junio 25, 2017

Cumpleaños en Manila, la infame capital de Filipinas


Llegué a Manila, ya entrada la noche, tras tres semanas en Tailandia que, la verdad, habían dejado el listón muy alto. Pero -¡demonios!- estaba en Filipinas, uno de mis sueños viajeros al fin cumplido.

El sueño, en el más gráfico de los sentidos, tardaría un poquito más en materializarse, porque primero había que pasar una noche en Manila, la infame capital. Una ciudad que no me interesaba lo más mínimo pero que, inesperadamente, me recibió con los brazos abiertos en forma de varios amigos.


Neda, la primera, con sus cartelitos en los que había imprimido el logo de Mochila al Paraíso y la ikurriña, y su sonrisa de oreja a oreja. El mejor recibimiento. Su tía y primos después, que nos llevaron del aeropuerto al centro, dándome una pequeña y temprana muestra de la simpatía de los filipinos. Y por último, sus antiguos amigos Leah, Billy y Daryl, que me alojaron en su piso como si fuera mío y que, pasadas las 00:00, tuvieron el enorme detalle de celebrar mis recién adquiridos 26 años.

¿No tienes tanta suerte como yo?
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También me estrené en una carenderia, ubicada en una callejuela como cualquier otra de la ciudad, acompañado por Leah (pronunciado Leia, como la princesa) y Neda, donde cenamos por menos de un euro.
Las carenderias son los "restaurantes" locales que encontrarás por todo el país, quizás con ligeras variaciones en sus precios, menos baratas en las islas turísticas, ofreciendo las comidas típicas en una serie de cazuelas o bandejas. Chicken adobo, pork, guisado, tapa... y arroz, siempre arroz.

Cena en carenderia: 40 PHP 0,75 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)

(Pequeñas raciones de arroz, huevo, tapa, y agua gratis autoservida)


Por la mañana desperté de la misma forma que despertaría los siguientes días, solo. Neda se había ido a realizar un pequeño trekking y después viajaría a Batangas a visitar a su familia, que no veía desde que hace 5 años se fue a vivir a Bilbao. Así que la compañía me duró poco, y mi viaje en solitario continuaba, pero nos veríamos pronto en Corón.

Corón era mi pensamiento cuando amanecí ese 25 de marzo, mi cumpleaños. Un par de días antes, en Bangkok, había reservado un vuelo Manila - Busuanga. Daryl me ayudó a pedir mi Uber y aportó una despedida humana a los últimos minutos en el centro de Manila, antes de poner rumbo hacia el aeropuerto.

Si andáis con prisas, obviad el transporte público de Manila y haced uso de esta magnífica aplicación.

Uber del centro de Manila al aeropuerto: 150 PHP 2,83 €

Cambio: PHP 53 = 1€ (aprox.)


¿Quién me iba a decir 12 horas antes que me llevaría un buen recuerdo de esa noche en la capital? Pero con buen recuerdo o sin él, mi cabeza ya estaba pensando en las aguas turquesas que me esperaban a la vuelta de la esquina.

junio 23, 2017

Bangkok, amor y odio hacia una vieja amiga

Sin apenas darme cuenta me había subido a ese avión. ¿Qué estaba haciendo? Aún quedaba una pequeña parte de mí que me llamaba loco, que me recordaba el terror que hace tiempo le tenía al mundo y a la soledad. Pero obvié esa vocecita y me dejé llevar, ya estaba a 11.000 metros de altura rumbo a Asia para comenzar un viaje de varios meses y en el fondo sabía que eso era lo que quería hacer.


Quizás por el entrenamiento aportado por últimas experiencias viajeras, mi reacción a Bangkok fue totalmente opuesta a la de la otra vez. La ciudad seguía igual a como la recordaba, pero yo había cambiado enormemente.

Del aeropuerto de Bangkok a Khao San Road
Decidí acercarme a la archiconocida Khao San Road en una de las furgonetas que salen desde la planta baja del aeropuerto. Desde la puerta número 8 las encontraréis preparadas para partir cada hora hacia el "gueto mochilero" de la capital.

Van a Khao San Road: 100 THB 2,85 €

Cambio: THB 35 = 1€ (aprox.)

El calor húmedo me abofeteó en la cara como es costumbre pero lo sobrellevé mejor de lo esperado, y eso que aún llevaba sobre mí la sudadera que me libró de morir congelado en el vuelo.
Recuerdo que me alegró ver el cielo azul sobre una ciudad que, la pasada vez, se agitaba bajo un triste manto gris.


