septiembre 20, 2016

La impresionante Carretera del Atlántico

Amanecimos con un día gris y lluvioso en Valsøytunet, totalmente opuesto a la jornada de ayer. De todas formas, llevábamos suficiente tiempo en Noruega como para saber que el clima podía cambiar rápidamente, así que no nos tomamos la lluvia muy en serio. Nos despedimos de Mantas, que iba hacia el Norte, y seguimos nuestro viaje, esta vez acompañados por Pavel y Patryk, que tenían el mismo itinerario que nosotros.


Durante el camino cogimos nuestro primer ferry pasar pasar de Halsanaustan a Kanestraum, y nos maravillamos con la ingeniería noruega, que tiene que hacer frente a su impredecible orografía por medio de túneles y puentes imposibles.

Ferry Halsa - Kanestraum (2 adultos): 131 NOK 14 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)



Nuestro principal objetivo del día era la carretera del Atlántico, famosa mundialmente, pero antes le echaríamos un vistazo a la ciudad de Kristiansund.
Kristiansund es una ciudad "colocada" entre varias islas separadas por pequeños brazos de mar. Lo único que une estas islas son los puentes artificiales. Por su localización y la visión de sus pintorescos barrios de colores, merece una visita. Es también uno de los amarres de los grandes cruceros, como el famoso Hurtigruten.



Si tenéis poco tiempo os recomiendo acercaros a la zona del puerto, es donde más ambiente encontraréis y además tendréis una bonita vista panorámica de las demás islas que componen la ciudad.



Seguimos hacia el Oeste, a través de un túnel de pago manual que pasa por debajo del mar.

Peaje túnel de Kristiansund (2 adultos): 130 NOK 13,9 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

Al cabo de unos 20 kilómetros la carretera se introduce de manera audaz en el mar. El asfalto salta de isla en isla y cuando no encuentra tierra sobre la que apoyarse, se levanta sobre el agua por medio de puentes interminables. Es la carretera del Atlántico, según dicen una de las más espectaculares del mundo. Como buena atracción turística encontraréis varios aparcamientos y podréis realizar pequeños y cómodos paseos que os servirán de mirador. Desde aquí sale también un barco de madera que hace un tour por algunos pueblos isleños del lugar.





Intentamos fotografiar este impresionante tramo desde otro lugar, pero por lo que se ve nos metimos en propiedad privada, y una mujer nos miraba desde la puerta de su casa mientras llamaba a alguien. Salimos pintando de allí, no vaya a ser que...

Llegamos a la localidad de Molde, donde teníamos que coger otro ferry para llegar hasta Vestnes. Antes de subirnos al barco dimos una pequeña vuelta por la localidad, aunque no encontramos nada reseñable. Lo que más nos llamó la atención fue la preparación de un concierto heavy que estaba llevando a cabo un club de moteros con fines benéficos, y un puesto de Tesla, la marca de coches eléctricos que está triunfando en Noruega.

Ferry Molde - Vestnes (2 adultos): 182 NOK 19,5 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

El trayecto en ferry iba a ser largo, pero estos barcos vienen totalmente equipados con servicios para hacer la espera más llevadera. Cafetería, mesas, sofás... O eso o salir a las cubiertas a disfrutar del paisaje y del -gélido- aire.




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EN CONSTRUCCIÓN

septiembre 16, 2016

La elegancia de Trondheim, y primera noche de acampada libre

Tras aprovechar la mañana visitando Røros, seguimos conduciendo hacia el que sería el punto más septentrional de nuestro viaje: Trondheim. Nos detuvimos en un área de descanso a pocos kilómetros de la ciudad para comer (y hacer uso de los impolutos baños de la gasolinera, apuntadlo), y charlamos durante unos minutos con un par de jóvenes españoles que estaban haciendo un road trip similar al nuestro.
No esperábamos mucho de esta ciudad, pero nos sorprendió lo tranquila y elegante que era, y el impecable día que hacía ayudó a que diéramos una vuelta muy agradable por la localidad. En primer lugar nos dirigimos a la oficina de turismo, un espacio muy amigable con WiFi gratuito, sofás... Y nos entregaron un mapa con algunas señales de lo que no nos podíamos perder. La catedral de Nidaros fue nuestro primer destino.

Parking en Trondheim
2 horas: 59 NOK 6,34 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)

Su nombre es catedral de Nidaros porque así se llamaba la ciudad en la Edad Media, y se trata de la segunda iglesia más grande de los países nórdicos. Se permite acceder a gran parte de la catedral de forma gratuita, y os lo recomiendo porque es un edificio gótico realmente bonito.



