abril 11, 2016

Borneo, Sumatra... ¿qué os hemos hecho?


En el año 2015 Borneo y Sumatra sufrieron el mayor desastre medioambiental de su historia registrada. Fuegos forestales, tanto naturales como intencionados, se extendieron por sus selvas sin que nadie pudiera hacer nada. El cielo de ambas islas, y también el de Singapur y Malasia, se volvió gris. El aire denso, tóxico, casi irrespirable. Los gobiernos desaconsejaron actividades al aire libre, se cerraron colegios, se repartieron mascarillas en las carreteras. Y mientras los humanos lidiaban con su propia destrucción, la vida de bosques milenarios se perdía para siempre.

Yo estuve allí mientras esto pasaba. Visité lo poco que queda de la selva en Borneo, y pasé unos días en Kuala Lumpur respirando el humo procedente de Sumatra. Para bien o para mal, lo viví, y ahora puedo ser una voz para este problema. Es probable que yo no salve lo que queda de las selvas, pero sí puedo abrirle los ojos a mucha gente, y con un poco de suerte puede que alguno de ellos se una a la solución.


La imagen más impactante que nos podamos encontrar, la más emocionalmente cruda, será la de orangutanes muertos en el suelo negro de una selva muerta. Asfixiados o quemados. Es la cara de un desastre que está haciendo desaparecer uno de los ecosistemas más antiguos y más valiosos de la Tierra. Tuve la oportunidad de verlos en Tanjung Puting, un parque nacional al Sur de Borneo, donde los envían a rehabilitarse tras haber sido víctimas de la deforestación. Y allí están, los últimos de su especie, agarrados con fuerza a las ramas, quizás sin saber la enorme amenaza que enfrentan los suyos, pero con el dolor de lo que les pasó a sus familias o a sus antiguos hogares muy vivo en la memoria. Cuando les ves sabes lo que está en juego. Lo que la humanidad está haciendo en estas islas, tanto agravando la estación seca por medio del cambio climático como provocando los fuegos de forma intencionada, es un crimen. CRIMEN.


¿Quién tiene la culpa?
Podemos señalar con el dedo a esos agricultores locales que prenden la selva, o a esas enormes multinacionales que ponen el dinero para que los buldóceres arrasen la jungla. Incluso a los gobiernos que están detrás de esa destrucción indiscriminada. No tienen conciencia... Pero, ¿será práctico señalarlos a ellos? Son culpables, sin duda, pero si les es rentable, si destrozar la selva supone un negocio para ellos, será porque otros les pagamos por ello. Tú y yo.

El aceite de palma. Está en la mayoría de productos que no necesitamos pero nos encanta consumir. Bollería, chocolates, champús, cremas... Al principio eran unas pocas empresas las que lo utilizaban, pero su eficiencia y su bajo coste han hecho que casi todas las demás sustituyan otros aceites por el PALM OIL. El aceite de palma se obtiene -obvio- de la palma, y ésta se planta en grandes superficies de terreno muy fértil y húmedo. Lo suelos de las selvas tropicales son perfectos, con un inconveniente: la selva en sí. La conclusión es simple: si consumimos productos hechos con aceite de palma financiamos la destrucción de la selva.

¿Quieres formar parte de la solución? Hay que trabajar un poco. Cada vez que vayas a comprar algo, mira sus ingredientes y busca las siguientes palabras:

"Palma", "aceite de palma", "palm oil", "palmiste", "palmitate", "grasa vegetal" (una forma de ponerlo sin controversia).

Si viene alguna de estas palabras u otra similar, por favor, ¡no lo compres! Busca una alternativa o replantéate si de verdad necesitas ese producto. Ahora que lo sabes difúndelo y convence a tus amigos y familiares.


Cada año que pasa, la cosa empeora. En 2015 el humo forestal puso en jaque a los gobiernos de los países circundantes. El aire era veneno. E Indonesia reconoció que el problema estaba fuera de control, Borneo y Sumatra ardían de forma catastrófica. Los efectos del suceso eran perfectamente visibles desde el espacio.


Las perspectivas son muy malas. Puede que cuando la estación seca de este año llegue a sus últimas etapas el desastre vuelva a suceder, y con cada incendio el planeta morirá un poquito más. Pero si sabemos lo que pasa, si compartimos y difundimos, estaremos dando pasos hacia un cambio. Hacia el momento en el que los gobiernos y las coporaciones se den cuenta de que las selvas de este mundo no tienen precio, y no valen la textura de una chocolatina, o la suavidad de un champú.

4 comentarios:

  1. Un buen post y un buen llamamiento!
    Un abrazo!

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  2. Excelente post, lo comparto. La ambición y la ignorancia caminan de la mano.

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