enero 19, 2016

Al paraíso de las islas Gili

Nuestro chófer personalizado nos estaba esperando -como prometió- en la entrada de Dreamland. Pero para llegar hasta allí antes tuvimos que bajar por la colina y atravesar la playa, ¡y estaba preciosa! Aún no había nadie y estaba amaneciendo por lo que el mar y el cielo desprendían unos colores increíbles.


El precio que nos cobró puede parecer algo abultado -a pesar de haberlo regateado- pero en realidad su servicio iba a ser Kuta-Dreamland-Kuta para recogernos y llevarnos, además el hombre era muy simpático, y encima nos acercaría a una agencia, así que el precio me pareció justo.

Chófer Dreamland - Kuta: RP 200.000 12,5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)

En la agencia nos pasaron una factura por el traslado al puerto de Padangbai y el barco hasta Gili Air de ¡¡ RP 1.000.000 62,5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
!! Al verlo flipé. Pero claro, haciendo cuentas... éramos dos, así que RP 500.000 cada uno, y dentro de ese precio se encuentra el -caro- billete de barco (unas RP 350.000 22 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
) y el minibús hasta allí.

Estas compañías de barcos privados suelen ser bastante sinvergüenzas y cambian los precios a su antojo. Es la forma más rápida de llegar, pero si no te preocupa el tiempo y sí el presupuesto quizás quieras hacer uso de algún ferry hasta Lombok, llegar por tierra a Bangsal y entonces barca a las Gili. Suele costar la mitad de precio.

El caso es que el minibús sólo nos esperaba a nosotros y pudimos comprar el desayuno en un puesto callejero cercano. Era un nasi goreng (arroz frito) envuelto en una gran hoja verde, salteado con alguna verdura y especias que estaba muy bueno, ¡pero picaba la hostia!

Nos dejó en el abarrotado puerto de Padangbai y localizamos la oficina. Había ya muchos viajeros esperando a que llegara el momento de embarcar, y tras validarnos los tickets y etiquetarnos las mochilas nos unimos a ellos durante unos 45 minutos más.
El barco es un fast boat y la empresa es Ekajaya Fast Boat. Tiene una cubierta interna con asientos y otra superior con cojines en la que se puede viajar al aire libre. Nosotros nos subimos aquí arriba y descubrimos que ya no había casi sitio. Afortunadamente me hice un hueco, y aunque un hippie subnormal me había robado mi cojín para ponerse acolchamiento doble, intenté dejarme de malos rollos y disfruté del trayecto.


Bordeamos toda la costa este de Bali, con magníficas vistas al Gunung Agung, y tras una hora -más o menos- de trayecto comenzamos a ver la enorme silueta de Lombok. Fue acercándonos a ésta cuando divisamos delfines, y yo me apresuré a hacer uso de mi cámara pero tardé demasiado para grabar algo decente.


Uno de los tripulantes puso música para amenizar el viaje. Me hizo gracia escuchar un mix electrónico de la banda sonora de Titanic. No sé si era una elección muy apropiada... Escuchadlo vosotros mismos:



Poco a poco, el diminuto perfil de las islas Gili se iba adivinando. Son islas planas y muy pequeñas así que es difícil distinguirlas hasta que no estás cerca. El barco hizo una parada en Bangsal para dejar a los viajeros cuyo destino era Lombok.


Después prosiguió al islote vecino: Gili Air. ¡Hora de desembarcar! La isla ya mostraba sus encantos.



Fuimos derechos al hostal en el que se había alojado Brenda, a pocos metros del puerto en dirección hacia el interior de la isla. Nuestra amiga nos había hecho el favor de reservarnos una cama grande el día anterior. ¡Qué haríamos sin ella! En el Fantastic Hotel las habitaciones eran curiosas "chozas" de paja y bambú compuestas por dos pisos y colocadas alrededor de un jardín y una zona para sentarse y tumbarse. En el piso de abajo había tres camas individuales en forma de U (cada una con sus respectivas taquillas, enchufe, mosquiteras, almohadas...) y el de arriba era una cama doble con los mismos complementos (¡y un ventilador!). Los baños eran comunes pero estaban al aire libre. Los retretes contaban con ducha a su lado, y estos obviamente eran cubículos cubiertos, pero otro par de duchas no tenían más que una puerta escasa para taparte las... ejem... partes y un tubo de bambú por donde salía el agua (muy rústico, ¡qué guay!).



Tras la recepción había una barra y una cocina privada, y antes de las 10:00 ofrecían servicio de desayuno gratuito. Para disfrutarlo tranquilamente podías optar por el jardín o por la terraza encima del bar, donde había mesas, sofás, alguna hamaca... todo muy chill-out, ¡me encanta!


Fantastic Hotel
Cama doble: RP 220.000 13,7 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)

Cama individual: RP 150.000 9,3 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)

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Antes de lo esperado nos reencontramos con Brenda y, una vez asentados, la acompañamos hasta la playa, donde esperaban unos viajeros que había conocido allí. Eran dos chicas y un chico, si no me equivoco (xP), y creo que ellas eran inglesas y él de alguna otra parte de Europa... no lo recuerdo. El caso es que compartimos alguna que otra conversación interesante y divertida así como parte de nuestra estancia en la isla hasta que cada uno se fue por su lado.

Creo que Brenda se fue a bucear y los demás nos quedamos allí. Probamos las cristalinas aguas, saqué las fotos de rigor... pero casi toda la tarde estuvimos tumbados, comiendo y tomando algo en el The Beach Club, uno de los muchos restaurantes/chiringuitos en la playa de Gili Air. La luz fue debilitándose y pronto llegó el ocaso.




Tengo una laguna de hechos entre el atardecer y la cena, pero supongo que nos fuimos a duchar, nos pusimos "guapos", y fuimos todos a The Beach Club a cenar y a ver una película en el cine que todas las noches monta este restaurante en la playa. Poco después de que empezara nos pilló un chaparrón de cinco minutos y nos fastidió la proyección. Cosas que pasan. La noche siguió con unas cervezas en otro chiringuito cercano y su música en directo. Creo que tenía algo de fiebre, pero con aquella brisa del mar, la música, la compañía, la playa al lado... fue genial. La fiebre me daba bastante igual.
Aquí conocimos a una pareja de recién casados españoles y estuvimos un buen rato hablando sobre el viaje de cada uno, las anécdotas, los consejos... Creo que disfrutaron tanto como nosotros.


Nos enamoramos instantáneamente de Gili Air. Su tranquilidad sin coches ni motos, sus playas de agua turquesa, su ir y venir de barquitos, sus caminos de tierra, los pintorescos carros de caballos, sus campos de palmeras, su musical noche... En general, la enorme paz que se respiraba. La calmada rutina paradisíaca de este pequeño lugar y su espíritu isleño. Oh sí... me quedaría aquí hasta cansarme.

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