Pasé de largo Khao San Road. No me alojaría allí. ¿Creéis que estoy loco? ¡Quiero poder dormir! Atravesé ese micro-cosmos creado por el turismo, esa especie de universo aparte que no es ni Tailandia ni mundo occidental sino más bien el hijo deforme de ambos, y llegué a Rambuttri, calle con ambiente pero muchísimo más tranquila. Cuando me introduje en un callejón y llegué al patio de mi hostal creí estar observando un oasis.


Alojamiento en Bangkok
Lamphu House: 320 THB 9,1 €

Cambio: THB 35 = 1€ (aprox.)
(Habitación individual)

-Baño compartido.
-WiFi en zona común.
-Restaurante.
-Agencia turística.

Humilde pero barato y limpio, lo que de verdad me conquistó de este alojamiento fue ese patio cubierto por los brazos de un enorme árbol, aderezado con bancos, mesitas y plantas que lo hacían aún más verde. No se oía nada. Bangkok había desaparecido tras una pared insonorizada. Soplaba una brisa deliciosa que mecía las hojas y desvanecía el calor sofocante, y me encontré a gusto en medio de una de las ciudades más caóticas del mundo.


"No salgas de aquí" me decía esa vocecita maligna que cuestionaba mi aventura al subirme a aquel avión. La aparté de un manotazo.

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Ahora que estaba instalado tocaba hacerse la pregunta: ¿qué hacer? Algo que no hubiera hecho la primera vez, algo que acarreara sencillos desplazamientos, algo que me mostrara una cara amable de la urbe... ¡Ya lo sé! ¿Qué tal un paseo por las nubes?

Diario siguiente: PROXIMAMENTE

mayo 09, 2017

Las 20 mejores playas de Filipinas (que yo conozca)


Ni he podido visitar todas las islas de Filipinas ni he tenido la suerte de conocer todas sus playas, pero en el genial mes y medio que me he dedicado a saltar de paraíso en paraíso me ha dado tiempo a ver alguna de las mejores estampas tropicales del mundo.

He de señalar que tanto el tiempo atmosférico como la compañía tienen una influencia enorme en la forma que percibimos una playa. Así que sí, puede que vuestras favoritas sean otras, y puede que alguna de las de aquí no os parezca nada especial...
Tampoco os toméis muy en serio el orden, porque es imposible clasificar tanta belleza.

20. Playa de Alegria (Siargao)
Que esta sirva de representante para todas las playas del noreste de Siargao. Verás tantos cocoteros en ellas que te marearás. Además, si visitarlas te es excusa para recorrer la isla y conocer las poblaciones norteñas, ya habrá valido la pena.


19. Hidden Beach (Bacuit)
No podrás encontrarla desde el mar, de ahí su nombre. Aunque no es una laguna cerrada como la Secret Beach, puedes jugar a imaginarlo si entras hasta ella nadando a través del pequeño pasadizo en la pared de roca que te lleva directo a su arenal. ¡Cuidado con la cabeza!


18. Paradise Beach (Bacuit)
Incluida en uno de los célebres tours de El Nido, también podrás llegar a ella en tu propio kayak tras un buen desayuno que te aporte fuerzas. Se encuentra en Cadlao Island, justo en frente de El Nido Town. Si tienes suerte como yo, serás la única persona en ella.


17. Langob Beach (Malapascua)
Esta playa me demostró que el clima lo es todo. La visité un día sin viento con cielo azul y aquello era el paraíso. Llevé a unos amigos otro día de viento y nubes y no vi el paraíso por ninguna parte. Con buen tiempo es espectacular, y podrás ver a los niños jugar en su orilla.


16. Kota Beach (Bantayan)
A no ser que la visites en Semana Santa, es probable que la tengas toda para ti. No te limites al arenal que hay frente al resort del mismo nombre, y anda un poco hacia los extremos para descubrir paisajes igual de espectaculares. A ciertas horas del día, las aguas de esta playa son las más claras de Filipinas.


15. Coconut Beach (Port Barton)
El nombre lo dice todo. Como aquellas del norte de Siargao, esta playa en los alrededores de Port Barton tiene tantas palmeras que marea. La visión de todas ellas sobre el calmado mar es espectacular. Puede que no sea perfecta para un baño, pero la vista la alegra como ninguna otra, ¡y nunca hay nadie!


14. Las Cabañas (El Nido)
Famosa por sus atardeceres de impresión, deberás dejar atrás los chiringuitos y llegar hasta su extremo occidental, donde la arena gira hacia el sur. Allí encontrarás los lienzos más espectaculares, con palmeras inclinadas y la isla Pinagbuyutan de fondo.


13. Playa de Pinagbuyutan (Bacuit)
Hablando del rey de Roma... Esta isla de acantilados que quitan el hipo tiene en su base una joya en forma de arena blanca y cocoteros. Quizás sea por las verticales paredes que la custodian, o porque es perfecta en sí misma, pero merece una visita.


