octubre 22, 2016

Ascensión al Galdhopiggen, el techo de Noruega

Quizás la actividad más "técnicamente compleja" que realizamos en Noruega fue la ascensión al Galdhøpiggen, la montaña más alta del país y de toda Escandinavia con sus 2.469 metros de altura. No es una travesía difícil, ni mucho menos, pero el desnivel acumulado (1.400 metros) y las condiciones del medio (nieve, hielo, pedreras, frío...) hacen que no sea una opción para todos los viajeros. Si estás en buena forma y tienes ropa de montaña, ¡adelante!

Nos despertamos muy pronto, a las 4:30 de la madrugada. Nuestra intención era subir antes que todo el mundo y tener la montaña para nosotros solos. Al parecer iba a funcionar, todo el mundo seguía durmiendo mientras desayunábamos en la cabaña-comedor. Sólo una pareja nos acompañaba en aquel momento.


Nosotros realizaríamos la ascensión a través de la cresta de roca; de esta forma evitaríamos atravesar el glaciar por el que suelen subir todos los tours guiados. Si quieres realizar la subida por el glaciar, se suele salir desde Juvvashytta (desde donde la ascensión es más suave, con 700 metros menos de desnivel) y valora la opción de contratar un guía o, al menos, vete equipado con crampones.

Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando empezamos a subir. El camino desde Spiterstulen está perfectamente marcado, señalizado con "T"s rojas que sirven de gran ayuda allá donde el sendero se disipa. Se avanza bien, con tramos más sencillos y otros con grandes rocas donde hay que extremar la precaución. Pero sin duda el reto a batir es la continua pendiente; apenas hay tramos llanos entre Spiterstulen y la cima.


Nuestras únicas acompañantes parecían ser las ovejas que nos miraban con curiosidad. Pronto divisamos un par de siluetas en la distancia. Eran dos montañeros más madrugadores que nosotros a los que pronto alcanzamos. A parte de ellos, no había nadie más en el Galdhøpiggen. Nuestra esperanza se depositaba ahora en que la previsión tuviera razón y el sol brillara en la cima durante el tiempo que estaríamos en ella.

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El paisaje era espectacular, y aunque teníamos sobre nosotros un cielo bastante oscuro y nuboso, éste le daba a las vistas un toque bastante épico.




Las extensas palas de nieve pronto dan paso a la arista más rocosa y estrecha de la montaña. En el lado derecho hay una caída casi vertical hasta el enorme glaciar, y en el izquierdo las paredes caen igualmente varios cientos de metros. Es un panorama que sobrecoge. Pero tranquilos, la cresta es suficientemente ancha como para andar por ella con seguridad (en alguna ocasión quizás haya que apoyar las cuatro extremidades y trepar un poco).



Antes de llegar a la última pala que asciende hasta la cima del Galdhøpiggen, se pasa por otras dos cimas menores llamadas Svellnosi y Keilhauss Topp. Si no recuerdo mal, existe la posibilidad de "saltarse" ambas cimas a través de un sendero en la vertiente derecha.
La última pendiente es inconfundible. Ya se distingue la cabaña refugio de la cima y sólo queda un último esfuerzo. Parece mentira, pero una familia había colocado allí arriba su tienda de campaña (y no era una tienda alpina precisamente, sino una tienda familiar de camping). ¡Espero que tuvieran buenos sacos de dormir!



El refugio era acogedor, calentito, y sus enormes ventanales le daban un toque moderno e idílico. Encargado de él estaba un chaval que subía y bajaba cada dos o tres días a través de Juvvashytta. Dormir allí tiene que ser una pasada. Resulta gracioso, pero allí, en la cima del monte más alto de Europa del Norte, había WiFi gratis con muy buena velocidad.



Estuvimos un rato allí metidos, comiendo, tirando de WiFi, y esperando a que la nube gris nos diera un respiro y nos visitara el sol. Y... ¡así fue! La previsión fue exacta y el cielo se despejó lo suficiente como para dejarnos ver los impresionantes alrededores. ¡Exitazo!






Entre WiFi, fotos, almuerzo, contemplación... estuvimos en la cima alrededor de una hora y media. Para cuando nos íbamos ya empezaba a llegar la gente (mucha gente). Así que el plan había salido perfecto: habíamos estado solos y habíamos aprovechado la mejoría del clima mientras estábamos arriba.
Como se puede ver en la siguiente foto, son muchas personas las que suben en tours por el glaciar. A mediodía, esta montaña debe estar más concurrida que las rebajas.


Durante el descenso nos cruzamos con decenas de personas. Algunos nos preguntaban angustiados si faltaba mucho para llegar. Como he dicho: la ascensión no es técnicamente difícil pero sí algo dura. 1.400 metros de desnivel sin respiros es mucho desnivel.
Bajamos acompañados por una pareja noruega, Marit y Marius, con los que compartimos una manera muy divertida de bajar de la montaña (niños, no hagáis esto en casa). Eder y yo nos llevamos un buen golpe en la cadera a consecuencia de una roca que sobresalía entre la nieve, justo al final del vídeo.



Nuestros tiempos fueron: 4 horas 10 minutos para subir (contando paradas para fotos, comer o cambiarnos de ropa), y 1 hora 50 minutos para bajar. Llegamos a Spiterstulen a las 14:00, con ganas de darnos una ducha calentita y ponernos ropa seca.

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