diciembre 02, 2016

La cascada Månafossen y la carretera hacia Kjerag


Padre e hijo polacos tenían un mayor problema con el coche del esperado. Debían ir a una ciudad cercana a por recambios oficiales, así que Eder y yo decidimos seguir nuestro camino y -quizás- volverlos a encontrar más tarde. Nos quedaban pocos días en Noruega y el tiempo corría.

Ferry Oanes - Lauvvik
Un coche, dos adultos: 103 NOK 11 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

Kjerag, nuestro siguiente objetivo, no quedaba especialmente lejos, pero para llegar hasta allí había que dar un gran rodeo alrededor del Parque Nacional de Frafjordheiane. De todas formas, no nos venía mal para hacer una parada en el camino, concretamente en la cascada Månafossen. Para ello fuimos hasta Frafjord y dejamos el coche en el parking que hay al final de la carretera.

Aquí se encuentra el inicio de una caminata de unas 4 horas que sube hasta Mån. En Mån hay un alojamiento con 34 camas.

Poco después de empezar, a unos 20 minutos / media hora del parking, se encuentran los miradores naturales a la impresionante cascada de Månafossen, una caída de agua de 92 metros. Este tramo es muy empinado, a veces complicado, con zonas escarpadas y difíciles en las que han sido instalados escalones y cadenas.
Yo lo subí dos veces, la segunda fue cuando, habiendo llegado arriba, me di cuenta de que había dejado la batería de la cámara en el coche (¿Conformarme con el móvil? ¡Ni hablar!). Sí, yo soy de los que baja hasta abajo, coge la batería, y vuelve a subir... ¡corriendo! Buf...

Retomamos nuestro camino a través de paisajes tranquilos y preciosos. Antes de llegar a la localidad de Suleskard tomamos una sinuosa carretera cuyo destino es Lysebotn, el pueblo al final del Fiordo de Lyse, aunque no tendríamos que bajar hasta él.
La niebla lo inundó todo de blanco y en ocasiones apenas podíamos ver unos cuantos metros a nuestro alrededor. Distinguíamos un paisaje rocoso, en algunos tramos repleto de cientos y cientos de hitos de piedra (será tradición parar aquí y colocar uno...). Aquí es donde, por casualidad, nos volvimos a encontrar con los polacos estacionados en una curva; ¡Noruega es un pañuelo!


Cuando llegamos al parking de Kjerag, situado justo antes del descenso a Lysebotn, nos comunicaron que -obviamente- es de pago, así que no queríamos detenernos allí. Decidimos volver a subir un kilómetro, a una agradable campa donde nos había parecido ver tiendas de campaña. Era el sitio perfecto.

Era temprano así que tuvimos tiempo de dar un paseo y bajar andando hasta el parking. Allí había una oficina de información (donde también alquilan material de montaña), baños, y el café/restaurante/mirador con impresionantes vistas al fiordo... Vistas que no pudimos disfrutar por culpa de la niebla. Os dejo una foto de internet.


Tuvimos una agradable charla con el guarda de la oficina -que, si no recuerdo mal, era estadounidense o canadiense-, le dijimos dónde dormíamos, y nos recomendó un atajo para la excursión de mañana sobre el que os hablo en el siguiente diario.


La niebla parecía estar disipándose y pudimos disfrutar de unos bonitos colores al atardecer. Con suerte, mañana tendríamos un día soleado, perfecto para disfrutar de la ruta a Kjerag. Mientras, hicimos algunas amigas lanosas, aunque unos se lo pasaban mejor que otros con ellas... ¿eh Patryk? :D Eso sí, nosotros no nos quedamos cortos...



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