9:30 - 18:00

Museo del Barco Polar Fram: 9:00 - 18:00

A veces el contenido de estos museos puede resultar escaso, pero quien se sienta atraído por la historia no debería dejarlos pasar. Atención, porque con la entrada al Museo de Barcos Vikingos está incluida la entrada al Museo de Historia del centro de la ciudad.


Museo de Historia
Seguimos el consejo de la simpática chica de turismo y nos acercamos al barrio de la embajadas en busca de parking gratuito... ¡conseguido! No nos lo podíamos creer. Ya sabéis a dónde tenéis que ir para aparcar gratis en Oslo: a las embajadas.
El camino, ahora de nuevo a pie, nos llevó de vuelta a los parques que rodean el Palacio Real y decidimos visitar el cercano Museo de Historia que, al igual que el Museo Británico, tiene una curiosa colección de reliquias de diferentes culturas y épocas. Desde momias de Egipto hasta armaduras samurai.

Museo de Historia

*Recordad también que con esta entrada podéis acceder al Museo de Barcos Vikingos.

Específicamente de la cultura vikinga, el museo cuenta con murales, grabados, monedas de oro, joyas, espadas, escudos, utensilios, yelmos... ¡de todo! Pero sin duda su protagonista es el único casco vikingo que se conserva en la actualidad. ¡Apasionante!


Barrios Aker Brygge y Tjuvholmen
Durante el siguiente par de horas comimos (haciendo malabares por comer lo más barato posible...) y paseamos tranquilamente por la ciudad. Nos sorprendió el gran ambiente de sus calles y la vitalidad de una ciudad que nos habíamos imaginado fría y seria. También es cierto que este aire más desenfadado acarrea algunos problemas de seguridad típicos de las urbes; será el único lugar de Noruega en el que os inste a tener cuidado con vuestras pertenencias.

Con la suave luz de la tarde recorrimos el barrio Aker Brygge, en el muelle, absolutamente repleto de gente paseando, bebiendo en las terrazas, comiendo helado... Aquí se concentra el ocio de Oslo. La música de los restaurantes apostados sobre el agua animaba el lugar. Parecía una ciudad mediterránea en todo su esplendor.


En su extremo se encuentra el modernísimo complejo de Tjuvholmen, que incluye edificios residenciales, un museo de arte moderno, ¡y una playa! Me dejaré de palabras y os enseñaré las fotos. Parecía un set de película futurista.



Parque Vigeland
Muy a nuestro pesar, abandonamos el buen rollo de este barrio y atravesamos la ciudad hasta el Parque Vigeland y sus esculturas. La luz dorada del atardecer resaltaba la silueta de las estatuas desnudas, y la apacible temperatura invitaba a tumbarse en la hierba y relajarse. Al igual que el resto de la ciudad, el parque rebosaba vida.


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Tras una breve visita nocturna al Aker Brygge -se nota nuestro amor por ese lugar- salimos de una ciudad que nos había encantado, y pusimos rumbo a los alrededores del Aeropuerto Internacional Oslo Gardermoen, donde pretendíamos encontrar un área de descanso en la que poder acampar hasta la mañana siguiente. La encontramos a la orilla de un pequeño lago, con mesas, zonas de hierba perfectas para colocar la tienda y un moderno baño. La aventura se acabó allí, bajo el rumor de los aviones, viendo ir y venir a múltiples roadtrippers que o bien empezaban su viaje o, como nosotros, estaban a punto de acabarlo.

Poco tengo que decir sobre Noruega que no haya querido expresar ya con la narración de esta experiencia. Creo que la sensación de maravilla está plasmada en las letras, fotos y vídeos que os he ido mostrando. Noruega fue un día un sueño lejano, pero ahora se ha convertido en un amado recuerdo. Gracias a Eder por ser un compañero de viaje tan genial. Agur Noruega, hasta la próxima.

Diario anterior: Rjukan, el pueblo sin sol, y la iglesia de Heddal

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