junio 03, 2015

La cadena de las chancletas en Tailandia



No recuerdo quién me habló de esto. No recuerdo dónde fue... Quizás en Bangkok, pocas horas después de llegar a Tailandia. Alguien me comentó que en algunas partes del país podían robarte las chancletas, no con la intención de hacer mal, ni con el objetivo de reclutar un ejército de chancletas con el que dominar el mundo a base de chancletazos... sino más bien como una tradición recién estrenada, porque ése/ésa que podía llevarse tus chancletas habría sufrido lo mismo minutos o horas antes.
Nadie sabe dónde ni cuándo se habría iniciado la cadena, pero un día alguien perdió de vista sus chanclas y decidió coger "prestadas" otras.

Todos los que hemos visitado Tailandia sabemos que uno de los recursos más abundantes son las chanclas. Chanclas de todos los colores y tamaños. Qué mejor que unas fresquitas y cómodas chanclas para recorrer el país. Siempre necesitarás una precaria suela de goma para sobrevivir a suelos peleones o excesivamente calientes... pero un gran porcentaje del tiempo andas descalzo por casas, playas, templos... ¿Qué pasa cuando dejas a tus amigas las chancletas amontonadas en una balda o en la entrada de un edificio junto con las de los demás viajeros? ¿Acaso creemos que están seguras? Están desprotegidas, expuestas, abandonadas a su suerte, esperando que vuelvas pronto a por ellas...



Según las historias, las islas son el principal foco de este tráfico chancletil. Las chancletas rulan sin cesar, pasan de pie a pie varias veces al día, pierdes un segundo de vista las tuyas y se acabó, ellas y tú ya estáis dentro de una cadena interminable. De repente tu viaje se detiene, el mundo se para, debes encontrar unas de tu talla (y que te gusten, oiga) antes de que caiga el sol (o no... pero bueno, queda guay). Desgraciadamente, los precursores de esta ruleta chancletil ya no son solamente víctimas de ella. Algunos desalmados ven unas chanclas más bonitas que las suyas, con colores a juego de su camiseta de Phi Phi, abandonan a sus fieles amigas, traicionadas, y añaden un viajero más a la maldición de la chancleta. Dejas las tuyas, coges otras. Dejas las otras, coges aquellas. Se ha convertido en un juego y el intercambio ahora se produce de manera indiscriminada. ¡Desalmados!

Desde que alguien me contó esto me resultó dificil dormir por las noches... ¿Estarían seguras mi chancletas? ¿Qué haría en caso de perderlas? No eran excesivamente bonitas pero me había costado mucho encontrar unas que no me hicieran daño. Sería un desastre...
Llegó el día en que la maldición me puso a prueba. Busqué mis chancletas en la entrada del hostal, no las encontraba. Sólo veía chancletas desconocidas, amontonadas. Decidí apartarlas, no me dejaban ver. ¡No las encontraba! Las aparté con más severidad. Las chancletas salían volando en todas las direcciones. Los viajeros me miraban atónitos, horrorizados ante la lluvia de chanclas. Algunos cogían las suyas al vuelo indignados. Otros recibían chancletazos en la cabeza. Yo no era una persona, era un animal salvaje en busca de sus... chancletas. Era el fin. Las había perdido. Había caído en la cadena y quién sabe en qué pies estarían ahora... Pero... espera... éstas se parecen... ¿son éstas? ¡SON ÉSTAS!
Los nervios me jugaron una mala pasada. Abandoné contento, abrazado a ellas, el lugar repleto de chanclas desperdigadas.

Así que ya sabes, si les tienes algo de cariño a tus chancletas (o costaron una pasta porque son de marca) no les quites el ojo de encima, porque la cadena chancletil está por todas partes... a tu alrededor... acechándote... y en cualquier momento puedes caer en ella. Si esto ocurre... no te cortes un pelo y busca unas que te molen.

4 comentarios:

  1. Jaja!! A mi me pasó algo peor creo... No en Tailandia, sino en Tioman, una isla de Malasia.

    A mi no me robaron las chanclas... A mi no. A mi me dieron un cambiazo por una réplica china una talla más pequeña. Ni cuenta me di al principio, pero al día siguiente se empezaron a romper por todos lados!!

    Un saludo!!

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    Respuestas
    1. jajaja eso es todavía más gracioso. Buena anécdota Javi!

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  2. A mi solo me robaron una y me dejaron otra de mi mismo numero pero de otro color. Nos reímos mucho. Me tire todo el día mirando pies a ver si encontraba a alguien con chancletas de dos colores. Fue en Koh Chang. Tailandia.

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