septiembre 10, 2016

Tesoros paisajísticos de camino a Røros

Tras haber visitado Lillehammer, seguimos nuestro road trip hacia el Norte. Primero, nos detuvimos a conocer la iglesia de madera de Ringebu, a unos 50 km al norte de Lillehammer. No es de las iglesias más bonitas del país, pero si pasáis por aquí merece la pena que os detengáis a verla. Hay que pagar por visitar su interior, pero al recinto que la rodea se accede gratis (y así en casi todas las stavkirke). Con eso nos bastó.

Entrada a la iglesia de Ringebu (adulto/niño): 50/30 NOK 5,3/3,2 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)


Justo en Ringebu nuestro camino se desviaba por una empinada carretera secundaria que subía hacia el Noreste. El paisaje que encontramos aquí arriba nos enamoró. El bosque de coníferas dejó paso a una planicie similar a la tundra, y los últimos rastros de civilización se dejaron ver en forma de casitas adorables con el tejado de hierba. La carretera, totalmente solitaria, nos animó a detenernos allí donde quisiéramos, y por momentos parecíamos los únicos humanos de la Tierra.



Las cumbres que asomaban por el Oeste, 100 km más allá, eran las del Parque Nacional de Jotunheimen, que visitaríamos más tarde en el viaje.


Según avanzaba la sinuosa -y preciosa- carretera la vegetación fue menguando, y el paisaje se tornó más rocoso, más alpino, salpicado por algunos lagos. Este tramo natural es cercano al Parque Nacional de Rondane y, aunque era un simple trayecto de camino a Røros, se convirtió en un lugar singular que nos encantó contemplar, uno de los tantos y tan variados paisajes de Noruega.


Como decía, nuestras paradas eran numerosas, y en una de ellas incluso se nos antojó un pequeño paseo hasta una humilde cima cercana a la carretera, desde la que se podía disfrutar de una preciosa panorámica del lugar.


La naturaleza sólo era interrumpida por nuestra presencia, la cortante silueta de la carretera, y algún otro viajero como nosotros a bordo de su autocaravana o acampado en alguna esquina del camino. El único sonido, el del viento.


Poco después la carretera comenzó a descender, regresaron los frondosos bosques de pinos y nos envolvió un paisaje que todos reconocemos como el de Canadá o algún parque nacional de EEUU. Tras llegar a Atna, giramos hacia el Norte y avanzamos a través de un precioso barranco repleto de verde, bordeando el dibujo que iba haciendo el río. La luz se iba debilitando, y aquel día no nos merecía la pena llegar hasta Røros, así que comenzamos a buscar un camping o un lugar de acampada que nos llamara la atención.

A la altura de Tolga, a unos 30 km de Røros, encontramos el Kvennan Camping, con sus tiendas, autocaravanas y cabañas prácticamente sobre la orilla del río Glomma. El precio nos pareció más que decente, así que nos quedamos allí. El lugar era muy bonito y tranquilo, la cocina/baños estaban impecables, y muchos de los huéspedes se equipaban con sus trajes impermeables para adentrarse en el río y pescar truchas. Al parecer es uno de los mejores lugares de Europa para esta práctica, y las reglas de conservación son muy estrictas, siendo obligatoria la liberación de las truchas y otras especies.

Kvennan Camping
1 tienda, 2 personas: 150 NOK 16,1 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)


*Wifi incluido
*5 minutos de ducha caliente: 10 NOK




Suficientes cosas chulas por hoy. Mañana nos tocaba maravillarnos con Røros.

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