octubre 02, 2016

Ålesund, la ciudad de las islas y el Art Nouveau

Nos quedamos en las afueras de Ålesund para dormir, en un área verde junto al camping "Volsdalen" y a una playa. Estaba cerca de la carretera pero el lugar era relativamente tranquilo y estábamos lo suficientemente cerca de la ciudad como para llegar en pocos minutos a la mañana siguiente.


Cenamos una rica ¿merluza? a la plancha que Pawel había "rescatado" de algún lugar (en el último punto de este artículo tenéis la respuesta) y tras unos pocos tragos de sus licores polacos nos fuimos a dormir.

Amaneció un día radiante. Nos parecía oportuno aprovechar las duchas del camping y Eder se las arregló para conseguir unas fichas en la recepción. Lo que hicimos no estaba "permitido", pero nosotros pagamos por nuestra ducha, así que en realidad no hicimos nada "ilegal". Sí es cierto que, para evitar conflictos, entramos y salimos del recinto casi a escondidas.

Ducha Volsdalen Camping: 20 NOK 2,15 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

Una vez desayunados, aseados y recogidos, nos pusimos en marcha hacia el centro de Ålesund. Y cuando digo centro, quiero decir CENTRO, ya que encontramos aparcamiento gratuito junto al Clarion Collection Hotel Bryggen, en la zona más llamativa de la ciudad. Aún no me explico cómo encontramos parcelas que no fueran de pago... Quizás la señal no estaba puesta todavía...



Así que en un abrir y cerrar de ojos estábamos en medio de toda aquella arquitectura de Art Nouveau, construida a principios del siglo XX tras un gigantesco incendio que destruyó la ciudad. El canal que lo atraviesa ofrece un espacioso respiradero que permite contemplar los edificios colindantes desde la margen opuesta o desde el puente. Uno de estos edificios, el Jugendstilsenteret, es un centro de Art Nouveau que tanto por fuera como por dentro constituye un ejemplo muy rico de este estilo tan europeo.

No estaríamos mucho tiempo aquí así que enseguida nos encaminamos hacia el mirador de Fjellstua. Por el camino no podían faltar las tiendas de souvenirs y los típicos trolls que después veríamos una y mil veces por toda Noruega.


Hasta Fjellstua nos separaban nada más y nada menos que 418 escalones. ¡Las cosas buenas te hacen sudar! Ejem... Las vistas merecen totalmente la pena, y si habéis visto alguna foto de Ålesund en revistas o internet, seguramente estaría hecha desde aquí arriba. El edificio que hace las veces de mirador es un café restaurante que en nuestro caso estaba cerrado. Desconozco si hay que pagar para acceder a su balcón en caso de encontrarlo abierto.



Las mesas y sillas de madera que hay dispuestas aquí arriba también os servirán para recuperar el aliento tras el ascenso.


Durante la bajada y hasta llegar al coche echaríamos el último vistazo a esta preciosa ciudad, ya que aquél mismo día nos esperaban más horas de viaje en carretera hasta llegar a Trollstigen, la épica puerta a los fiordos. ¡Qué ganas!


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