enero 05, 2016

Un día explorando Ubud. Monos y arrozales

Aprovecharíamos el nuevo día para conocer todo lo que pudiéramos de Ubud, y como vais a ver a continuación fue una jornada bastante productiva. El centro de Ubud se puede recorrer caminando sin mucho esfuerzo. Desde nuestro hostal, hacia el sur, la calle conducía hasta el famoso Monkey Forest. No es raro ver monos por las calles de la ciudad, pero aquí hay concentrados muchos más. Como bien dice el nombre, el lugar es un bosque habitado por macacos. A la frondosa vegetación la acompañan templos y esculturas salteados.


Lo más divertido de la visita es esquivar a los monos por el camino y luchar contra su deseo irrefrenable de agarrar cualquier cosa que lleves, o comprar plátanos e intentar estar 10 segundos sin que te los hayan quitado de las manos. Algunos son algo agresivos pero si no les molestas en exceso no se meterán contigo. Que no cunda el pánico cuando se te suban o te agarren por todas partes para quitarte la comida que lleves, no seas como esas turistas histéricas que se ponen a gritar como si fueran a morir, pero cuidado con tus objetos personales (bolsos, cámara, gafas...) porque les gusta robar de todo.

El bosque tiene algún tramo realmente bonito y lo único que te sacará un poco del lugar serán las hordas de turistas. Yo tuve mis momentos de mala hostia intentando salir solo en alguna foto.

Monkey Forest: RP 30.000 1,8 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)


Tras esto pusimos rumbo hacia el norte y Unai aprovechó para almorzar en un puesto callejero. Brenda y yo aún no teníamos hambre, encontraríamos algún lugar más adelante. En el centro de Ubud nos topamos con el célebre mercado. La visita me parece obligada tanto para comprar suvenirs ¡CONSEJO! ¡Acuérdate de regatear!

como para experimentar la laberíntica y pintoresca disposición de mil y un puestitos.

Yo aproveché para buscar el sarong y udeng que tanto deseaba. Estos, junto con otros complementos, conforman la vestimenta típica de los hombres balineses. Ante mi pregunta, una vendedora me condujo al interior de su puesto y me mostró diferentes modelos. Tras decidir cuáles me gustaban más y enseñarme ella cómo se visten, comenzó el regateo. Desconozco si le podía haber bajado el precio más, pero el udeng, con el sarong, con la camisa, con el pañuelo de la cintura me salieron por RP 200.000 12,5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
. Muchos de estos sarongs se construyeron mediante la afamada técnica del teñido batik El batik es una técnica de teñido utilizada, especialmente, en Indonesia y Malasia. Muy famosa en Java. Consiste en la aplicación de cera para no teñir zonas no deseadas. Con la repetición de este proceso se consiguen gran cantidad de detalles, colores y formas. Fue incluido en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco
, y la verdad es que el mío me parece precioso. ¡Ya tenía mi traje balinés!

La de la izquierda era una combinación de prueba, el traje final que compré podéis verlo pasando el cursor por el siguiente icono:


Nuestra intención era dirigirnos hacia el sendero de la cresta Campuan. Para ello debíamos cruzar el centro de Ubud y seguir hacia el oeste hasta encontrar el resort Warwick Ibah Luxury Villas. Una vez aquí un pequeño camino atraviesa el río junto al bonito templo de Gunung Lebah y después asciende por la cresta.


El paseo de Campuhan es precioso. Puede acosar el calor y quizás las mejores horas para realizarlo sean las de la mañana o la tarde, pero lo hagas cuando lo hagas las vistas son magníficas y el entorno de ensueño. Este valle fluvial se llama Sungai Wos y el camino atraviesa de sur a norte la cresta que separa los dos ríos. A ambos lados podrás observar unas pronunciadas vaguadas y sus laderas repletas de palmeras y vegetación. A lo lejos distinguirás dos picos: el monte Batur y el Gunung Agung.



Según se va avanzando la geografía se calma y aparecen tierras más llanas con arrozales, casas... Aquí encontramos el lugar perfecto para comer, un precioso café/restaurante de caña y bambú totalmente abierto a los verdes campos. Subimos al piso superior y comimos en uno de los entornos más idílicos que he conocido. El lugar es el Karsa Kafe.



Tras la parada para repostar seguimos el camino y llegamos a la aldea de Bangkiang Sidem. Tras ella se extienden nuevos arrozales por los que merece la pena adentrarse y caminar, ¡os lo recomiendo! El verde del paisaje parecía artificial, y estábamos completamente solos.



Pincha para agrandar

La travesía circular comienza aquí el regreso a Ubud. Entre los arrozales comentados y Bangkiang Sidem hay una carretera que desciende progresivamente hacia el oeste y tras atravesar la vaguada del río sigue hacia el sur. Tras unos cuantos kilómetros se llega al centro. Otra opción, más corta, es la que hicimos nosotros: deshacer el camino recorrido. Y tampoco resulta repetitivo porque conoces otra perspectiva del sendero y -ya entrada la tarde- se observa el paisaje adornado por una luz diferente.


En Pura Gunung Lebah y en un colegio próximo a él se estaban preparando para algún tipo de celebración. Todos vestían trajes tradicionales. Sonaba gamelan por todas partes... ¡Puro Bali! Unai pudo cumplir su sueño de hacer sonar un gong y provocó las sonrisas de todos los chavales que nos rodeaban.


Para aquella tarde habíamos comprado unas entradas para ver un show de danza en un templo de Ubud, y como íbamos un poco justos de tiempo, en cuanto salimos a la carretera principal buscamos un taxi. Caminando por Ubud te ofrecen taxis cada medio minuto, pero curiosamente en aquel momento no encontrábamos ninguno. Cuando logramos llegar al hostal nuestra huésped nos comunicó que el show había sido cancelado y que nos devolvían el dinero. La buena noticia para Unai y para mí es que podríamos verlo mañana, pero ésta era la última noche de Brenda antes de partir hacia las Gili, y por lo tanto no podría disfrutarlo.

Como de costumbre salimos a tomar algo y a cenar con nuestra amiga, y aprovechamos la ocasión para visitar el precioso templo Pura Taman Saraswati y su estanque de nenúfares. Precioso.


No recuerdo cuál de las noches fue, pero en una ocasión fuimos a cenar a un bonito restaurante de Jl. Hanoman con la mala suerte de que justo en frente, en alguna casa, se estaba realizando una matanza de cerdos. Los chillidos de los animales inundaban el barrio y te revolvían algo el estómago. Aquellos gritos daban escalofríos. Una viajera se levantó llorando de la mesa y se fue. Por fortuna nosotros tuvimos más sangre fría y pudimos acabar la cena.

La última velada con Brenda fue mucho más tranquila. Cenamos en un restaurante con música en directo ubicado en la calle principal. En una de las paredes había un cuadro con el nombre de Bali y un adjetivo asignado a cada letra:


Beautiful

Adventurous

Legendary

Inspiring




¡Totalmente de acuerdo!




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