diciembre 30, 2015

Primeras experiencias en la Isla de los Dioses

¡Estábamos en Bali! Era un sentimiento extraño. Había oído hablar de ella durante años y tenía muchas ganas de conocerla, pero la tarde que llegamos estaba demasiado cansado como para darme cuenta de dónde estaba.

No tardamos mucho en encontrar nuestro hostal en Ubud. Creo que seguimos una ruta GPS a partir de la dirección que nos había facilitado Brenda. Con ella nos reuniríamos al anochecer, porque se estaba dando unos buenos masajes al estilo balinés. El hostal, Secret Garden House, estaba ubicado en uno de los gangs de Ubud, junto con la mayoría de alojamientos económicos. En estas callejuelas encontrarás de todo, así que explóralas a fondo.
La única habitación disponible era la "superior", pero tampoco era cara. Su puerta dorada, su pequeña terraza, y el interior rústico me dejaron alucinado.

Hostal Secret Garden House.

Habitación superior: RP 200.000 12,5 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
(dos personas).
Habitación single (una persona): RP 130.000 8,1 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)



Este hostal, como muchos en Ubud, era una gran casa familiar dividida en diferentes edificios. Dentro de sus muros hay lugar para las habitaciones, la casa de la familia, la recepción, numerosos jardines y estanques, altares, un pequeño templo... Y encontrándose en el interior de los gangs, no se escucha absolutamente nada más que el canto de los pájaros. Aquí la tranquilidad es absoluta y todo es muy auténtico.

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Ubud huele a incienso, repartido por toda la ciudad junto a las puras (ofrendas) que se colocan frente a casas, comercios, coches, motos, altares... Se ha vuelto un lugar muy turístico pero aun así me transmitió cierta magia. El hinduismo reinante en Bali se palpaba en el aire y di gracias por no oir a todas horas los rezos de las mezquitas En Bali los musulmanes son una minoría

.
En cuanto vi a los primeros balineses vestidos con sus sarongs y udengs supe que no me iría de la isla sin unos para mí.

Tras el Ijen estaba hecho un asco. Un asco absoluto. Me pegué una bendita ducha en nuestra adorable habitación y después fuimos a cenar, ya reunidos con Brenda. Ella había reservado una excursión en bici para el día de mañana y yo quería hacerla fervientemente, pero la oficina ya estaba cerrada. A la mañana siguiente intentaría acoplarme a la excursión y con suerte habría sitio en la furgoneta de la empresa organizadora. El padre de la familia, dueño del guesthouse, era un empresario de la leche. Tenía muchos contactos e insistía en que él podía ayudarme y que siempre que quisiera reservar algo lo hiciera a través de él para que me diera un precio más bajo. Se portó muy bien.

Somos un poco payasetes...

Hubo suerte.
La empresa elegida era Bali Eco Tours. Puede parecer algo cara pero la verdad es que su tour dura casi todo el día, ves muchas cosas, y desayunas y comes en sitios espectaculares. Hay varias empresas, así que investigad el precio que os venga mejor. Nos recogieron en el hostal sobre las 8 de la mañana (si no recuerdo mal) y nos llevaron al norte de Bali, concretamente al restaurante The Lookout perteneciente al hotel Lakeview, situados ambos en una ladera frente a los impresionantes monte y lago Batur. El monte Batur es un volcán durmiente que ha dado bastante guerra en las últimas décadas, de hecho los efectos de su última erupción pueden verse en la negra lava fosilizada que inunda gran parte del valle.



Con estas impresionantes vistas pudimos desayunar en el bufé libre de The Lookout. Y nos dieron el tiempo suficiente como para maravillarnos con las vistas y disfrutar de la comida.

Cuando terminamos volvimos a la furgoneta y nos llevaron a una plantación de café para conocer cómo se hace el café tradicional en Bali, saborear los distintos tipos, y aprender la elaboración del -ya familiar para mí y fruto de la explotación animal- Kopi Luwak. Nunca me ha gustado el café pero me animé a probar los distintos sabores y había alguno dulce que me gustó bastante.


Tras esto nos llevaron ya hacia el punto de salida de la excursión en bici. A partir de ese momento seguiríamos la carretera que atraviesa los campos y aldeas de la isla hasta llegar a Ubud. Todo el recorrido es descendente así que apenas se hace esfuerzo. Donde sí se hace esfuerzo es en los kilómetros finales, que sí son ascendentes, pero que son totalmente opcionales. Quien no quiera hacerlos puede subirse a la furgoneta y ahorrarse la sudada.

A lo largo de este precioso recorrido ves los verdes arrozales de Bali a ambos lados, los campos de palmeras, las aldeas, los templos, niños yendo o volviendo de la escuela (y que nos saludaban emocionados)...
Me pareció una manera extraordinaria de conocer el corazón de la isla.

Se hacen varias paradas, la primera para ver un enorme árbol junto al camino y que os muestro en la foto de al lado.

La segunda parada se hace para conocer el interior de una típica casa comunal balinesa (parecida a nuestro guesthouse), en la que hay un templo, varios edificios para -a veces- diferentes familias, unos espacios para guardar a los animales, otro edificio para honrar a los muertos, etc. Aquí había varias mujeres mayores trabajando la caña para hacer cestos y otros utensilios. Parecía un poco invasivo fotografiarlas sin parar mientras trabajaban, pero nos devolvían una simpática sonrisa.



Y la tercera parada sirve para conocer el proceso de recogida del arroz. Se dejan las bicis en el camino y nos introducimos en los arrozales para ver cómo trabajan las mujeres recolectando el arroz que ya casi está preparado para consumir.


Además de estas paradas se le puede pedir permiso al guía si uno quiere detenerse a ver algo en particular. Nosotros nos topamos con una estampa preciosa de varios trabajadores labrando el arrozal y pudimos hacer una breve pausa para sacar fotos, observar su trabajo e incluso intercambiar algunas palabras muy básicas. Como anécdota, recuerdo recorrer estas carreteras esquivando los depósitos de arroz que los aldeanos dejan en ellas para secar lo cosechado.



Foto de Brenda

Como decía, el trayecto finaliza con una dura ascensión (no es muy pronunciada pero con el calor balinés...) sólo apta para aquellos que quieran sudar la gota gorda como hice yo. Aunque quien esté acostumbrado a andar en bici no lo pasará mal y yo como deportista lo recomiendo totalmente. Tras el esfuerzo llega la recompensa y finalizamos el tour en un bonito restaurante abierto a los arrozales. De nuevo bufé libre y comida riquísima.

Eco Bali Tours: RP 550.000 34,3 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
pagando directamente a la empresa. RP 400.000 25 €

Cambio: RP 16.000 = 1€ (aprox.)
a través de intermediario (hostal).
wwww.baliecocycling.com

De vuelta en Ubud nos reunimos con Unai, y antes de iniciar la que sería esos días nuestra tradicional vuelta por el centro para tomar algo y cenar, Brenda y yo nos desprendimos de todas las secuelas físicas de un caluroso (pero placentero) paseo en bicicleta con nuestras respectivas duchas y acicalamientos. ¡Qué bien sienta ducharse y ponerse ropa limpita! Pusimos la guinda al pastel con unas cervezas en la terraza de la habitación de Brenda y un atardecer increíble tras los tejados y palmeras de Ubud.


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