abril 07, 2016

Llegada a Pangkalan Bun, BORNEO

Entrábamos en la recta final de nuestro viaje por Indonesia. El último paso sería una pequeña aventura por Borneo. Así que abandonamos el Ned's Hide Away de Seminyak y cogimos un taxi hasta el aeropuerto.

Taxi Seminyak - Aeropuerto: RP 80.000 5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
+ RP 5.000 (peaje del aeropuerto)

El vuelo a Borneo lo habíamos cogido hace más de una semana, cuando estábamos en Lombok. En realidad eran dos vuelos, ya que tendríamos que hacer escala en Surabaya, y los reservamos de tal forma que entre ambos transcurrieran casi tres horas. "Será suficiente..." pensamos. ¡CONSEJO!

Ahí va un consejo: si tenéis que hacer escalas en Indonesia, es mejor que sean de muchas MUCHAS horas (incluso de un día para otro). La puntualidad aérea brilla por su ausencia, y es habitual perder vuelos si el periodo de escala es ajustado.


Todo parecía ir bien en el aeropuerto de Denpasar, hasta que llegados a la puerta de embarque vimos que el avión al que se estaba subiendo la gente ¡era el anterior! Es decir, la cosa iba con unas dos horas de retraso. Yo me temí lo peor. Para cuando llegáramos a Surabaya, nuestro siguiente vuelo ya estaría saliendo. Unai es más tranquilo para estas cosas, pero a mí me comen los nervios, así que tuvo que soportarme unas cuantas maldiciones.

El tránsito en el aeropuerto de Surabaya fue una tortura. La espera en la cinta transportadora fue la más larga de mi vida, y una vez cogidas las mochilas corrimos como locos a los mostradores de facturación. No había nadie a la cola. "A tomar por culo" pensé. "Claro, ya han embarcado todos". Pero, ¿por qué seguía abierto el mostrador? El hombre de facturación nos recibió tranquilo y sonriente. "¿Lo hemos perdido?" le pregunté. "No, tranquilos. Va con tres horas de retraso" nos contestó. Alivio gigantesco.

Vuelo Denpasar - Surabaya - Pangkalan Bun: RP 1.525.000 95,3 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)

Desde hace un par de semanas estábamos en contacto con Ruth, la dueña del barco en el que viajaríamos en Borneo. Ella nos esperaría ese día en el aeropuerto para recogernos y llevarnos hasta nuestro hostal, donde pasaríamos la noche antes de embarcar en el klotok El klotok es un barco típico de Borneo reutilizado a día de hoy para transportar a los viajeros por el río.. A consecuencia de nuestro retraso tuvo que esperarnos más de la cuenta, pero Pangkalan Bun, la ciudad en la que aterrizaríamos, es tan pequeña que todos se conocen, incluso en el aeropuerto, y Ruth se entretendría con sus amigos.


Llegar a Borneo supuso una sensación extraña. Esa isla representaba mis sueños más lejanos, las aventuras más inaccesibles, la exploración en los documentales de National Geographic. Creo que desde pequeño me había maravillado con la idea de esa isla en mi cabeza. Uno de los pulmones del mundo. Selva profunda y desconocida. La imagen romántica que yo tenía de Borneo no era una invención, existió de verdad, pero el ser humano arrasa allá por donde pasa.
Lo primero que vimos al llegar a Borneo fue el humo denso y gris de los fuegos forestales. A este problema le dedicaré un artículo pronto. Al fin estaba en un lugar con el que había soñado, pero no lograba ver más allá de su destrucción. Por eso la sensación fue extraña, porque pisé un lugar que había imaginado mil veces y que me maravillaba, pero me di cuenta de que quedaba poco de aquella Borneo que me fascinó.


Una simpática Ruth nos recibió en la cinta de equipajes. Ya en el coche nos dio un par de mascarillas para el humo. Yo nunca la utilicé. El ambiente era gris, como muerto. El aire tóxico. Ruth nos tranquilizó diciendo que en cuanto entráramos en la selva el aire se limpiaría.

Le comentamos que necesitábamos comprar los billetes de vuelta a Jakarta con un poco de urgencia, ya que debíamos salir del país antes de que se acabaran nuestros 30 días de estancia sin visado. Nos llevó hasta una agencia oficial de Trigana, una de las aerolíneas que operan allí, y varias dependientas majísimas se pusieron a buscarnos el vuelo ideal para dentro de tres días. Tanto ellas como Ruth nos recomendaron reservar los billetes con Kalstar, una aerolínea que al parecer no cancelaba ni retrasaba vuelos tan a menudo como Trigana o Garuda. En estas fechas de fuegos forestales, el transporte aéreo se veía muy afectado.

Adquiridos los billetes, nos despedimos de aquella simpatiquísima gente, y Ruth puso rumbo al hotel. Nos preguntó si queríamos ir al más barato o al menos barato. Le pedimos ir al más barato. Era el Hotel Tiara, en el centro de Pangka, con aire acondicionado y WiFi en la recepción.

Hotel Tiara (habitación doble): RP 170.000 10,6 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)

Estoy seguro de que Pangkalan Bun nos habría resultado un sitio más alegre y curioso si el aire hubiera sido claro y se hubiera podido divisar el cielo o el horizonte. Pero bajo aquella grisácea penumbra, todo era deprimente y echábamos de menos incluso las nubes más amenazantes. Las gentes de Borneo esperaban ansiosas la llegada de las lluvias, y yo también las esperé.

Se hizo de noche y llegó la hora de cenar. Echamos mano de un consejo de Ana y Alberto y buscamos un warung que a ellos les había encantado cuando estuvieron aquí al comienzo de su viaje. Por si su experiencia fuera poco, también lo recomendaba la Lonely Planet. Se trataba del Pranaban Fish Restaurant, un restaurante familiar humilde y agradable en el que nosotros mismos pudimos entrar a la cocina a elegir el pescado que queríamos.

Pranaban Fish Restaurant: RP 40.000 2,5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)


Jl. Hasanudin 21

Los rumores eran ciertos. El pescado a la plancha -creo que era bakar- estaba riquísimo y la atención fue muy buena. La carta está en bahasa y nadie en la familia habla inglés, pero el trato fue inmejorable. Si pasáis por Pangkalan Bun, os lo recomiendo. Nos costó un poco encontrarlo, además era de noche, así que os dejo este mapa para aclararos la ubicación:


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