septiembre 13, 2016

Røros, Patrimonio de la Humanidad con razón

Comenzaba el que sería un largo (en el buen sentido) y productivo día en Noruega. Tras desayunar y desmontar la tienda reanudamos nuestro camino y en pocos minutos llegamos a la localidad de Røros, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta pequeña ciudad es especialmente conocida por sus minas de cobre, de las cuales aún se conserva su infraestructura y el barrio donde vivían los trabajadores.

Dejamos el coche en un parking de pago (cómo no...) y nos adentramos en la localidad, parando primero en la oficina de turismo para saber qué podíamos visitar en el pueblo. Avanzamos a través de la bonita calle principal, que sube hacia la iglesia, y entramos en alguno de sus comercios. Nos encantó un taller de cerámica a cargo de una simpática mujer que tenía repartidas sus creaciones, con reminiscencias a Gaudí, por dos coquetos pisos y un agradable patio.

Parking en Røros
1 hora: 20 NOK 2,15 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)



Fuera, una niña amenizaba el tránsito callejero con una medianamente acertada melodía de violín a cambio de unas monedas. Supongo que el dinero no le hacía ninguna falta, pero seguro que fue idea de sus padres que, ya que tenía que practicar, lo hiciera en la calle para despertar la simpatía de los transeúntes.



Tras llegar a la iglesia bajamos hacia las minas y encontramos el rincón más encantador de Røros. Unas casas pequeñitas de madera y tejados de hierba separaban las calles modernas de las montañas de piedras extraídas en el período minero. ¡Precioso!




Está permitido subir a estas colinas y queda totalmente recomendado, ya que constituyen un bonito mirador de la localidad.


Atravesamos un puente de madera que nos hizo creer que estábamos en algún lugar del lejano Oeste, y aparecimos a la altura de la iglesia, cuya entrada era de pago pero pudimos contemplar desde su rellano.



El tiempo de parking que habíamos pagado se agotaba, así que no nos quisimos distraer mucho más y nos dirigimos hacia el coche, no sin antes probar el embutido de alce que nos ofrecían en un puesto callejero. Recordad mostrar interés por estos mercados al aire libre y os ofrecerán pequeñas muestras de sus productos.
Nos vamos a Trondheim, el punto más al Norte de nuestro viaje.

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