noviembre 25, 2016

Excursión a Preikestolen, el Púlpito

PREIKESTOLEN

Distancia: 4 kilómetros hasta el Púlpito.
Desnivel: 330 metros.
Tiempo: 4 horas ida/vuelta aprox. a un paso tranquilo.
Dificultad: baja/media. Tramos de grandes piedras.
Cómo llegar: normalmente se sale desde Stavanger y se cruza en ferry hasta Tau, ya sea con coche propio o sin él. Si vas a pie, en Tau hay autobuses entre mayo y octubre que dejan en los parkings de Preikestolen. Existen paquetes de billetes de ferry y bus combinados.

El trekking hasta Preikestolen puede considerarse una actividad fácil si se valora la longitud, desnivel y estado de gran parte del recorrido. Aun así, conviene saber que se trata de un entorno montañoso, con tramos de la travesía que requieren un estado físico decente y habilidad para andar por terreno no pavimentado (acondicionado solo en pequeñas zonas).

Para alguien acostumbrado a andar por montaña o a hacer cualquier otro deporte, la subida a Preikestolen no entraña ninguna dificultad. Pero aquellos menos experimentados o con deficiencias físicas pueden encontrarla más exigente. Es importante no olvidar que se trata de montaña y debemos ir bien equipados, dando especial importancia al tipo de calzado.

En un viaje como éste, no te la juegues.
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Con la mejora de la meteorología pusimos rumbo a Preikestolen. Poco después de pasar Jørpeland encontramos el desvío hacia los parkings. Íbamos a incumplir una de las principales normas para visitar todo sitio natural turístico: evitar las multitudes yendo muy temprano o muy tarde. Nuestra prioridad era buscar el buen clima, aunque nos costara compartir la experiencia con cientos de personas, así que la intención era subir a la tarde.

Una vez en el masivo parking, nos pasó lo mismo que en Trolltunga: nos quisieron cobrar en efectivo, cosa que no teníamos. Nos pidieron que, una vez aparcados, acudiéramos a los cajeros automáticos para poder pagar con tarjeta. Dejamos el coche tan lejos de estos cajeros que dijimos "Ya pagaremos a la salida..." (je je...)

Parking Preikestolen
Un coche: 150 NOK 16,1 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)


*No puedo aseguraros este precio personalmente porque no llegamos a pagar.

Comenzamos a subir junto con otros 200 millones de personas. Otros 400 millones bajaban ya de la travesía, la mayoría viajeros de cruceros reconocibles por la pegatina en el pecho. Nosotros íbamos a un ritmo alto, así que os podéis imaginar nuestra desesperación al no poder avanzar. Mucha gente de la que viene aquí no ha pisado la montaña en su vida, y se encuentran con un sendero que no es un camino de rosas. Algunos tramos, como pendientes de rocas enormes, o zonas embarradas, requieren algo de habilidad.
Pero bueno, tocaba respirar hondo y esperar que nadie se hostiara en nuestra presencia. A mí me preocupaba más la cantidad de gente que habría en el Púlpito, pero ésta había sido nuestra decisión... Mi idea era esperar varias horas arriba hasta que se vaciara un poco, aunque esto a los polacos no les moló nada.

El paisaje de Ryfylke era muy bonito, verde y rocoso. El sendero regala algunos lindos miradores que los viajeros suelen pasar por alto.


Y unos cientos de metros antes de llegar al Púlpito, el camino se asoma vertiginosamente al fiordo de Lyse y ya produce vértigo. Es gracioso cómo algunos se arriman temerosos a la pared para alejarse lo más posible del abismo.


Como cabía esperar, Preikestolen estaba a rebosar. Propuse la idea de buscar un sitio tranquilo en el que comer algo y esperar a que las multitudes se fueran. No íbamos a tener el lugar para nosotros solos, pero al menos en las fotos no saldríamos rodeados de chinos. Exploramos algunas zonas más elevadas y éstas nos ofrecieron bonitas vistas del icónico lugar.



Según fue cayendo la tarde, el Púlpito se despejó. Aún eramos muchos ahí arriba, pero ahora podíamos arrimarnos tranquilos al borde sin necesidad de esperar una cola. Había quienes soltaban un pequeño suspiro de angustia cuando veían que nos sentábamos al borde de una caída libre de 600 metros.



El sol estaba cerca del horizonte cuando descendimos la montaña de vuelta a los parkings. A la salida nadie pedía tickets de ningún tipo, así que acabamos por no pagar el aparcamiento. Una cosa es ser legales, y otra tontos...
El coche de los polacos, al que le habían metido gasóleo de barco pensando que era gasolina (lo que leéis...), estaba dando muchos problemas y ya apenas andaba, por lo que les acompañamos a Jørpeland en busca de un taller al que pudieran acudir a la mañana siguiente. Eder y yo necesitábamos un lugar donde dormir, así que les dijimos que nos veríamos por la mañana.

Tras buscar zonas de acampada gratuitas (fallidamente) acabamos en el abarrotado camping de Preikestolen, ya entrada la noche. Ni siquiera pasamos por la recepción. Encontramos un hueco, montamos la tienda y a dormir. Ya pagaríamos mañana... o no.



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