12. Playa de Virgin Island
No es que la isla sea muy "virgin", pero no podemos negar que su playa es de las que molan. Aunque han modificado demasiado el aspecto de esta blanca orilla, el agua turquesa y transparente sigue intacta y preparada para un genial baño.


11. 7 Commando Beach (El Nido)
Accesible sólo en barco, su belleza la ha hecho famosa en el entorno de El Nido, y forma parte de uno de los tours de island hopping. Cuando hay mucha gente en ella será difícil disfrutarla, pero no nos equivoquemos, sin mil chinos de por medio ésta es de las buenas.


10. Banul Beach (Coron Island)
Seguramente encontrarás alguna foto de Banul en esos folletos turísticos que promocionan Filipinas. Sus agujas kársticas parecen empujar a los humildes kubos (casetas para comer) hacia las cristalinas aguas. Tendrás que frotarte los ojos.


9. Playa de Daku Island
La podrás visitar como parte del island hopping de Siargao y probablemente pases menos tiempo en ella de lo que te gustaría. Es un buen sitio para comer, ya sea en uno de sus kubos o a la sombra de las miles de palmeras que guardan su arenal.


8. Paliton Beach (Siquijor)
En una isla que, supuestamente, no iba a aportar nada en cuanto a playas se refiere, me encuentro una de las mejores de todo el país. Un arenal cubierto por altas palmeras que se inclinan hacia el agua turquesa. ¿Qué más podemos pedir? ¿Atardeceres de infarto? Los tenemos.


7. Papaya Beach (El Nido)
Normalmente eclipsada por su vecina 7 Commando, Papaya resultó ser una sorpresa que me enamoró. No es excesivamente grande, tiene un campo de cocoteros en el que te puedes perder (y jugar a baloncesto), y la mayor parte del tiempo la tendrás toda para ti.


6. Talisay Beach (Bacuit)
Protegida del mar abierto por las escarpadas islas de Bacuit, esta estrecha playa separa las verticales paredes de roca de la cristalina orilla. No hay mucho para hacer -además de snorkeling- pero da igual, porque te pasarás las horas mirando el color del agua.


5. Playa de General Luna (Siargao)
Siargao está rodeada de playas espectaculares, pero mi favorita es la que quedaba al lado de "casa". Una larga extensión de arena clara sobre la que reposan innumerables palmeras. Bajo ellas podrás encontrar resorts, perros que se hacen amigos tuyos, familias que pescan... ¡y un cementerio!


4. White Beach (Port Barton)
Es perfecta. Tan perfecta que es privada y hay que pagar 25 pesos por estar en ella. Pero da igual, porque ese precio es insignificante considerando los colores y formas de todo en esta playa. Túmbate en una de sus hamacas y mira a tu alrededor. No, yo tampoco me lo creía.


3. Kagusuan Beach (Siquijor)
Otra pequeña gran sorpresa de la isla embrujada. Hay que pagar por entrar y el acceso es algo complicado, aunque puede que por eso la conozca tan poca gente. Entonces, ¿merece la pena? Totalmente. Una serie de calas separadas por grandes bloques de piedra con el agua más turquesa que puedes encontrar.


2. Playa de Kalanggaman Island
Podría aparecer fácilmente en un listado de mejores islas del mundo. Su gran reclamo, una afilada lengua de arena blanca que corta el mar cristalino. Se suele visitar desde Leyte o Malapascua en un día, pero también puedes quedarte a dormir en ella.


1. Playa de Guyam Island
Hablar de esta playa es hablar del islote en general. Con poco más de 200 m², Guyam, en medio del Océano Pacífico, protegida por el arrecife que rodea Siargao, es una de esas imágenes que sólo ves en los catálogos de viajes. "Es probable que yo nunca esté ahí" piensas... ¡Te equivocas! Su pequeño tamaño, la sombra de sus palmeras, el verde de su suelo herboso, el brillo de sus aguas, hacen que parezca irreal. Tremendo paraíso.


BONUS: Aguas de Balicasag
No llegamos a pisar la playa de Balicasag, me mantuve todo el tiempo o bien sobre el barco o bien bajo el agua. Pero debo reconocer que, al margen del tesoro submarino que hay aquí, las aguas que rodean esta isla son absolutamente increíbles, y seguro que su playa también lo es.

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mayo 07, 2017

Subiendo al cielo, bajando al moro. Mochilero en Marruecos

Artículo escrito por Ander Gil:

- Oye Ander, ¿dónde te vas de vacaciones?
- Me voy a recorrer Marruecos de mochilero, con dos amigos.
- ¡Estáis locos! ¿Cómo vais a esos sitios? Tal y como están las cosas... a ver si os va a pasar algo...
Los prejuicios hacia la cultura árabe y los musulmanes, por desgracia, están a la orden del día. Y he decir que el remedio más efectivo para combatir este y otro tipo de prejuicios culturales es viajar, descubrir mundo.