Seguimos las calles hacia el Este, hacia el casco viejo de la ciudad, y pronto nos encontramos con el "puente viejo", un pintoresco puente de madera (de madera como todo en esta zona de Trondheim) que atraviesa el río Nidelva y desde el que se puede contemplar el turístico bryggen de Trondheim, los edificios construidos casi sobre el agua. Antaño eran almacenes comerciales, pero hoy albergan viviendas o comercios. Nada más pasar el puente, a la izquierda, encontraréis Nedre Bakklandet, una bonita calle en la que se concentran muchos cafés, restaurantes y galerías de la ciudad.



Si seguís de frente veréis una empinada calle con un curioso aparato mecánico en el borde de su acera. Es un ascensor para ciclistas y es el único en el mundo. No tuvimos la oportunidad de ver cómo funcionaba, pero para eso está youtube. Puedes verlo pinchando aquí.

Nosotros no pudimos utilizarlo para subir la cuesta, así que lo hicimos a pie. La calle llega tras unos cinco minutos de ascensión al Fuerte de Kristiansten, construido en el siglo XVII y con excelentes vistas panorámicas de la ciudad. Con un día como el que tuvimos, disfrutar de aquellas vistas fue un placer.


Para regresar al centro descendimos de la colina por la vertiente que da al puerto y fuimos a parar al puente nuevo. Ya sólo nos quedó recorrer las sobrias y amplias calles del "downtown", atravesar la concurrida plaza central, un centro comercial y de vuelta al parking. No nos quedaríamos en los alrededores a dormir, así que decidimos agarrar la carretera y avanzar todo lo que pudiésemos antes de que llegara la hora de cenar.

Seguimos la carretera del Norte, dirección Ålesund, y pronto la civilización dejó paso a los bosques y a los valles desiertos. Era un paisaje realmente bonito, pero en medio de todo aquel panorama salvaje nos golpeó una realidad: nos quedábamos sin gasolina. No somos religiosos pero creo que rezábamos por que apareciera un simbolito de gasolinera en el GPS del coche. Cuando ya nos estábamos poniendo en lo peor... apareció. Era una destartalada gasolinera automática en medio de la nada, pero sirvió para que no nos quedáramos allí tirados. ¡Fiu!


En Valsøytunet llegamos a un camping construido en una isla por la que pasaba la carretera y vimos que a su lado, justo en la entrada, había un área de césped con mesas y cerca unos baños públicos. Alguien ya había colocado su tienda aquí. Nos pareció un poco descarado acampar pegados a la entrada de un camping, en un terreno aparentemente mejor que el del propio camping... Pero esto es Noruega amigos.


El entorno era espectacular y los baños estaban más limpios que los de un hotel, así que no lo dudamos mucho, allí pasaríamos esa noche.
Conocimos al dueño de aquella tienda, se llamaba Mantas y era un motero de Lituania recorriendo Europa desde Dublín hasta Cabo Norte. Conversando con él se encontraban Pavel y Patryk, padre e hijo polacos que viajaban (y vivían) a bordo de su Volkswagen familiar. El buen rollo fluyó y acabamos cenando todos juntos. Lo que no sabíamos en ese momento era que, mientras Mantas seguiría hacia el Norte, Pavel y Patryk tenían un itinerario similar al nuestro y acabaríamos compartiendo con ellos la mitad de nuestra travesía por Noruega.


Por si fuera poco, el reflejo del sol en las nubes y un arcoiris pusieron la guinda a un paisaje precioso cuando ya eran casi las 12 de la noche.




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septiembre 13, 2016

Røros, Patrimonio de la Humanidad con razón

Comenzaba el que sería un largo (en el buen sentido) y productivo día en Noruega. Tras desayunar y desmontar la tienda reanudamos nuestro camino y en pocos minutos llegamos a la localidad de Røros, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta pequeña ciudad es especialmente conocida por sus minas de cobre, de las cuales aún se conserva su infraestructura y el barrio donde vivían los trabajadores.

Dejamos el coche en un parking de pago (cómo no...) y nos adentramos en la localidad, parando primero en la oficina de turismo para saber qué podíamos visitar en el pueblo. Avanzamos a través de la bonita calle principal, que sube hacia la iglesia, y entramos en alguno de sus comercios. Nos encantó un taller de cerámica a cargo de una simpática mujer que tenía repartidas sus creaciones, con reminiscencias a Gaudí, por dos coquetos pisos y un agradable patio.

Parking en Røros
1 hora: 20 NOK 2,15 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)



Fuera, una niña amenizaba el tránsito callejero con una medianamente acertada melodía de violín a cambio de unas monedas. Supongo que el dinero no le hacía ninguna falta, pero seguro que fue idea de sus padres que, ya que tenía que practicar, lo hiciera en la calle para despertar la simpatía de los transeúntes.



