marzo 28, 2015

Antigua tiene un color especial

El camino a Antigua lo hicimos con el hijo de nuestro querido chófer don Guillermo. Un guatemalteco extrañamente alto, muy simpático, que se ofreció a pararnos en varios lugares durante el viaje para que sacáramos fotos al paisaje. La primera panorámica que tuvimos fue la de la esplanada de Xela con el imponente Santa María a un lado. Estábamos detenidos en un precario arcén, y no era conveniente bajar de la furgoneta, pero fue suficiente para sacar las fotos y vídeos de rigor. ¡Un día impoluto en el Altiplano!


La siguiente parada fue en un espectacular mirador de carretera con vistas hacia un lejano Lago de Atitlán, desde el cual se identificaban perfectamente sus tres grandes volcanes. Me resultaba curioso ver, de pronto, que todas las distancias en Guatemala eran menores de lo que parecían, y que cogiendo algo de altura (las carreteras suben y descienden cientos y cientos de metros de altitud) alcanzabas a recoger en una sola mirada distintos lugares característicos del país que de otra forma te parecían muy distantes.


Carreteras abajo, carreteras arriba... esquivando barrancos y sierras, el perfil del Volcán de Agua se dejaba ver cada vez más próximo a través de las montañas. Nos acercábamos a Antigua.

ANTIGUA
En Antigua nos reunimos con Itziar mediante un efusivo abrazo. Por nuestra parte ya había ganas de escuchar las anécdotas locas de Itzi, por su parte se alegraba de que hubiéramos sobrevivido a un conflicto político-social en Guatemala [risas]. Es broma. Pero nos alegramos mutuamente de vernos, ya que el tiempo previo a que Itzi y Cris se fueran de San Mateo había sido genial. Nos guió por nuestro nuevo host-- EJEM digo hotel... (no puedo seguir yendo de mochilero en este viaje, ¡menudo nivel de hotel!). "Hotel Casa de las Fuentes", un impresionante hotel de estilo colonial (como no podía ser de otra forma en Antigua) con jardines y pasillos preciosos que yo, con un presupuesto mochilero, quizás no podría permitirme.

Hotel Casa de las Fuentes

-Habitación sencilla: USD 41.00
-Habitación doble: USD 49.00
-Habitación triple USD 55.00


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Nos recibió un simpático loro parlanchín que te saludaba con un "¡Hola!". Eso sí, era un loro honesto, porque sólo te decía un "hola" por cada vez que te veía. Eso de que te acercaras y le abrasaras a "holas" para que te lo repitiera no iba con él. Él te saludaba al principio y punto. Y si más tarde pasabas por allí te volvía a saludar, ¡pero nada de "holas" sin sentido oiga!


Era fin de semana y Antigua se pone todavía más bonita. La avenida principal, 5ª Avenida Norte o Calle del Arco, se hacía completamente peatonal, así que podías pasear por ella de bar en bar, de tienda en tienda, con el arco a un lado y el volcán al otro... sin que los coches te molestaran. Ese mismo día conocimos a Mirella, una chica encantadora con la que compartiríamos los siguientes días. Fuimos a comer a un precioso restaurante y después nos pasamos la tarde dando vueltillas y haciendo compras. El mercado artesanal y las calles estaban a rebosar.




Aprovechamos también para recoger nuestros nahuales. Lo que son los nahuales os lo explico en este post. En resumen, es un símbolo tradicional personalizado que se puede plasmar en un colgante, un anillo... Así que sí, es un magnífico recuerdo o regalo para alguien querido.
Pronto la luz del sol comenzó a ceder a la noche, y aquello adoptó un aspecto todavía más idílico. Las lucecitas de Antigua empezaron a encenderse, la temperatura se moderó hasta un nivel -para mí- absolutamente perfecto, y llegó la hora de celebrar la felicidad tomándonos unas chelas.


Nos reunimos también con Betty, otra gran amiga que ya habíamos conocido en nuestra llegada a Guatemala y que siguió muy de cerca nuestro estado en San Mateo. Con ella fuimos los seis a cenar a un pequeño local de comida mexicana, en el que degustar unos ricos tacos. Algo diferente para esa noche.
Es difícil orientarse en una ciudad tan cuadriculada como Antigua cuando es de noche. Porque de día tienes algunas referencias, el volcán, el no sé qué... Pero de noche yo no sabía hacia dónde íbamos. Nos limitábamos a seguir a la antigüeña (Betty). Y aunque ésta sea una ciudad pequeña, no os creáis que es tan fácil o tan rápido llegar de un punto a otro. Las cuadras son muy grandes y el estado de la calzada y las aceras ralentiza un poco más la travesía (¿eh Maite?). No sé si fue esta noche, pero Maite estuvo a punto de morir atropellada por una bici y de re-morir re-atropellada por un tuk tuk a cuenta de un tonto tropiezo que la lanzó violentamente al tráfico. Susto y risas, risas y susto... era una sensación extraña, sobre todo viendo a Maite parada frente a los veloces bici y tuk tuk que se avalanzaban sobre ella mientras se limitaba a mirar y a aceptar su destino. Fue una milésima de segundo muy larga y muy graciosa (porque acabó bien).



En fin. Aún nos quedaba por conocer un importante aspecto de la cultura centroamericana: la medicina tradicional con plantas. Pero eso lo dejamos finalmente para el lunes y al día siguiente conoceríamos otro rasgo característico de América Central: los volcanes.


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