marzo 31, 2015

Ascensión al volcán Pacaya

Estábamos sintiendo pequeños temblores por las noches. El primero fue Asier, que comentó haber sentido cómo la cama se movía, la pared de atrás crujía, y se oía un sonido similar a una ráfaga de viento. A la siguiente noche fui yo quien sintió sucesivos pequeños terremotos, uno tras otro, y lo experimentado era lo mismo que Asier: una leve vibración de la cama, el crujido de la pared, y de fondo el sonido de un tren que pasa o de una ráfaga de viento que aumenta y a continuación disminuye.


Foto de mi amigo Asier

Al parecer, y aunque estuviéramos rodeados de volcanes, estos sismos son de origen tectónico y no magmático. O al menos normalmente. Lo lógico es pensar que es el cercano Volcán de Fuego el que los provoca, pero no suele ser así.

Hablando de volcanes, en el nuevo día subiríamos a las laderas de uno: el Volcán Pacaya (2.552 msnm), uno de los tres volcanes activos de Guatemala, y a lo largo de la historia del país el más problemático, su actividad es continua. El volcán Pacaya se encuentra dentro de un parque natural y por lo tanto hay que apoquinar: $$$. Voy a reservarme mis opiniones sobre esto y sobre el servicio de guía del parque para un próximo post, y ahora me voy a limitar a contar la experiencia.

Nos levantamos prontito, como de costumbre, tal vez con algo más de nervios porque la ocasión de pisar un volcán activo es una de esas cosas que sueles tener en mente hacer una vez en la vida. Hasta la base del volcán nos llevó don Rafael, el chófer que nos recogió en el aeropuerto al inicio del viaje. Itzi y Mirella nos esperarían en las aguas termales de Santa Teresita, cercanas al volcán y que por eso son -precisamente- termales. Nosotros subiríamos al Pacaya y después nos reuniríamos allí con ellas para disfrutar de un bañito y del almuerzo.

VOLCÁN PACAYA

El parking del parque está alto, muy alto, tan alto que yo me pregunté: ¿qué cojones vamos a andar si estamos casi arriba? Efectivamente no quedaría mucho por andar. Lo de la "subida al Pacaya" es un postureo muy serio, a no ser que elijas hacerlo por tu cuenta desde la base claro... El caso es que se ascienden a pie apenas 400 metros verticales (si no menos). Pues bien, pagado el guía (ejemmm, leed este post si vais al Pacaya...), pagada la entrada, pagado el respirar... te plantan en la cara a unos caballos muy monos, y te dicen que si no coges uno vas a ir muy incómodo. Yo soy montañero, yo no cojo un puñetero caballo para subir al monte en una travesía de una hora. Me lo preguntan varias veces. Que no. Maite y Asier sí se cogen los suyos. Empezamos a subir. El guía le mete caña (y cuando digo que le mete caña, es que va casi corriendo). No sé qué formación como guía tendrá, pero yo sí la tengo, e ir a esa velocidad es un crimen para los clientes. En realidad te tienes que adaptar al paso de tus clientes. Su única finalidad era, supongo, que yo me agotara, y que suplicara por un caballo (los hay "aparcados" a lo largo de la subida, no son listos ni nada...). Pero en mi caso no lidia con un turista sin más, lidia con un montañero vasco (:D). Las gotas de sudor corrían por su cara, y por las de los pobres hombres que guiaban los caballos de Asier y Maite. Yo voy cansado, claro que sí, además estanto a una altitud a la que mi fisiología no está acostumbrada, pero no más cansado de lo que suelo estar cuando me meto caña subiendo al Ganekogorta (un monte al lado de Bilbao). Y me mira asombrado. ¿Esperaba otra cosa?


Sí es cierto que a lo largo del camino (caminito) nos comenta algunas cosas interesantes, como ciertas vistas en diversos puntos, algo de la vegetación autóctona (como la hoja de queso, que se puede utilizar como sustituto de un klínex) y hace de fotógrafo para que aparezcamos los tres juntitos (con encuadres bastante buenos, tengo que decir). Yo, además, me esforcé por hablar con él para que me contara cosas de su vida, y de su relación con los volcanes. En 2010, en la erupción que se cobró dos vidas humanas, su casa fue arrasada por la lava del Pacaya.


Durante la mayor parte del paseo hay una excelente vista a los volcanes Agua y Fuego. La tierra comienza a hacerse más negra y en aproximadamente media hora estamos arriba. El paisaje es espectacular. De pronto estamos en otro planeta, rodeados por lava fosilizada y encima nuestro un enorme cráter humeante. Es demasiado peligroso ir hasta allí, por la temperatura del suelo y los gases, pero ya desde el final de la caminata tienes una visión perfecta de todo. Algunos turistas tienen la suerte de coincidir con un período de mayor actividad y llegan a ver ríos de lava incandescente. Otras veces, como ésta, no existe esa suerte.



Caminar por el río fosilizado, en ese ambiente tan rudo y en ocasiones hostil, es una maravilla. Acercabas la mano al suelo y notabas el intenso calor geotérmico, alucinante. En algunos agujeros se podían cocinar cosas, y la propia Maite se quemó intentando yo qué sé. En una improvisada tienda de madera, allí arriba, se vendían colgantitos y otros souvenirs curiosos hechos con lava del lugar. Esta misma tienda tuvo que ser reubicada debido a la última erupción del volcán el año pasado (2014). Uno de los encargados nos enseñó un vídeo grabado con su cámara de aquel suceso, en marzo del año pasado (2014), en el que se veía, grabado a una distancia impresionantemente corta, al Pacaya explotando en lava en su última gran erupción. Espectacular.


Deshicimos el camino recorrido, no sin antes invitar a unos croissants al guía y los encargados de los caballos (si es que somos más majos...). Fue el propio guía quien me dio la mano con fuerza y me felicitó por la hazaña. Supongo que se refería a haber aguantado su paso...

En las aguas termales nos reunimos con Itzi y Mirella y comprobamos lo tolerante (o intolerante) que éramos con el agua caliente. Yo no aguanto nada... Maite demostró una enfermiza obsesión por probar la piscina más caliente (que yo creo que era lava directamente...) Sirvió también para quitarnos la suciedad de encima (en las duchas, previo a la inmersión en la piscina, no os penséis que nos metimos en las termas con toda la mierda en el cuerpo...). Y cuando digo "mierda" me refiero al volátil polvo volcánico que se te pegaba por todo el cuerpo en el Pacaya (mis pies eran negros).

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