Tras llegar a la iglesia bajamos hacia las minas y encontramos el rincón más encantador de Røros. Unas casas pequeñitas de madera y tejados de hierba separaban las calles modernas de las montañas de piedras extraídas en el período minero. ¡Precioso!




Está permitido subir a estas colinas y queda totalmente recomendado, ya que constituyen un bonito mirador de la localidad.


Atravesamos un puente de madera que nos hizo creer que estábamos en algún lugar del lejano Oeste, y aparecimos a la altura de la iglesia, cuya entrada era de pago pero pudimos contemplar desde su rellano.



El tiempo de parking que habíamos pagado se agotaba, así que no nos quisimos distraer mucho más y nos dirigimos hacia el coche, no sin antes probar el embutido de alce que nos ofrecían en un puesto callejero. Recordad mostrar interés por estos mercados al aire libre y os ofrecerán pequeñas muestras de sus productos.
Nos vamos a Trondheim, el punto más al Norte de nuestro viaje.

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septiembre 10, 2016

Tesoros paisajísticos de camino a Røros

Tras haber visitado Lillehammer, seguimos nuestro road trip hacia el Norte. Primero, nos detuvimos a conocer la iglesia de madera de Ringebu, a unos 50 km al norte de Lillehammer. No es de las iglesias más bonitas del país, pero si pasáis por aquí merece la pena que os detengáis a verla. Hay que pagar por visitar su interior, pero al recinto que la rodea se accede gratis (y así en casi todas las stavkirke). Con eso nos bastó.

Entrada a la iglesia de Ringebu (adulto/niño): 50/30 NOK 5,3/3,2 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)


Justo en Ringebu nuestro camino se desviaba por una empinada carretera secundaria que subía hacia el Noreste. El paisaje que encontramos aquí arriba nos enamoró. El bosque de coníferas dejó paso a una planicie similar a la tundra, y los últimos rastros de civilización se dejaron ver en forma de casitas adorables con el tejado de hierba. La carretera, totalmente solitaria, nos animó a detenernos allí donde quisiéramos, y por momentos parecíamos los únicos humanos de la Tierra.



Las cumbres que asomaban por el Oeste, 100 km más allá, eran las del Parque Nacional de Jotunheimen, que visitaríamos más tarde en el viaje.


Según avanzaba la sinuosa -y preciosa- carretera la vegetación fue menguando, y el paisaje se tornó más rocoso, más alpino, salpicado por algunos lagos. Este tramo natural es cercano al Parque Nacional de Rondane y, aunque era un simple trayecto de camino a Røros, se convirtió en un lugar singular que nos encantó contemplar, uno de los tantos y tan variados paisajes de Noruega.


Como decía, nuestras paradas eran numerosas, y en una de ellas incluso se nos antojó un pequeño paseo hasta una humilde cima cercana a la carretera, desde la que se podía disfrutar de una preciosa panorámica del lugar.


La naturaleza sólo era interrumpida por nuestra presencia, la cortante silueta de la carretera, y algún otro viajero como nosotros a bordo de su autocaravana o acampado en alguna esquina del camino. El único sonido, el del viento.


Poco después la carretera comenzó a descender, regresaron los frondosos bosques de pinos y nos envolvió un paisaje que todos reconocemos como el de Canadá o algún parque nacional de EEUU. Tras llegar a Atna, giramos hacia el Norte y avanzamos a través de un precioso barranco repleto de verde, bordeando el dibujo que iba haciendo el río. La luz se iba debilitando, y aquel día no nos merecía la pena llegar hasta Røros, así que comenzamos a buscar un camping o un lugar de acampada que nos llamara la atención.

A la altura de Tolga, a unos 30 km de Røros, encontramos el Kvennan Camping, con sus tiendas, autocaravanas y cabañas prácticamente sobre la orilla del río Glomma. El precio nos pareció más que decente, así que nos quedamos allí. El lugar era muy bonito y tranquilo, la cocina/baños estaban impecables, y muchos de los huéspedes se equipaban con sus trajes impermeables para adentrarse en el río y pescar truchas. Al parecer es uno de los mejores lugares de Europa para esta práctica, y las reglas de conservación son muy estrictas, siendo obligatoria la liberación de las truchas y otras especies.

Kvennan Camping
1 tienda, 2 personas: 150 NOK 16,1 €

Cambio: 9,3 NOK = 1€ (aprox.)


*Wifi incluido
*5 minutos de ducha caliente: 10 NOK




Suficientes cosas chulas por hoy. Mañana nos tocaba maravillarnos con Røros.

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