abril 08, 2013

Conociendo Koh Phangan en moto

Alquilamos la moto en nuestro propio hotel para poder desplazarnos por la isla (algo más pequeña que Koh Samui) y lo primero que hicimos fue ir a visitar la península de Hat Rin. La zona mochilera por excelencia y el lugar donde se celebra la Full Moon Party. Ya sea por la época o porque no iba a haber luna llena, la zona estaba sorprendentemente tranquila. Poca gente tanto en las callejuelas como en la playa. Así daba gusto.


Este cabo se divide en dos playas, la Hat Rin Nok (la playa del amanecer) y la Hat Rin Nai (la playa del crespúsculo). Aunque las dos son preciosas y dignas de visitar, la más conocida y transitada es la primera. En ellas se acumulan los jóvenes (y también mayores) para pintarse con pinturas fosforescentes de los colores más chillones, bailar al ritmo de la vertiginosa música, beber de cubos llenos de alcohol (la mayor parte de las veces Ron y RedBull) e incluso jugar con fuego.
Es el desmadre por excelencia. No me interesé en absoluto por ello. Si vais aconsejo dejar los objetos valiosos en el hostal, o no seréis los primeros que se despiertan en la arena totalmente desvalijados. Los calendarios para la Full Moon de cada mes se encuentran fácilmente en Internet y en Koh Phangan por todas partes.


La carretera para llegar hasta Hat Rin (y en general para ir a cualquier lado de la isla) no es muy peligrosa... ¡es lo siguiente! Una auténtica montaña rusa con baches y puntos negros por doquier. No pido que esto se mejore, ya que es parte de la identidad de la isla, sino que es uno mismo el que debe tener mucho cuidado.


Después de dar una vuelta por esta península fuimos a comer al primer lugar que encontráramos. Acabamos en unas mesas cubiertas por una pequeña estructura de bambú y hoja de palmera. Estaba cerca del mar y era un lugar tranquilo. Además, la mujer encargada del "restaurante" no sabía NADA de inglés, ¡hora de practicar nuestro tailandés! Nos costó, pero algo aprendimos.


A la tarde decidimos atravesar toda la isla y llegar hasta Mae Haad Beach, una bonita playa al noroeste de Phangan que une, a través de un istmo de arena, la isla principal con un islote. De nuevo, más tranquilidad. Aquí había unos envidiables bungalows de madera justo en frente de la playa con sus pequeños porches y sus hamacas. Me pregunté si serían alojamientos de mochileros o algo más caro.


Justo al lado había un restaurante de la misma temática estética en el que pudimos tomar algo y escuchar... ¡el silencio! Además de ver algo de fauna.



Y era hora de volver a la carretera para atravesar de nuevo la isla y sus bosques de palmeras interiores. En el camino de vuelta encontramos un puesto precioso con distintos productos artesanales, esculturas, collares, bolsos... mil cosas. Fue un buen lugar para comprar algún que otro souvenir para la familia.

Cuando llegamos al hotel y dejamos nuestro transporte decidimos ir a pie hasta la carretera principal a buscar un 7-Eleven cercano (Aaaaiiiss los 7-Eleven, qué habríamos hecho sin ellos). Cuando llegamos al 7-Eleven conocimos a un canario que también estaba de viaje por allí, pero él, a diferencia de nosotros, no sabía cuándo iba a volver a casa. Menuda gozada. Le despedimos al salir de la tienda.


Casitas junto a la playa de Mae Haad

No fue el último hispanoparlante que nos encontramos. En la recepción del hotel nos topamos con un madrileño que se estaba sacando ahí el título PADI (o alguno de esos) de buceador. Nos dio su número de teléfono (uno muy extraño, de un móvil tailandés). Recuerdo su nombre, Dani, porque le tengo aún en mi agenda. Nos dio el número para que a la noche le llamáramos y tomáramos algo juntos en algún chiringuito de la isla. Al final no lo hicimos, quizás porque estábamos cansados, pero me arrepiento porque era un tío la mar de majo.

Por la pinta de las nubes se avecinaba otra tormenta, así que aproveché las últimas horas de luz para bañarme en la piscina. Al fondo, junto a la arena y al bar, tenía la forma de un jacuzzi en el que poder sentarte y observar el mar, quizás mientras te tomabas una copa. ¡Eso no es propio de un hostal!


Desgraciadamente las nubes engullieron pronto la isla y no pude estar mucho tiempo, pero fue agradable estar aún metido en la piscina y notar la lluvia caer sobre mí y el agua que me rodeaba. No tardó en ponerse aún más feo y llegó el viento, los relámpagos y la lluvia torrencial. En el video se aprecia mucho mejor el huracán que nos calló encima... pero de momento sólo os dejo algunas capturas.



Lo siguiente fue yo corriendo a resguardarme bajo algún techo para que no me cayera un rayo, ni una palmera, ni me llevara el viento... Escogí uno de los porches cercanos para poder seguir viendo el espectáculo. La tormenta siguió hasta la noche iluminándolo todo con sus relámpagos e inundándolo todo. Hay que tener en cuenta que aún era de día cuando grabé todo esto y se puso prácticamente oscuro, con unos tonos azulados primero y después bañándolo todo de un gris tétrico. ¡Daba miedo! Pero me gustaba... :D

Como en la "sala común" se estaba muy a gustito tumbado en los cojines y viendo alguna peli, allí que estuvimos un rato, pero no podíamos irnos muy tarde a la cama ya que a la mañana siguiente había que dejar la habitación e iniciar el traslado a Koh Tao.

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