Marruecos atrapa. Llegas a Marruecos con prejuicios, con todas esas imágenes de los peligros que acechan en las calles marroquíes, cosa que nos venden los medios de desinformación. Pero al poco tiempo de llegar, cuando te saludan desde la puerta de una casa, cuando ves la sonrisa de los niños, cuando escuchas por primera vez la llamada de la mezquita, entonces te das cuenta de que lo mismo no tenías ni idea de qué es Marruecos.
Tras siete días viajando desde el sur hasta el norte, pasando por el desierto y el alto Atlas hago un balance de mis primeras impresiones.


Lo primero que este lugar me ha aportado es un golpe de humildad. No es que haya viajado mucho pero Marruecos no se parece a nada que hubiera visto antes. Este es un lugar que tiene mucho que ofrecer y más aún cuando te vas quitando la venda de los ojos. Si vienes con odio y los tratas mal, lo olerán y te tratarán mal como en muchos lugares. Si vienes con respeto y a escucharles, te sorprenderás de la cantidad de cosas buenas que puedes obtener.

Siento un poco de vergüenza por que, estando tan cerca, supiera tan poco sobre este país. Es impresionante la cantidad de ideas erróneas que tenemos sobre esta zona del mundo. Marruecos es cercanía, contrastes, cultura, encanto, color, luz, diversidad y también un poquito de caos, aunque ordenado a su manera. Es uno de esos países donde puedes aprender que los más humildes son los más generosos y aunque convivas sólo unos días, la realidad marroquí ya te habrá enganchado.


Existen muchas agencias que se dedican a organizar viajes por Marruecos y no me cabe ninguna duda de que puede ser una opción interesante. Sin embargo, esta vez, el hecho de ir por nuestra cuenta ha sido un punto muy a favor. A parte de haber sido un viaje muy económico, ha resultado más interesante, más fresco, descubrir el país por nuestros medios sin la ayuda de un guía ni la seguridad de un grupo organizado, dejando las puertas abiertas a la auténtica aventura. Muchas veces los viajes organizados nos llevan tan deprisa de un lado a otro que apenas tenemos tiempo de conocer algo más del camino, perdiendo la ocasión de tratar con la gente del país o de disfrutar de los magníficos lugares que podemos encontrar.

De Marrakech me quedo con su medina (ciudad antigua amurallada), una ciudad que ofrece color, sabor, olor y algún regateo que otro. Un lugar con ambiente tanto diurno como nocturno, rodeado de diferentes tipos de bazares de ropa, comida, artesanía, barberías... teniendo como punto de referencia la gran plaza de Yamaa donde podrás encontrar encantadores de serpientes, artistas callejeros, malabaristas y una gama de lunáticos inofensivos durante todo el día.


Convivir con los Bereberes, aquellos con una cultura de historia milenaria, entre aldeas de barro colgadas en las laderas del Atlas, es algo que deja huella. Uno aprende a disfrutar del lento ritmo de vida en estos pueblos, de sus pequeñas chozas de barro y paja, de su gente, gastronomía y sus paisajes al margen del turismo masivo y de cualquier contaminación de la vida moderna. Lugar idóneo como golpe de realidad, que te hace reflexionar, valorar lo que tienes y darte cuenta que con poco también se puede ser feliz.

Merzouga, desierto del Sahara. Aunque montar en camello tenga sus consecuencias, es una experiencia obligatoria donde poder disfrutar del silencio del desierto, dormir en jaimas o al aire libre viendo las estrellas, subir por las dunas descalzo, cenar a la luz de las velas y disfrutar con sus habitantes de una velada a ritmo de rito bereber.


Chefchaouen, o también conocida como Chauen, a pesar de ser destino turístico de los amantes del hachís, no debe faltar en el viaje de cualquiera que visite Marruecos. Lugar de ensueño en el que perderte por las estrechas calles de la medina, rodeado de casas azules celestes, niños corriendo y jugando alegremente que hacen que por momentos te sientas protagonista de un cuento. Si fumas porros y en Chefchaouen no das con ellos, es probablemente que sea porque ya estás muy fumado.

Aunque solo hayan sido unos días conviviendo con la realidad marroquí, ha sido suficiente para engancharme. Vuelvo a casa, pero con otra perspectiva del mundo a antes de viajar a Marruecos. Y ya estoy preguntándome cuando será la próxima vez que visite este país vecino, tan cerca y a la vez tan desconocido.

حتى ذلك الحين مراكش